Ciegos del algacel y campaña electoral de pulsos amnésicos

El ministro da la cara, no regatea esfuerzos, habla con transparencia: en el final de Puente hay dignidad y entereza.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

Tres ciegos palpan un elefante tratando de imaginar su forma. Gustavo Bueno recuerda esta fábula transmitida por persa del s. XII Algacel (Al-Gazhali) para explicar cómo los científicos perciben la ciencia. El ciego que palpó la pata dijo que el elefante era como una pilastra de áspera superficie, aunque más blanda. El que palpó el colmillo dijo que no había nada blando en un elefante, que era algo duro, liso y sin asperezas. El que palpó la oreja dijo que el elefante era una piel ancha y gruesa. Todos dijeron algo verdadero, pero ninguno dijo la verdad. Algacel no pretendía decir que la verdad sea relativa y cada uno tiene la suya. Quiere decir que no se alcanza la verdad desde visiones parciales que quieren ser totales.

Como podíamos suponer, el período electoral es un carrusel. Salimos del verano como empezamos la legislatura: con alta carga emocional. La gente se hace expresiva con la mala leche. ¿Y ETA qué?, berreaba un parroquiano con el mismo tono con que antes se decía ¡arrastro! La alta carga emocional convierte los hechos en chispazos rápidos, simples y amnésicos. Vivimos la actualidad como una sucesión de episodios aislados, sin memoria unos de otros. Esto hace que veamos la situación política como los ciegos de Algacel, cada episodio es toda la política, cada momento es todo lo que pasó. Las elecciones se convocan por un suceso abrupto que inflama una de las maldades más infames que nos golpean: la vivienda. Vienen las acampadas, la muerte de Maricarmen y la política total española es la vivienda y los desahucios. Los argumentos del PP tropiezan consigo mismos como Dumbo tropezaba con sus orejas. Lo de correos y el voto parece un homenaje de Feijoo a Groucho: no quiero un servicio que admite de directivos a gente como yo. Ayuso desbarra, Feijóo balbucea y Vox exhibe cara de cemento armado. Sánchez combina el gesto de hasta aquí llegamos de la vivienda, con la resistencia del junco que se dobla pero siempre sigue en pie, como oirían en la pandemia. Sale con Begoña Gómez dando la vuelta como un calcetín al asedio judicial estrafalario. Feijoo honra a Góngora en su camino de convertirse en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada. Se produce el accidente espantoso del AVE. Es el segundo en poco tiempo. Ya no hay juncos que siempre siguen en pie, el amor declina, se consume el recuerdo de Maricarmen, ya no hay terroristas acampados sacando de quicio a Ayuso. Todo se borra. Ahora el elefante entero son dos trenes que chocan y docenas de muertos, un estado ante un monstruo de alta velocidad, solo superado por China, incapaz de atender el mantenimiento y seguridad de la bestia, y un ministro que no parece culpable, pero está en el vértice de la responsabilidad. El PP ve que el elefante entero es gestión, rigor y seriedad. El ministro da la cara, no regatea esfuerzos, habla con transparencia. Y después dimite. Dice que hay que estar a la altura el país. En el final de Puente hay dignidad y entereza, a la porra la campaña por la dimisión. Esto chincha a las derechas, que empiezan a soltar escupitajos. Sánchez culmina el momento sustituyendo Puente por Carlos Cuerpo, un curioso personaje con halo de intocable que rezuma solvencia, templanza y fortaleza. Ya no hay campaña de seriedad y gestión. Ahora la UCO vuelve a casa de Ábalos, el elefante será la corrupción. Pero la prensa pagada por el PP con dinero público pagó al delincuente principal para que echase mierda al Gobierno. Y Sánchez quiere pedir explicaciones.

Cada momento es amnésico, se vive como si fuera el único, como los ciegos de Algacel pensaban que no había más elefante que lo que tocaban, e inicia una nueva campaña electoral. No son todos iguales. Este es el ambiente suscitado por la ultraderecha. No es el triunfo de la astucia. Si quiere caos en las reuniones de vecinos, preséntese en ellas desnudo, haga gestos obscenos y escupa, y verá cómo todo el mundo se encrespa. Lo hace cualquiera. Basta tener la suficiente indignidad para hacerlo. Y basta que a las oligarquías les interese soltar sus perros ultras porque la democracia les aprieta y quieren soltarse la faja. Parece justo que Sánchez quiera explicaciones sobre las alcantarillas que anudan el estado, con el PP, con prensa financiada y con delincuentes. Pero esto es una campaña electoral. El rifirrafe deja el buqué de que los políticos no se pelean mientras la gente muere y no tiene casa; deja sabor de antipolítica, que hoy fluye hacia la ultraderecha. Una campaña demasiado reactiva, tiende a no tener efecto electoral para nadie. Y eso favorece a quien va con ventaja. La izquierda, toda ella, debe recordar que la derecha arranca con ventaja.

