Sierópolis: un problema llamado “Cepi”

El alcalde es un político de nuestro tiempo, tan líquido como el alcohol que corre por la Ruta de Santa Isabel en Lugones.

Recomendados

Xuan Cándano
Xuan Cándano
San Esteban de Bocamar (1959). Periodista. Redactor en RTVE-Asturias. Fundador y exdirector de Atlántica XXII. Es autor de "No hay país".

Hay personas que parecen llevar en la frente un cartel que dice “problemas”. Hace tiempo una buena amiga me lo dijo de alguien que había compartido una reunión con ambos. Resultó ser una verdadera visionaria: lo sigo comprobando y padeciendo, tantos años después. Hay otra gente aún menos recomendable porque con ellos llega el peligro, también marcado en su cara o en sus palabras en cuanto abren la boca. El alcalde de Siero, Ángel García, del PSOE, conocido por Cepi, conjuga las dos características, es problemático y peligroso. A la Federación Socialista Asturiana no hace falta que se lo adviertan: ya lo está padeciendo. Pero opta por plegarse a Cepi, la peor de las opciones cuando te echan un pulso en política.

Cepi es un político de nuestro tiempo, tan líquido como el alcohol que corre por la Ruta de Santa Isabel en Lugones, donde vive. Se trata de un recorrido etílico, de bar en bar, de los jóvenes de la localidad y los visitantes en las fiestas locales de agosto, criticado por el PP, que lo denomina la Ruta Alcohólica. Un joven Cepi fue durante muchos años presidente de la Sociedad de Festejos Santa Isabel, organizadora de este macrobotellón y ahí empezó su exitosa carrera en la vida pública, que le llevaría a la alcaldía de su concejo.

Entró en política en 2007 de la mano del socialista Juan José Corrales, que estrellaría la alcaldía de madrugada con su coche contra una rotonda en otra fiesta popular en la que también corre el alcohol, pero en La Pola, la capital, en la noche de Les Comadres. Cepi fue concejal de varias áreas antes de acceder a la alcaldía, apoyado por Foro Asturias.

Cuando se conoció su patrimonio, en 2017, estalló la sorpresa y un cierto escándalo en la política local. Cepi estaba en excedencia de su empleo de oficial de primera administrativo en CLAS y entre propiedades y capital acumulaba un patrimonio de 450.000 euros. Se había incrementado en 200.000 euros en solo un año. El alcalde lo atribuía a sus inversiones inmobiliarias y en bolsa, además de a su austeridad. Llegó a aludir al túper con la comida que preparaba su madre y se llevaba al curro. También citó donaciones familiares. Figuraba en dos empresas. Ante la polémica suscitada intervino la Comisión de Garantías de la FSA, pero se dieron por válidas sus explicaciones.

Ángel García. Foto: Pablo Lorenzana
Ángel García “Cepi”, alcalde de Siero. Foto: Pablo Lorenzana.

Nunca más se volvió a hablar de sus dineros, pero mucho de sus polémicas y sus iniciativas. Su carrera política, sin moverse del sillón municipal, fue creciendo a la vez que Siero, favorecido por su ubicación en el centro de Asturias y sus buenas comunicaciones. Un proceso que ya había comenzado con sus antecesores, hasta convertirlo en el cuarto concejo de la autonomía por población.

El propio Cepi se fue creciendo también personalmente, hasta desatarse abiertamente y convertirse en un peso pesado del municipalismo asturiano y un pesado lastre para su partido, impulsado por su popularidad en Siero, donde conquistó la mayoría absoluta, una rareza en la política actual.

De bronca en bronca

De carácter impetuoso y narcisista, Cepi es el mejor representante del populismo en Asturias. Aunque parezca paradójico, resulta bastante natural que el populismo triunfe en Asturias por la izquierda, dada su histórica hegemonía en la autonomía. Pero, con carné socialista, el alcalde de Siero es en realidad un conservador, un neoliberal vinculado a los empresarios y radicalmente enemigo de ordenamientos, regulaciones y controles del Estado. Su última gran apuesta municipal, que lo enfrenta al resto de la izquierda y lo acerca a Vox, es la privatización del servicio del agua. Es un político del que gente cercana decía que pintaba más en Ciudadanos que en el PSOE, cuando el partido de Albert Rivera estaba en auge.

