La búsqueda del campanu se está convirtiendo en un termómetro del estado real del salmón atlántico en Asturies. Tras siete días hábiles de pesca desde la apertura de la temporada el 18 de abril, el primer salmón de 2026 sigue sin aparecer. Eso convierte ya a este campanu en el más tardío del que se tiene registro, superando el récord de 2025, cuando hubo que esperar cuatro jornadas hábiles para su captura.
Durante décadas, el campanu solía capturarse el mismo día de la apertura, a veces incluso en las primeras horas. A principios del siglo XXI, en 2001, todavía se pescaban casi 3.000 ejemplares. Hoy, esa imagen parece casi un recuerdo de otra época. En 2025 se pescaron 127 salmones en toda Asturies, un mínimo histórico, frente a los miles que se pescaban anualmente en la segunda mitad del siglo XX.
El Principado ha reducido el cupo total para 2026 a 154 salmones, un 75 % menos que en 2025. Además, cada pescador solo podrá sacrificar un ejemplar por temporada, se han acortado las jornadas de pesca y se han ampliado las zonas vedadas para favorecer la reproducción.
Detrás de estas medidas hay una realidad preocupante: el recuento previo a la campaña detectó solo 472 reproductores en los ríos asturianos, muy lejos de las cifras que hace no tanto superaban los 2.000. No es extraño, por tanto, que organizaciones ecologistas reclamen incluso una veda total de una especie cuya decadencia podría ser irreversible.
La asociación Saxífraga, en representación de la Red de Representación Ambiental d’Asturies, ha solicitado al Gobierno central que el salmón atlántico (Salmo salar) sea incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas en la categoría de “En Peligro de Extinción”.
Para los científicos que estudian la especie, esta situación se debe a una combinación de factores: la sobrepesca histórica, la degradación de los ríos, la presencia de especies invasoras, las repoblaciones artificiales sin base científica y los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas fluviales.



