Una campaña demasiado reactiva, tiende a no tener efecto electoral para nadie

La propaganda ultra siempre predica el negacionismo. Algacel, decíamos, no pretende que la verdad del ciego que toca el colmillo sea tan válida como la del que toca la pata. Lo que pretende es que se acumulen datos para formar la idea correcta. Los progresistas siempre predicaron el sentido crítico, pero en el sentido de Algacel. Lee, estudia, escucha, fórmate para tener herramienta con la que procesar lo que te digan o lo que pase. El negacionismo dice que nada de lo que leas o estudies es fiable. Vale tanto lo que digan los historiadores como lo que diga Nacho Cano. Trump mostró que el negacionismo es un gusano que quiere agujerear cualquier cosa, incluso el recuento de votos. La cuestión es que el negacionismo, igualar la desinformación palmaria con las verdades contrastadas, aumenta el caos y la sordera mutua. Expande la idea de que no hay que informarse, leer ni saber, para tener las ideas claras. A más enredo más Vox. Por eso no conviene ser demasiado reactivos. Conviene claridad y la claridad viene de la energía y de la simplicidad (que no simpleza). Las derechas lo llamarán extremismo, pero es claridad. Que reaccionen ellos.

Trump y Netanyahu, dos políticos en horas bajas.

Hay algo notable en lo que pasó en EEUU. La táctica de los ultras es ser odiosos a sus enemigos, exhibir maldad y burlarse de la cara de pasmo o asco de los demás, mentir con desvergüenza sin negar que se está mintiendo. Si te lanzan fuego antiaéreo es que estás sobre el enemigo, dicen los MAGA en EEUU. Si te insultan, vas bien, ofendes a los malos. El asco es una reacción negativa a cosas que pueden dañarnos. Pero también a la saturación de cosas que nos gustan. El tocino de la fabada es una delicia, pero un camión descargando una tonelada de tocino nos produce revoltura. Trump ya no solo indigna a la izquierda. Trump ya da asco, por saturación de bajezas. Milei ya es tóxico. Meloni se diluye. Vox brama menos, le basta ser cemento armado. Ayuso ridiculiza al PP. Todos deberíamos cuidar nuestro retrato de Dorian Gray. Cuando la pedofilia, el robo y la guerra ruinosa desnudan a Trump, qué ridículos quedan aquellos evangélicos poniendo la mano en su cabeza simulando un trance. Y qué papelón el de los tecno oligarcas que lamiéndole el culo al ganar, qué fotos enojosas ahora para Bezos y Zuckerberg. En las horas bajas siempre somos nuestro retrato de Dorian Gray, conviene que no sea grotesco nuestro peor momento.

Las verdades de siempre son como el sonido de los astros rozando con éter, que no se oye de tan constante. Lo que tumbó a Trump fue la inflación, fue que la gente vive peor. Nada de guerras culturales. Las verdades de siempre son tozudas. Aquí los que van en cabeza nos prometen sacrificios en la bonanza y el maltrato de una vejez desamparada sin pensión. Prometen que los ricos dejen de pagar los impuestos que necesitamos para fortalecer servicios y seguridad. Prometen que no tendremos más consuelo que la autoestima del racismo. Si eres español y blanco, podrás pavonearte contra MENA e inmigrantes, aunque seas un desgraciado. Hay que dejar a los perros y mirar a los amos. No son las derechas, son los ricos, esa minoría, esta sí, peligrosa. Así lo planteó Podemos 1.0 y ahora Talarico en Texas: arriba y abajo, unos pocos contra la mayoría (no izquierda contra derecha y, menos, izquierda contra esa otra izquierda de ahí). Es mejor no hacer como EEUU y esperar a estar asqueados de sus bajezas. El tocino solo da asco en toneladas. La mierda debería darlo en cualquier dosis.

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