Incluso, sin atisbo alguno de exageración, se puede ver en Cepi a la avanzadilla del trumpismo en Asturias, una imagen que él mismo cultiva cuando luce una gorra del MAGA, el movimiento que llevó a la Casa Blanca a Donald Trump. Así ha aparecido alguna vez en los medios, donde su presencia es continua, diaria, obsesiva. Cepi visitando la obra de una caleya en un pueblo y posando con los paisanos, con las ancianas en un asilo, departiendo con los chavales de una formación deportiva de base, con las mujeres que organizan el Maratón de Crochet sujetando una manta…Sale todos los días en los dos periódicos asturianos, con cara sonriente y barba de varios días bien cuidada, a veces en varias informaciones. Debe pensar como otro alcalde fotogénico que parecía insuperable, el ovetense Antonio Masip, que preguntado en una ocasión por su profusión de apariciones en medios tiró de la ironía carbayona: “Con tal de no salir dos veces en la misma foto…”

Christoph Steck, Adrián Barbón y Ángel García “Cepi”.

Polemista irreductible y agresivo en sus respuestas a enemigos y contrincantes, el alcalde de Siero también sale a menudo en los medios por broncas y trifulcas. En 2020 agredió a un vecino en las escaleras de su piso, según el denunciante, que sostenía que previamente le amenazó verbalmente: “Te voy a matar, te voy a arrancar la cabeza, hijo de puta”. Un Juzgado lo condenó al pago de 489 euros por un delito de lesiones. Con un amplio sector de los policías locales no llegó a las manos, pero el historial de enfrentamientos, con insultos, descalificaciones y sanciones, parece interminable. Con la oposición municipal, a derecha y a izquierda, también se las trae tiesas. Con IU, al igual que con CCOO, hay incompatibilidad total y clama con la derecha y la extrema derecha por su salida del gobierno asturiano.

Su última bronca pública fue con el Rector de la Universidad, Ignacio Villaverde, que clausuró un Centro de Inteligencia Artificial abierto con el Ayuntamiento de Siero en Lugones culpando al alcalde del fracaso de la iniciativa, que continuará en otra ubicación. Cepi estudió Empresariales y acabó la carrera ya talludito, próximo a su cincuenta cumpleaños. Pero desde su profesión de político descalifica al Rector, lo llama incompetente, cuestiona a la Universidad pública y se ofrece a las privadas para que compitan con ella en Siero, donde les pondrá “alfombra roja y luces de colores”.

Las afinidades de Cepi están a la derecha y en el sector empresarial

Las afinidades de Cepi están a la derecha y en el sector empresarial. Tiene muy buena relación con los empresarios, con alguno muy estrecha, como es el caso del expresidente de FADE, Belarmino Feito, un hombre del PP. Sus vínculos con la Cámara de Comercio de Oviedo son conocidos y a la colaboración entre ambos se debe la llegada a Siero de Amazon, una operación en la que también fue básico el papel del actual presidente de la Xunta Xeneral, Juan Cofiño.

El trumpismo asturiano

Nadie en su sano juicio critica al alcalde de Siero por colaborar con los empresarios y atraer inversiones a su concejo. Al contrario, eso suma en la valoración de cualquier responsable político, como es obvio. El problema de Cepi es que se ha convertido en un vendaval imparable, como los que azotan este invierno a toda la Península. Un político desatado sin más reglas ni estrategias que las que marca su propia ambición desmesurada, como sus proyectos. Es un populista cegado de poder que está convirtiendo a su concejo en Sierópolis, la avanzadilla del ideario trumpista en Asturias.

A Cepi solo le falta la estrella en el chaleco, el caballo con sus espuelas para galopar por su territorio y un rancho en Muñó o en La Collá para parecer el sheriff del condano sierense. Con esa cultura hegemónica que llega del otro lado del Atlántico este alcalde asturiano lo comparte todo, hasta el infantilismo que se nos cuela en películas, series y las chorradas de Internet. Ha llenado las rotondas de Siero de gigantescos pitufos que dan la bienvenida al visitante como si llegara a Kansas City.

Angel García “Cepi”, alcalde de Siero.

Pero lo inquietante no está en el escaparate de la factoría Cepi, una especie de experimento político en la Asturias que disfruta aún del Estado del Bienestar en retroceso surgido del pacto social entre el capital y la izquierda en la posguerra europea. Lo preocupante está al cruzar el umbral de la puerta, en los grandes pasillos y estanterías, como los de Costco, el gigante estadounidense que han colado a calzador en el polígono de Bobes, con una ley a la carta para las multinacionales, entre el alcalde y el gobierno asturiano que se plegó a su chantaje. Bastó la amenaza de Cepi de formar un partido para competir con el PSOE para que los socialistas se apresuraran a aprobar el controvertido proyecto, con la oposición de IU.

