Meter Costco con un calzador ilegal

El modelo, importado de nuestro gran amigo americano, supuso vincular el consumo con el coche y el empleo de grandes bloques de tiempo en hacer la compra.

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Carlos Vidania
Carlos Vidania
Foriato y militante de Ecoloxistes n´Aición d´Asturies.

Apostar por un modelos de concentración comercial en grandes superficies fue un tópico del siglo pasado que condujo a la creación de un público cautivo que, a la vez que destruía el comercio de proximidad, convertía grandes empresas en oligopolios que deciden sobre nuestro consumo… y sobre el precios de las cosas, a cambio de trabajo dependiente de ínfima calidad y beneficios económicos gigantescos para las grandes empresas de distribución.

El modelo, importado de nuestro gran amigo americano, supuso además vincular el consumo con el uso del coche y el empleo de grandes bloques de tiempo particular para hacer la compra…, que de paso se veía incrementada por la incitación a los gastos superfluos y se convertía en una forma triste de ocio. Parece una distopía irracional, pero este modelo ya se presenta como el modelo único y el preferible, aunque nada demuestre que lo sea, ni las formas de vida ni la eficiencia económica. ¿Es que la escalada de precios y la carestía de la vida no tienen que ver con ese modelo de dependencia de las grandes superficies?

¿Quiere Asturies pronunciarse a favor de otro régimen de consumo, que favorezca la distribución de cercanía, la producción local, la compra al paso (la que puedes hacer en cinco o quince minutinos cuando sales de casa… si hay tiendas) y el ahorro de energía y residuos? Pues parece que no, que el Principado sigue empeñado en favorecer a los grandes capitales del mundo (invisibles o con conocidos nombres funestos, como el Señor de Mercadona) en vez de regular para el interés social los productos de primera necesidad y los trabajos que los hacen posibles. Y lo hace tomando medidas a la carta: una multinacional manda y el Gobierno acata. Es lo que está ocurriendo con Costco, la que nos faltaba, la simpática gran superficie que conocemos de las pelis de Hollywood: la fracción dominante del Gobierno regional forzando la ley para favorecer un interés bastardo que siempre, siempre, se disfraza de inversión y empleo. Dueños y lacayos en el mismo bando. Como todo está tan bien, para qué cambiar, ¿no? Se les va a romper el cuello de tanto doblarlo.

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