En la memoria colectiva de la Revolución de Octubre de 1934 en Asturias, las imágenes más recordadas siguen siendo las de los mineros armados, los combates en Oviedo o las columnas obreras asaltando los cuarteles. Sin embargo, detrás de aquella insurrección hubo muchas mujeres cuya huella apenas ha sido reconocida, con la excepción quizá de la comunista ovetense Aida Lafuente, convertida en la gran mártir del movimiento.
El papel de las mujeres fue decisivo para sostener la vida cotidiana, mantener el abastecimiento, curar a los heridos y sostener la resistencia. De ellas trata el segundo cuadernillo de Les Feministes, editado por la Asociación Feminista de Asturias (AFA), y en el que escriben Carmen García, Carmen Suárez y Alba González.

En conversación con Nortes, Suárez explica que el objetivo de este trabajo colectivo es ofrecer una mirada más justa y equilibrada sobre la Revolución del 34. “En los libros de historia global el papel de las mujeres no está suficientemente compensado”, señala. No se trata, dice, de que no haya menciones, sino de que “debería compensarse más para que la historia fuera realmente justa”. Aquellas mujeres fueron protagonistas y, como recuerda la historiadora, “también padecieron la represión con la misma dureza que los hombres”.
Suárez insiste en que esa distinción entre frente y retaguardia no debería restarles valor. “La retaguardia muchas veces es vanguardia”, afirma la historiadora. Mientras los hombres combatían, ellas conseguían alimentos, transportaban ropa, abastecían los frentes y garantizaban que no faltaran armas ni dinamita. “La vida cotidiana en una guerra hay que garantizarla, y ese soporte suele recaer en las mujeres”, subraya.

El cuadernillo también dedica un espacio a Clara Campoamor, figura clave del feminismo y del republicanismo español, y que a pesar de sus posiciones moderadas y no revolucionarias, se implicó activamente en la defensa de las familias represaliadas por el Gobierno conservador. Una posición que le llevaría a enfrentarse con su propia organización, el Partido Radical, y asumir la presidencia de Proinfancia Obrera, un organismo dedicado a asistir a los hijos de las familias represaliadas.
Alba González analiza el paso por Asturias de Campoamor en los meses posteriores a la Revolución, cuando ejercía todavía como directora general de Beneficencia del Gobierno del Partido Radical y la CEDA. Campoamor, explica Suárez, fue duramente criticada tanto por la derecha como por sectores de la izquierda. “Se la culpó de la derrota progresista en 1933 por el voto femenino”, recuerda. Durante su estancia en Asturias trató de organizar la asistencia a huérfanos y personas represaliadas —más de cuarenta mil según las cifras de la época—, pero las trabas políticas y administrativas la llevaron a dimitir en diciembre de ese mismo año. “Todavía no está todo investigado sobre su labor en la Beneficencia. Es posible que haya más documentación sobre su trabajo en Asturias, en cárceles y en ayuda a los huérfanos”, apunta la historiadora.

Desde la Asociación Feminista de Asturias, las autoras defienden la necesidad de seguir abriendo camino a nuevos estudios sobre el papel de las mujeres en la Revolución del 34. “Hay mucho escrito sobre el 34, pero muy poco referido a las mujeres”, reconoce Suárez. La intención del proyecto Les Feministes es precisamente acercar esa historia al público general y rescatar a las protagonistas anónimas de una revuelta que marcó la identidad del movimiento obrero asturiano.
Para las historiadoras, se trata de construir una historia más completa, en la que los nombres de los hombres y de las mujeres compartan espacio. “Faltan más estudios sobre ellas, igual que falta investigar otras muchas cosas: la represión, las cárceles, los expedientes policiales”, señala Suárez. Cada nuevo hallazgo, cada pequeña biografía rescatada, contribuye a dibujar un 34 más humano, más plural y más fiel a la realidad.



























