“Tachar a las lenguas minoritarias de dialectos es como decir que la tierra es plana”

El catedrático de Lingüística de la Universidad Autónoma de Madrid Juan Carlos Moreno Cabrera participó en les Xornaes d’Estudiu de l’Academia de la Llingua.

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David Artime
David Artime
Periodista y escritor. En 2009, ganó el premio de narrativa en lengua asturiana de la editorial Trabe con la novela "La Bufanda", en la que aborda el mundo de los ultras de fútbol.


Si un científico dice que la tierra es plana, automáticamente quedaría desprestigiado. Pero si un académico dice que las lenguas naturales que habla la gente son formas descuidadas de la variedad estándar no sufre ese desprestigio. Y sin embargo, ambas afirmaciones son “falsedades”.

Así de tajante se mostró esta semana el catedrático de Lingüística General de la Universidad Autónoma de Madrid Juan Carlos Moreno Cabrera, durante su intervención en les Xornaes d’Estudiu de l’Academia de la Llingua Asturiana, en la que defendió la tesis de su último ensayo, “Lengua, dialectos, hablas. Crítica a la dialectoideología española’. Se trata de un extenso trabajo de investigación cuyo título incorpora un término inventado con toda la intención por su autor, dialectoideología. Con él trata de sintetizar la idea general que en el traslada.

Y es que para Cabrera, el discurso que establece una “jerarquía” entre lenguas, hablas y dialectos, es “pura ideología”, no tiene base lingüística, y solo busca ocultar “la marginación y el arrinconamiento” que sufren las “lenguas naturales” como el asturiano.

Elite privilegiada de académicos

Desde su punto de vista, “existe una élite privilegiada de académicos” interesada en trasladar la idea de que lo correcto es hablar la variedad “estándar” y que quienes utilizan la lengua natural que se aprende en la infancia son “ignorantes que se expresan en una forma desviada o degenerada informal de la lengua estándar”. Así, “la gente tiene la idea de que no sabe hablar bien”.

Para Cabrera, afirmar que hay hablas que no llegan a dialectos, y dialectos que no llegan a lenguas es “absurdo, ideológico y no tiene fundamento lingüístico”. Se trata de un relato que busca “ocultar” la opresión y la marginación que el “imperialismo lingüístico español” ejerce sobre las lenguas naturales que se hablan en España, entre ellas, el asturiano.

Lenguas estándar y lengua natural

Porque Cabrera incide en marcar esa diferencia: la que distingue una lengua natural, de una lengua estándar. Desde su perspectiva, lo que se llaman “hablas” son las verdaderas lenguas, “las lenguas naturales que la gente aprende cuando nace y en las que se expresa hasta que se escolarizan y comienzan a aprender la estándar”. Así, los dialectos serían “agrupaciones de esas hablas”, y a su vez, las lenguas (la lengua estándar oficializada e impuesta) son “agrupaciones de dialectos”.

Juan Carlos Moreno Cabrera. Foto: Pablo Lorenzana

Según el lingüista, en esa jerarquización ideológica, promovida desde ciertos ámbitos académicos, busca ocultar “la marginación” y “depauperazación” a las que el “imperialismo español” somete a lenguas minoritarias como el asturiano. Dicen que el asturiano “no ha conseguido ser una lengua de cultura, que no constituye una lengua y que está empobrecida, para no admitir que es por culpa del imperialismo español”.

Oficialidad sin poder, una quimera

Cabrera considera “esencial e imprescindible” defender la oficialidad del asturiano en el contexto de la Europa contemporánea. Pero, recuerda, una lengua oficial se tiene que imponer en el colegio, como se han impuesto el español y otras muchas”. “Y para ello”, continúa, “hay que tener poder”. “El poder del español es infinitamente superior a las instituciones que puedan promover el asturiano, que, aunque se oficialice, no existe el poder para imponerlo”.

Recuerda que una lengua estándar “no se aprende de modo natural, hay que estudiarla”. “Se puede hacer oficial pero”, matiza, “si no hay un poder y un prestigio cultural, que es absolutamente necesario, si la gente está convencida de que no es una lengua, la gente difícilmente podrá apreciar que sea oficial”. La tarea, desde su punto de vista, es “acabar con esa ideología” que percibe la llingua como un dialecto de segunda. 

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