“Si hay una figura que es plural es el diablo”

La investigadora gijonesa María Pandiello publica con La Felguera “Apocalipsis. Revelaciones, miedos y futuros posibles”.

Recomendados

Raquel Presumido
Raquel Presumido
Es profesora y escritora.

El nuevo libro de María Pandiello (Donostia, 1981) “Apocalipsis. Revelaciones, miedos y futuros posibles” publicado en la editorial La Felguera es un completo ensayo sobre la obsesión histórica de los humanos por repensar el fin de los tiempos ante un momento de crisis. María Pandiello, donostiarra de nacimiento y gijonesa de adopción, es licenciada en Filología Románica y doctora en Historia del Arte. Su campo de estudio son los manuscritos y libros impresos en los siglo XV y XVI. A través de ellos estudia las corrientes ideológicas y artísticas en las cortes europeas. También en La Felguera tiene publicado el libro “Visiones de Fuego. Historia ilustrada de la Alquimia”. Actualmente está preparando una exposición sobre libros de oración manuscritos en el Rijksmuseum Meermanno de La Haya.

En “Apocalipsis” analizas el imaginario colectivo del fin de los tiempos a lo largo de la Historia para trazar paralelismos entre el pasado y el presente. Haces un estudio histórico, sociológico, político y teológico exhaustivo pero divulgativo, acompañado de un tesoro gráfico de imágenes y grabados. ¿En qué momento decides hacer un estudio sobre la obsesión humana que es fantasear con nuestro fin?

En principio no tenía pensado hacer un libro sobre este tema. Mi idea inicial era hacer un libro sobre la iconografía del apocalipsis. Era un proyecto gráfico. Pero a medida que empecé a escribir el libro comencé a ver conexiones con el presente y cómo se utilizaba en términos muy colapsistas, para extender el miedo. Producir ansiedad para controlar a la población en cierto modo. Ahí empecé a reformular el libro y a hacer esas conexiones entre el presente y el pasado.

Para explicar esta obsesión recurrente en nuestra Historia, el augurio de nuestra extinción, analizas El Apocalipsis de Juan, el último libro de la Biblia. Haces una disección pormenorizada y magnífica de ello y destacas algo importante para entender cómo funcionan los relatos apocalípticos. Dices que el texto de Juan necesita de la imaginación del lector, oyente en aquella época. Es así, ante todo, un texto persuasivo, casi publicitario.

Una de las cosas que encuentro particularmente interesantes en la revelación de San Juan es que apela mucho a una acción inmediata en el momento. Y a la imaginación. Y una de las partes que más me interesa no tanto de la revelación sino de cómo se interpretó la revelación, es cuando luego se empezó a especular cómo sería la resurrección de los cuerpos. ¿Los hombres serían hombres de nuevo? ¿Serían mujeres? ¿Serían seres asexuados? Es decir, la revelación ofrece ese umbral de imaginación postapocalíptica.

¿Cuál sería la razón por la cual los seres humanos somos tan catastrofistas en ciertos momentos históricos?

Bueno, yo creo que la catástrofe es una fantasía. Es la necesidad de imaginar un futuro mejor. Es necesario llegar a un punto de catástrofe. Es decir, algo se tiene que destruir para generar algo diferente. Además, el Apocalipsis es una narrativa reconocible que nos puede ayudar a sostenernos en un momento crítico. Por otro lado, también creo que el catastrofismo se utiliza mucho para extender el miedo y manipular. Se usa como vía de control.

María Pandiello en Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez

Tú dices que cuando renarramos una profecía como el apocalipsis en tiempos de crisis estamos manejando nuestra angustia ante lo desconocido a través de una narrativa que sí nos es conocida.

Absolutamente. De hecho, En el Imperio Romano hay una correlación entre el número de profecías que se hacía ciertos años y las crisis políticas que se daban paralelamente. Cuanta más crisis, más profecías. Es la forma de un colectivo de gestionar esa precariedad, esa existencia que está un poco en el abismo. La profecía viene a crear ese bálsamo. La noción de que podemos tener un poder sobre el futuro en cierto modo.

Citas a la autora Dona Haraway, quien huye de la palabra “apocalipsis” y utiliza el término “tiempos de urgencia”.

Sí, de hecho Dona Haraway tiene bastante rechazo hacia la palabra “apocalipsis” por sus connotaciones cristianas, pero yo creo que ella de lo que habla es de un apocalipsis laico. No lo dice explícitamente pero entendiendo un poco su pensamiento me puedo imaginar que lo que le desagrada también es que el apocalipsis sea siempre una narrativa muy centrada en los seres humanos. Yo creo que a ella lo que no le gusta es ese antropocentrismo. En el sentido de que todo esto se acaba por nosotros, para nosotros, para redimirnos a nosotros…

Claro. Cuando en realidad podríamos pensar que lo mejor para el planeta sería que desapareciésemos nosotros y que siguiera su curso la vida natural.

