Del asesino se dice que siempre vuelve al lugar del crimen, y con los historiadores también pasa en ocasiones. Rubén Vega lo ha hecho con la Corriente Sindical de Izquierdas y con Comisiones Obreras de Asturias, dos sindicatos a los que dedicó sendas monografías en sus primeros años en el oficio, y que ha revisado ahora, llegados a la segunda decada del siglo XX en dos nuevas publicaciones. Tras publicar en 2022 “Así que pasen 40 años”, sobre la Corriente, el historiador gijonés firma ahora junto a Héctor González y Carlos Gordon “Sindicalismo de clase en dictadura y democracia. CCOO de Asturias (1957–2025)”, una obra publicada por Trea y que se presentará este domingo a las 21h en la Semana Negra de Xixón.
¿En que ha cambiado el sindicato actual al de hace 30 años?
El sindicato se parece muy poco al que estudié hace 30 años. Los principales cambios probablemente sean el feminismo y la incorporación de las mujeres de una forma que no se daba ni en los 70 ni todavía en los 80 o 90, cuando yo analizaba un sindicato fundamentalmente de obreros manuales, mineros, siderúrgicos y metalúrgicos. Hoy las mujeres son las que más se están afiliando al sindicato y las que protagonizan nuevos conflictos en limpieza o en supermercados que hace años parecían imposibles. No es solo que haya mas mujeres en la base sino tambien en la dirección. El sindicato pasó de épocas en las que no tuvo ni siquera resonsable de igualdad a una evolución que culmina durante el mandato de Zapico con la declaración de CCOO como sindicato feminista. Hoy está con derecho propio en el movimiento feminista.
Resulta significativo que el mayor conflicto laboral de los ultimos años en Asturies no se ha dado en la industria sino en la educación
Si, ese es el otro gran cambio de las ultimas decadas: el crecimiento muy fuerte del sindicato en los servicios públicos. En educación CCOO de Enseñanza fue el resultado de una escisión, por orden del partido, de SUATEA, y nació con cuatro gatos y mucha mala conciencia, te lo dicen los que estuvieron alli, y ahora sin embargo ha crecido hasta ser un sindicato con mucha afilación. Se ha resentido en cambio banca, sobre todo la antigua Cajastur, donde tuvieron mucha fuerza pero se fueron desgajando.
¿Como valora un historiador del movimiento obrero la pasada huelga educativa?
Creo que los sindcatos tardaron en darse cuenta del grado de malestar que existía entre el profesorado, pero luego tuvieron la cintura y la capacidad de reacconar e impedir que el movimiento cayera en manos de la reacción, que fue lo que llego a estar en algún momento en juego. Se podrán poner pegas al pacto firmado con el Principado, pero creo que es un buen acuerdo para la educación pública asturiana.
¿Los empleados del sector privado son el eslabón débil del sindicalismo hoy?
Evidentemente en el sector privado se pelea en condiciones más difíciles que en el público, donde tus derechos sindicales están muy garantizados, pero a pesar de eso sigue habiendo afiliación fuerte en industria o transporte, y conflictos laborales. El problema está en que a pesar de la recuperación del empleo con respecto a 2008, la afiliación todavía no se ha recuperado de la sangría de la crisis. Solo entre las mujeres la afiliación sube. Hay de hecho hoy más afiliación sindical de mujeres que en 2008.
¿Faltó visión de futuro a la hora de anticipar una Asturies sin carbón?
Está claro que Asturias ha tenido una dificultad grande para digerir la transición ecológica, pero las movilizaciones nunca fueron porque a la gente le gustara contaminar, sino para preservar los empleos, una determinada cohesión social y el futuro de sus comarcas.
¿Ha perdido el sindicato capacidad de intervención sociopolítica?
Está claro que los sindicatos no juegan el papel que jugatan todavía en los 90, cuando fueron claves en la articulación sociopolítica asturiana, no solo en las grandes movilizaciones de la reconversión, sino también en luchas por infraestructuras como la variante de Pajares. A pesar de eso siguen siendo la columna vertebral de muchas movilizaciones e interlocutores muy importantes con los gobiernos. La impresión en los años de aúge del neoliberalismo era que no iba a quedar piedra sobre piedra del sindicalismo de clase, y no está siendo así. El sindicato supo reinventarse y adaptarse a las nuevas realidades sociales.
¿Qué retos tiene hoy?
Organizar sindicalmente a la gente en torno a intereses muy particulares puede ser relativamente sencillo. El reto de los sindicatos de clase es ir más allá de esos particularismos y construir una idea de interés general.



