Ahí, en el fondo, está lo discutible, el gran debate sobre el tipo de sociedad, de desarrollo y progreso que se precisa ahora en un lugar como Asturias. La primera falacia a desmontar sobre el modelo desarrollista de Cepi, puro continuismo del que se impuso con los tecnócratas durante el franquismo, es la del mito del empleo. La necesidad de crear puestos de trabajo es el único argumentario que se suele emplear para justificar inversiones como la de Costco. Tampoco nadie en su sano juicio se puede negar a la creación de empresas, cuantas más y más innovadoras mejor. Pero no son menos importantes sus condiciones laborales y sobre todo su adaptación a los cambios en las sociedades modernas.

En lugares como Asturias el problema ya no es el desempleo, que se ha convertido en estructural. El problema a solucionar son los bajos salarios y la falta de trabajadores en muchos sectores laborales, donde la ausencia de relevo generacional ya es más que una amenaza. La situación sería mucho peor si no fuera por los inmigrantes, que ocupan los puestos de trabajo que rechazan hace tiempo los ciudadanos españoles. La evolución del mercado laboral da una pista de por donde va la nueva economía y cuales deberían ser las recetas para un nuevo pacto social: no se trata de crecer, sino de repartir y reducir así la desigualdad.

El delirio de Cepi en sus dominios de Sierópolis avanza por el camino contrario, a galope de su caballo desbocado. ¿Necesita Asturias una tiendona americana gigantesca, en una parcela de 54.586 metros cuadrados, con sus tiendas, restaurantes, macroaparcamiento y gasolineras, donde reside gran parte del negocio de Costco? ¿Representa eso avance económico y social, por muy bienvenidos que sean los 170 empleos prometidos en principio? Es muy dudoso. De lo que no hay duda es del avance del modelo de vida americano que supondrá, ese que adora Cepi, el de la desigualdad y la ausencia de servicios públicos, con el coche como fetiche quemando gasolina sin control. Es un modelo que en Costco llaman warehouse club, con el cliente pagando una cuota por una tarjeta, desplazándose en su vehículo hasta el gran aparcamiento y pasando el día en familia en los locales de ocio de la tiendona.

Como en Colorado o Arkansas. Pero en Sierópolis, en el polígono de Bobes, donde las familias consumidoras con sus carritos compartirán ese espacio cuando vayan a Costco con Amazon o las universidades privadas que quiere llevar Cepi. Solo faltan los campus a la americana en centros de pago para completar el sueño del moderno capitalismo.

Costco

Qué maravilloso y riguroso planeamiento urbanístico. Una tiendona sideral en la que se pueden comprar hasta lingotes de oro a 40.000 euros la pieza de 500 gramos, el gran almacén de Amazon, icono del capitalismo yanki y de la droga del consumismo compulsivo, universidades para niños pijos con dinero para comprar títulos, un parque de atracciones con sus pitufos….en un polígono industrial. Solo falta una fábrica de armas para completar el paisaje distópico en lo que iba a ser el corazón de la Ciudad Astur, un proyecto frustrado por el localismo. El modelo de vida europeo, el que tanto odia el inquilino de la Casa Blanca, naufraga en Asturias cuando el viejo continente se conjura para poner freno a la barbarie del trumpismo.

Se reconoce y se alaba la conservación de la costa asturiana, uno de los grandes logros de los gobiernos de Pedro de Silva, pero se recuerda menos el legado en política territorial y urbanismo de su consejero Arturo Gutiérrez de Terán, responsable de ambos éxitos. Aquel diseño, ordenado, equilibrado y sensato, está saltando por los aires con el vendaval de Cepi en Sierópolis, el centro del centro de Asturias, esencial nudo de comunicaciones.

En un reciente artículo en NORTES, el géografo de la Universidad de Oviedo Ícaro Obeso lamentaba la “ordenación a la medida” en Siero y alertaba de sus consecuencias:

“Costco no encaja, ya que promueve un desarrollo fragmentado, dependiente del automóvil privado y consume suelo inicialmente destinado a usos sociales. Un modelo territorial insostenible que conlleva un incremento de gastos para las administraciones públicas (…) ¿Para qué hacer planes de ordenación urbana? ¿Para qué las directrices? Si todo va a depender de la fuerza o el poder de cada momento, podemos dejar de disimular y dejar que el territorio se construya a merced de la coyuntura de cada momento”

La FSA tiene un problema con Cepi. El de Asturias es más grave. Deberían poner a la entrada del concejo de Siero, pegado a los pitufos, un cartel bien grande que advirtiera del peligro.

Actualidad

spot_img