Inmigrantes y trenes. Iluminación y alucinación.

Me gustaría que se hablara de esto, de que el sistema no funciona porque dispara las desigualdades, con gobierno progresista o sin él.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

Todos no caben, dice Sanz Montes sobre los inmigrantes. Juan hizo testamento antes de morir, se me ocurre decir ahora. La mayor parte de las veces que hablamos no lo hacemos para informar. Normalmente lo que decimos es cháchara, es la manera que tenemos de estar juntos, decirnos cosas. Pero los trastos que acumulamos en una cháchara son frases que se construyen e interpretan como si fueran para informar. Por eso no decimos obviedades. O, dicho de otra manera: cuando decimos una obviedad, no es eso lo que queremos decir, queremos decir algo más o distinto de lo que dicen nuestras palabras. Es una obviedad que Juan hizo testamento antes de morir, no pudo hacerlo después. Por eso hay que entender algo más de lo que dije: que fue poco antes de morir. Claro que no caben todos los extranjeros en España, es una obviedad. Así que es otra cosa lo que quiere decir monseñor. Cientos de miles de extranjeros que trabajan y están asentados en España serán regularizados. La obviedad del prelado quiere decir que no deben ser regularizados, es decir, han de ser expulsados o mantenidos sin papeles y, por tanto, sin derechos, listos para que cualquiera tome de ellos lo que necesite. Tocaremos un poco después este asunto.

Se suele decir que nunca tuvimos tal océano de datos tan disponibles. Pero no nos informan todos esos datos, sino solo los que tengan nuestra atención. Muchos datos y poca atención. No comunica el que transmite conocimiento, sino el que tiene atención. Más que nunca es cierto lo que dijo Enric Juliana: la política es cosa de técnicos de iluminación. Nuestra mente no quiere vacíos. No nos gusta mirar un mundo roto o a medio hacer. Nuestra mente lo quiere entero. Por eso lo que tenga nuestra atención, lo que esté convenientemente iluminado, no será parte de la actualidad o lo más importante de la actualidad: será toda la actualidad. Nuestra atención es además inconstante, no se demora en un asunto, salta de uno a otro, y por eso la información pública tiende a ser epidérmica.

Sanz Montes. Foto: Pablo Lorenzana

A mí me gustaría que ahora se hablara de economía. En el momento económico actual hay una cosa importante y otra más importante. Lo importante es que la economía va mejor que la de la mayoría de los países: un crecimiento cercano al 3%, una inflación del 2%, un desempleo por debajo del 10%, un déficit controlado y un nivel de criminalidad muy bajo. La inmigración tiene que ver con las cuatro primeras cosas y no es un obstáculo para la quinta. Decía que esto es lo importante, pero que hay otra cosa más importante. Lo más importante es que, yendo bien la economía, los españoles son más pobres, la clase media se adelgaza y se hace mediocre, los ricos son más ricos y hay más nuevos ricos. A una minoría le va mejor y a la mayoría le va peor, con la economía «como un tiro», como dijo el presi. Me gustaría que se hablara de esto, de que el sistema no funciona porque dispara las desigualdades, con gobierno progresista o sin él, y de que los boomers somos los restos de una sociedad con derechos, que las generaciones siguientes serán supervivientes en una sociedad desprotegida, quebrada socialmente y quizás ya no democrática. Todo esto yendo bien la economía, imagínense cuando caiga. Alemania ya cruje los nudillos.

Pero los focos iluminan trenes e inmigrantes. Y esa es toda la actualidad. Las decenas de muertos en el accidente deben conmovernos y movilizarnos, es un imperativo moral (en el que las derechas acumulan un lamentable currículum de incumplimientos). Pero, más allá del puñetazo emocional de esas muertes, los trenes de alta velocidad se estrellan, tras un rosario de retrasos habituales y las cercanías de Cataluña descarrilan con muros encima, tras años de deterioro inadmisible. La foto es la de un país que se cae. El país no se cae, pero lo que iluminan los focos son vagones destrozados y cercanías con cascotes. Lo que está en el humor de nuestra sociedad no es la entrevista de Carlos Cuerpo por la CNN, sino la impotencia del gobierno para dar de inmediato el único consuelo que cabe: explicación y verdad, que son lentas. El gobierno querrá iluminar la abnegación de Óscar Puente, hasta puede que lo estén dejando solo tácticamente, para que el foco ilumine a un luchador solitario infatigable y sufrido. La oposición querrá iluminar el simbolismo de esos vagones retorcidos y la percepción de decadencia por el culebreo que provoca la debilidad del gobierno. Puede que Óscar Puente no sea el punto frágil del gobierno.

