“Ante la previsión de una condiciones laborales infames crece la fantasía de vivir de la especulación”

Ástor García publica el ensayo "Lo que somos. Notas sobre clase, trabajo y mayoría social en tiempos de confusión".

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“¿Tiene sentido hablar de proletariado en el siglo XXI? ¿Cómo es posible que la burguesía siga manteniendo su dominio a pesar de las crisis cíclicas de su modo de producción? ¿Qué implicaciones tienen fenómenos contemporáneos como la digitalización, la flexibilidad laboral o la completa internacionalización de la economía? ¿Cuándo se perdió la convicción de que era posible alcanzar una sociedad distinta a la capitalista?” Estas son algunas de las preguntas que trata de responderse Ástor García (Oviedo/Uviéu, 1978) en el ensayo “Lo que somos. Notas sobre clase, trabajo y mayoría social en tiempos de confusión” (Tinta Roja, 2026).

Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo/Uviéu y profesor de formación y orientación laboral en un centro de Formación Profesional, es militante comunista desde su juventud y en la actualidad secretario del Partido Comunista de los Trabajadores de España. Este domingo se presenta su primer ensayo político a las 12:30h en la librería ovetense Matadero Uno.

¿Tenemos la clase trabajadora más heterogénea de nuestra historia?

Posiblemente. Es difícil afirmarlo, pero está claro que tenemos un montón de situaciones diferentes, y que eso dificulta ver los elementos en común como clase. En el libro afirmo algo bastante clásico, que la clave sigue estando en la relación con los medios de producción y en el carácter asalariado del trabajo, y no tanto en los ingresos, la posición en la empresa o el nivel de estudios.

Portada del libro.

¿Un ejecutivo de una empresa es parte de la clase trabajadora?

En las empresas están los que producen y los que encargan de garantizar los objetivos de la propiedad, que suelen identificarse más con el dueño que con sus compañeros de escalafón más bajo. Sin embargo, más allá de esta subjetividad, objetivamente no son dueños de los medios de producción, y cuando se produce un procesao de reestructuración les pueden despedir, igual que a los demás, y entonces descubren que no son propietarios de nada. La posición que defendemos en el libro es que si no eres el dueño, entonces objetivamente estás con nosotros, y tienen que organizarte con el resto de la clase.

Sin embargo en las fábricas suele haber un abismo enorme entre el nivel de sindicalización de obreros e ingenieros, incluso a veces cuando no hay grandes diferencias salariales entre los trabajadores más cualificados y los trabajadores de cuello blanco

La sindicalización que tenemos hoy día viene de hace décadas, cuando la conciencia de clase era mucho más fuerte entre los trabajadores manuales que entre los de cuello blanco, que suelen tender a negociar sus condiciones de manera individual o a través de sindicatos gremiales. Eso puede estar cambiando con la revolución tecnológica, que produce una proletarización de los trabajadores más formados. Por eso estamos empezando a ver sindicalización y conflictos en empresas tecnológicas

Un fenómeno interesante es la persistencia del sindicalismo de clase entre el profesorado. Los sindicatos de clase siguen siendo los que lideran el ciclo de huelgas educativas que empezó en Asturies y ha seguido en Catalunya, País Valenciá y ahora Madrid

Está en riesgo porque hay una tendencia fortísima a la corporativización, a que cada sector educativo se busque las castañas, pero es cierto que todavía hay una resistencia grande de las organizaciones de clase. En parte porque son mucho más combativas que los sindicatos corporativos, también porque incorporan a otros trabajadores de la educación que no son profesores y profesoras, y seguramente porque es un sector con más conciencia política y tendencia que otros a pensar los problemas globalmente.

“La IA es un fenómeno equivalente a la máquina de vapor”

¿Qué va a pasar con los trabajadores intelecuales y el desarrollo de la Inteligencia Artificial?

La IA es un fenómeno equivalente a la máquina de vapor. Todo avance genera trabajadores excedentes al principio, pero luego se recolocan en otros sectores de la producción. Surgen necesidades nuevas, nuevos sectores que ahora no imaginamos… La máquina de vapor destruyó el trabajo de los hilanderos, pero luego generó fábricas, transportes y nuevas necesidades de mano de obra. Creo que con la IA va a pasar algo parecido. Va a destruir unos empleos, pero va a generar otros, no solo en el control, diseño y seguimiento de la propia IA, que siempre va a depender de humanos, sino también en nuevos sectores que ahora no imaginamos.

¿Toca un impuesto a la IA para financiar los costes sociales de este proceso?

Toca hablar de reducción de la jornada laboral, y sobre todo pensar qué limites le ponemos a la IA y reflexionar sobre para qué la vamos a usar. ¿Para satisfacer necesidades sociales o para seguir fomentando la acumulación de una minoría?

El trabajo más difícil de automatizar está ahora en los servicios menos cualificados: limpieza, cuidados, hostelería, transporte…

Sí, son sectores muy feminizados y con muchos trabajadores inmigrantes, en los que por ahora resulta muy complicada la tecnificación. Son trabajos necesarios, que está abandonando la población autóctona, porque aspira a mejore condiciones y empleos . El gran riesgo es el racismo que está alimentando la misma burguesía que demanda a estos trabajadores y trabajadoras extranjeros.

¿Cómo puede combatir el movimiento obrero esas tendencias racistas?

Incidiendo en los elementos de unión y dejando a un lado las cuestiones secundarias que puedan llevar a una división. Está claro que hay sectores de la clase trabajadora sensibles al discurso racista, y que la burguesía va a poner todo su empeño en fomentar esa división.

¿Qué política toca con los trabajadores autónomos?

Hay autónomos que trabajan solos y otros que explotan trabajo asalariado. Estos segundos generalmente tienen más claros sus intereses como burgueses, considerando que comparten intereses con los grandes empresarios, que entienden que su problema son los sindicatos o los impuestos. Generalmente el problema del pequeño empresario es sobre todo la competencia con otros capitalistas más fuertes, pero muchas veces estos no lo perciben así.

Tenemos también a una parte de las clases populares fantaseando con convertirse en rentistas o millonarios gracias a las criptomonedas

Es la vieja fantasía del cortador de cupón. Hay un sector de la población, sobre todo jóvenes, en el que ante la previsión de unas condiciones laborales infames, crece la fantasía de vivir de a la especulación metiendo ahí el pequeño capital que pueda tener. Parece que ante un horizonte de incertidumbre, de no tener una casa, de no tener un trabajo bueno, o de tenerlo pero no ser suficiente para vivir con una cierta comodidad, porque todo se ha vuelto muy caro, empezando por la vivienda, aparecen estas fantasías especulativas que muchas veces han acabado con la gente arruinada. Creo que lo que tendríamos que hacer es darle la vuelta en un sentido socialista. Porque la aspiración a trabajar menos, a tener más tiempo libre, a que el trabajo no sea el centro de la vidsa, es una aspiración muy legítima. Lo que deberíamos estar haciendo es hablando de recuperar poder adquisitivo, de subidas salariales por encima de la inflanción, y de planificación económica. En lugar de planificar para que unos se hagan ricos, deberíamos planificar para que la población satisfaga sus necesidades.

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