La Escuela Anita Sirgo debate sobre los retos del sindicalismo

Cuatro dirigentes sindicales analizan en el Edificio Histórico de la Universidad las tareas de las organizaciones de la clase obrera.

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Xuan García Vijande
Xuan García Vijande
Comunicador, barman, músico. Redactor musical en Cuarto y mitad.

Entre mesas redondas y conferencias sometidas a rígidas convenciones, turnos de palabra y todos esos espacios formales que integran la II Escuela Laboralista de Verano de Comisiones Obreras de Asturias “Anita Sirgo”, cuatro mujeres que lideran espacios en sus sindicatos han encontrado un hueco para hablar de una manera algo más distendida. Ellas son Belén López Sánchez y Ana María García Alcolea, ambas secretarias generales de CCOO de Catalunya y País Valencià respectivamente, Selena Carbonero Fernández, de origen asturiano, que encabeza la Federación General del Trabajo de Bélgica (FGTB), y Cristina Faciaben Lacorte, quien lleva las cuestiones internacionales en la ejecutiva presidida por Unai Sordo.

Entre ellas comenzaron hablando de la situación sindical en España. Para Belén López, los pilares de la acción sindical hoy en día son tres transiciones: una digital, otra ecológica y una última, la demográfica. Esta tiene además dos vertientes, ya que por un lado la sociedad del Estado se enfrenta al envejecimiento de la población y, por otro, a la recepción de personas inmigrantes, algo que consideran «necesario» para el desarrollo económico, si bien también se trata de una cuestión de Derechos Humanos.

Selena Carbonero. Foto: Pablo Lorenzana

Sobre la reciente regularización extraordinaria, la secretaria general de CCOO Catalunya lo tiene claro, «estas personas salen de la irregularidad para caer en la precariedad». Para Ana María García, los sindicatos deben combatir los «mitos» difundidos en la materia por la derecha y la extrema derecha y asumir un talante humanista en la gestión migratoria. Cristina Faciabén, quien conoce bien el área, cuestiona el modelo de las regularizaciones extraordinarias y en la mesa se comparte que el proceso de regularización ordinaria debería ser más ágil para que no se creen bolsas de trabajadores irregulares que proveen de mano de obra precaria a las empresas. En cualquier caso, todas coinciden en que si las organizaciones sindicales quieren representar a una clase trabajadora cada vez más diversa, desde las centrales también deben adaptar sus estructuras y funcionamiento.

Belén López. Foto: Pablo Lorenzana

Otra cuestión que ocupó la conversación fue la bautizada como «transición justa», ese matrimonio entre la adopción de una economía verde que no deje atrás a ninguna persona. Selena Carbonero lo vivió en Bélgica con las grandes inundaciones que recuerdan a la tragedia vivida hace poco más de un año en la provincia de Valencia. «El negacionismo mata y mata siempre a los mismos», dicen para seguir explicando cómo los sindicatos pueden contribuir en la concienciación sobre este y otros temas: formación, formación y formación, dice la líder sindical belga, a lo que Belén López añade: formación y praxis, porque también se educa a través del día a día de la acción sindical, hay que predicar con el ejemplo. «Ahora todos los sindicatos tienen a un responsable de medio ambiente», señala Carbonero.

«No nos hacen caso porque seamos buenas o guapas, nos lo hacen porque detrás tenemos a mucha gente»

¿Cómo se asumen estos cambios? Con dinero, tanto público como privado. Así lo cree Ana María García, con una referencia muy concreta, los convenios colectivos deben incluir en su clausulado políticas de acceso a la vivienda. Para conseguirlo, hace falta una fuerza negociadora en forma de afiliados y afiliadas. Lo dice Carbonero, quien representa a un sindicato de 1,5 millones de afiliados en un país que ronda los 11 millones de habitantes. «No nos hacen caso porque seamos buenas o guapas, nos lo hacen porque detrás tenemos a mucha gente», indica.

Cristina Faciaben Lacorte. Foto: Pablo Lorenzana
Ana María García Alcolea. Foto: Pablo Lorenzana

Para terminar, de la mesa no nos podíamos levantar sin hablar de lo evidente: las mujeres en el sindicalismo. «Puff, tenéis que poneros el vídeo de las intervenciones de por la mañana, porque si no igual no acabamos en todo el día de hablar», bromean. Para Belén López, hace falta desarrollar modelos alternativos de liderazgo y gestión en unos sindicatos que históricamente han estado dominados por hombres principalmente. «Y quitarnos la idea de que no estamos preparadas, porque lo estamos», dice Ana María García, que añade una metáfora, «vamos a correr los 100 metros lisos, pero a nosotras nos ponen una mochila llena de piedras».

Aunque más allá de eso, se centran en la segregación de origen, una socialización de género que enseña a unos a ocupar el espacio público y a otras a quedarse en el hogar; a unos a trabajar en determinados empleos y a otras a los cuidados. «Ahora en la fábrica no aprietas los tornillos con la mano, ¡le das a un botón! ¿Eso no puede hacerlo una mujer?», se queja Ana María García. La guinda la pone Carbonero Fernández, apuntando que no solo hay que hacer eso, también hay que educar a los hombres en los cuidados. «No es natural. Nosotras no nacimos cuidando, alguien nos lo enseñó. Esto se aprende».

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