La Felguera sin ley

Igual que los antiguos esclavos americanos se han abrazado a la libertad, con idéntico apego los felguerinos nos hemos abrazado a la calidad medioambiental.

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Sobre Emilio se cierne la amenaza de una injusta demanda por parte de la empresa Naeco Recycling. En su calidad de Presidente de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Calidad del Aire, ha recibido una carta que, entre otras cosas, pretende justificar la contaminación actual recordándonos la que padecimos a causa de nuestro pasado industrial. Como si de una condena a perpetuidad se tratase.

Algo asi como si el ICE les dijese a los ciudadanos de Mineápolis, no os quejeis que peor era en tiempos de la esclavitud.

Además, por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, a los asesores de imagen de Naeco se les ha ocurrido incluir en su aviso a navegantes una expresiva foto del laberinto industrial de antaño.

Tras casi dos siglos de cultura industrial, la sociedad langreana es inasequible a las amenazas de quienes puedan pretender explotar sus recursos

Y bien, es cierto que érase una vez, anclada a las entrañas de la tierra, una ciudad que flotó en una atmósfera ferruginosa y dura, con el alma impregnada de hollín. El firmamento estaba apuntalado por un bosque de columnas que a su vez hacían las veces de infatigables chimeneas.

Algunos días las nubes se desplomaban y se espetaban en ellas, hasta tomar tierra. Las noches tenían como telón de fondo los flujos y reflejos de los hornos altos, como una diástole perezosa de los arreboles de Lucifer. Pero lo que los ojos no ven ni las fotos pueden captar tan fácilmente, es que esa misma ciudad fluía incandescente y roja como el arrabio y forjó con el acero un corazón libertario a prueba de miedos.

Tras casi dos siglos de cultura industrial, la sociedad langreana es inasequible a las amenazas de quienes puedan pretender explotar sus recursos o la fuerza de trabajo de sus gentes, sin sujetarse a las normas.

Imagen por imagen, quien quiera comprendernos debería de mirar con igual atención el cuadro de Pellizza “El cuarto poder” con el que Bertolucci dio comienzo a su película Noveccento.

“El cuarto poder”

Porque va a ser que, igual que los antiguos esclavos americanos se han abrazado a la libertad, con idéntico apego los felguerinos nos hemos abrazado a la calidad medioambiental y a las leyes que la protegen.

Y los señores de Naeco, deberán de rectificar su enfoque de este conflicto o atenerse a las consecuencias de sus errores, porque han de saber que los langreanos no vamos a dejar a Emilio solo ante el peligro.

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