Moussa Leye, en un momento de la manifestación en favor de la regularización extraordinaria de personas migrantes. Foto: Alisa Guerrero

El otro punto al que alumbran los focos es, decíamos, la inmigración. Puede que el muy facha monseñor Munilla tenga al de razón y que haya algo más de táctica que de amor a la justicia en la regularización. Poner los focos iluminando en este tema es llenar al PP de grietas y contradicciones. Las razones a favor de la regularización son incontestables: es humanamente justo, es económicamente eficiente y es neutro en seguridad ciudadana. Los empresarios necesitan inmigrantes y el PP tiene que disputarle el racismo a Vox. Hacer bandera con la inmigración envilece la moral pública. La inmigración es una de las piezas predilectas de la propaganda ultra, para que su potente aparataje mediático excite en la gente una identidad grupal que sea refugio de certezas y valores, y que se sienta amenazada por imaginarios peligros exteriores. Es la pieza predilecta para que la propaganda te convenza de que la vivienda no está imposible por las maniobras de una oligarquía depredadora, sino por la invasión de inmigrantes y porque no importas a nadie por ser español. El uso político de la inmigración contiene mentiras inmisericordes y una despreciable deshumanización de grupos humanos. Se deshumaniza cuando se reduce a cada individuo a un rasgo grupal, siempre negativo de una u otra forma. Digamos que, si eres negro, ya solo eres eso, no importa lo demás. Este tipo de propaganda da energía y autoestima, porque hace sentir protagonismo y jerarquía a gente machacada y desorientada. Pero el PP no puede ser del todo así, tiene que conectar con la lógica económica, con el catolicismo templado y con el actual valor político supremo: ser estabilizador. Se busca más estabilización que democracia. Los técnicos de iluminación de Sánchez saben todo esto.

Pero además de los sesgos de los técnicos de iluminación, tenemos eso que se viene llamando posverdad o hechos alternativos. Todos tenemos en mente un montón de conocimientos y creencias que sabemos que compartimos con los demás y sabemos que los demás saben que compartimos. Es una especie de suelo común en el que se asienta la comunicación. Los hechos alternativos consisten en negar ese tejido que nos une, desconfiar de todo lo que se pueda leer y escuchar y crear un mundo aparte, con sus reglas, erizado de emociones negativas e intensas y sin relación con el mundo real. La gente vive así en un videojuego o un mundo de yupi con reglas sencillas donde todo tiene su sentido, totalmente hermético a los hechos e incapaz de conexión racional o emocional con los demás. La expresión «hechos alternativos» es piadosa. Es una alucinación de colgado, el típico mundo aparte de las sectas. Lo tiene detallado Martínez Bascuñán en su ensayo El fin del mundo común. Así, por ejemplo, lo primero que dijo Ayuso de la tragedia de Adamuz es que Sánchez dedica todos los recursos para el País Vasco y Cataluña para blanquear el independentismo y por eso chocan los trenes. Abascal dijo de la regularización de inmigrantes que Sánchez es un tirano que odia a los españoles y por eso quiere hacerlos desaparecer en un mar de inmigrantes, que además alterarán el censo de votantes. Con una dosis suficiente de malestar, desorientación e ira, cualquiera puede perderse en esas alucinaciones que los ricos están financiando para tener sus privilegios fuera de los focos.

Muchos datos, poca atención y técnicos de iluminación controlando ese bien escaso; y alucinaciones que destruyen el suelo común. Son trompetas que alertan del fascismo. Sentiremos esa degradación en cada suceso. Solo con notarla ya le estamos haciendo frente.

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