Como Mary Shelley propone en la novela El último hombre, ¿no? Ahora que lo pienso sería muy interesante una conversación entre ellas dos. En el fondo están muy cercanas. De hecho, hay un punto en la novela de Shelley donde hay una epidemia pero también un conflicto bélico bastante intenso. Y el personaje protagonista está mirando de lejos a la gente matarse en un campo de batalla y siente vergüenza y asco por pertenecer a la raza humana. Me parece una visión que Dona Haraway podría compartir también perfectamente. Creo que ellas dos se llevarían bien.

“La imprenta diversificó la narrativa del catolicismo”

Tu campo de estudios es el siglo XV. ¿Qué paralelismos encuentras entre las visiones apocalípticas que se dieron en aquel siglo y las que se dan en el nuestro?

Concretamente el siglo XV es el periodo post peste negra. La realidad de la muerte está muy cercana. Aunque el brote mayor fue en el siglo XIV, en este siglo siguió habiendo olas. Además, no solo era una cuestión de cantidad de muertos, sino de cualidad de muertos. Porque los cuerpos se deformaban y era muy asqueroso. Sumado a esto se dio el cisma de Occidente, donde diferentes Papas se enfrentaron entre ellos y hubo un descrédito creciente en la narrativa única del catolicismo. Entonces empieza a haber muchas herejías, unas más poderosas que otras. Movimientos como los flagelantes o movimientos que no eran herejías que eran movimientos espontáneos de desobediencia religiosa. Entonces cuanto más empiezan a crecer, la Iglesia más se empieza a asustar y a apretar. Aparece la Inquisición como medio de control social. Y, al mismo tiempo, por si esto no fuera suficiente empieza a usarse la imprenta. Y la imprenta lo que hace es diversificar la narrativa del catolicismo más unificada y la pluralidad entra en los discursos. Cualquier persona que tuviese acceso a una imprenta, como Durero con el Apocalipsis, podía diversificar ese discurso que antes era único. Entonces en cierto modo esto sí que crea una sensación de que toda la uniformidad narrativa a la que estaban acostumbrados se fragmenta y, claro que la gente empieza a sentir un miedo y una sensación de que las cosas ya no son como antes. En el libro recojo algunas citas que explicitan esa sensación de que el mundo se estaba terminando.

Todo esto nos suena, ¿no? Una pandemia, una crisis de fe, una tecnología que cambia por completo la realidad tal y como la conocemos… Y, como siempre, para poder comprender la realidad que se quiebra, aparece la ficción. En el libro entre las múltiples referencias artísticas que incluyes para apoyar tu estudio está la de la novela “El último hombre” de Mary Shelley, donde el último hombre sobre la Tierra en el año 2100 espera la muerte abrazado a las ruinas culturales de la humanidad, mientras observa el fin de ésta pero no de la naturaleza.

Mary Shelley era una visionaria. Es obvio, pero es bastante innegable. Y no solo por Frankenstein, sino por esta novela. Hace cosas bastante punkis. Por ejemplo, rescatar el legado femenino apocalíptico de las sibilas. Y no es casualidad, había una cierta intención en el libro. Hay un apocalipsis que dialoga muy bien con Dona Haraway puesto que dice “Los hombres se están muriendo y la naturaleza está totalmente ajena a ello”. Al final es un apocalipsis humano, de la raza humana. Me parece muy visionario. Renarra el apocalipsis pero no hay esas grandes explosiones, no hay nada cósmico. Solo desaparecen los humanos, pero los pajaritos siguen cantando tan tranquilos. Y luego ella propone las ruinas culturales como sostén para transitar ese momento de crisis y de apocalipsis.

Otra de las ideas en las que profundizas en el libro es la de la fijación por construir un enemigo único por parte de las ideologías totalitarias. Y ahí está la figura del diablo y de lo diabólico. Tú en este libro haces una defensa del diablo, ¿verdad?

La defensa del diablo viene porque hay una frase bastante graciosa e irónica de un historiador que decía que en ese momento de crisis de la Iglesia donde empezaba a haber bastantes formas de abordar la devoción el diablo vino a salvar a la Iglesia porque vino a unificar el temor. Es muy irónico cómo el diablo, esta figura de enemigo único que encarnaba el diablo fue una solución que la Iglesia encontró para combatir precisamente esa pluralidad de ideas que estaba surgiendo. Es bastante paradójico porque si hay una figura que es plural e híbrida y dialéctica es el diablo. Entonces al final mi idea es que la propia esencia de lo que es lo diabólico no puede utilizarse de esa forma porque lo diabólico se escapa a la definición. Es un antagonista por excelencia.

Actualidad

spot_img