Compañero Miyazaki

Los Premios Princesa reconocen al Studio Ghibli, fundado por Hayao Miyazaki e Isao Takahata tras su etapa de sindicalistas en la empresa de animación Toei.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El estudio de cine de animación japonés Studio Ghibli, una de las productoras de referencia a nivel mundial, ha sido galardonado este miércoles en Oviedo/Uviéu con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026 al que optaban 48 candidaturas procedentes de veinte países.

Studio Ghibli, fundado en 1985 por el director Hayao Miyazaki, Isao Takahata -creador de las populares series ‘Heidi’ (1974) y ‘Marco’ (1976)- y Toshio Suzuki, ha realizado más de una veintena de largometrajes. Sus películas, entre las que destacan “Porco Rosso”, “El viaje de Chihiro” o “La princesa Mononoke”, han sido distinguidas con tres premios de la Academia de Hollywood, incluido el Óscar honorífico que recibió en 2014 Miyazaki, que también obtuvo en 2024 el Premio Donostia por toda su carrera.

La productora nipona ha sido distinguida además con la Palma de Oro de Honor del Festival de Cannes, concedida por primera vez a un colectivo en la historia del certamen francés.

Una amistad forjada en la lucha sindical

Los orígenes de Studio Ghibli se remontan a la colaboración entre Miyazaki y Takahata en el estudio Toei, a donde ambos llegaron tras licenciarse en la universidad, Miyazaki en ciencias políticas y economía, y Takahata en literatura francesa.

Además de trabajar como animadores, los dos artistas se convertirían en la segunda mitad de los años 60 en delegados sindicales y organizadores de una dura huelga contra la empresa, caracterizada por condiciones muy duras de trabajo, bajos salarios, horas extras no pagadas y ritmos de producción extenuantes. En 1961 estallaría la primera huelga, a la que sucederían más a lo largo de la década.

El sindicato de animadores, del que en la segunda mitad de los años 60 Miyazaki sería presidente y Takahata vicepresidente, se encontraba entonces cercano al Partido Comunista de Japón, una fuerza política poco conocida en Occidente, pero que en el país asiático siempre ha contado hasta hoy con representación institucional e influencia en sindicatos y movimientos sociales. Al calor de la oposición a la guerra de Vietnam, y de la aparición de una nueva juventud contestataria, el PCJ experimentaría un notable crecimiento que llegaría a sentirse en empresas como Toei.

Miyazaki y Takahata en diferentes momentos de su vida.

Tanto Miyazaki como Takahata han señalado la honda impresión que la guerra de Vietnam les produjo, y como aquella intervención norteamericana contribuyó a forjar su conciencia política. Ambos habían sufrido el horror de la guerra siendo niños, ya que nacieron mientras su país era bombardeado por EEUU, al tiempo que el imperialismo japonés invadía China, Corea y otros territorios asiáticos, cometiendo todo tipo de atrocidades.

Tras dejar en 1971 el estudio contra el que habían luchado como sindicalistas, Miyazaki y Takahata se involucrarían en proyectos más personales y artísticos que los que habían podido desarrollar hasta entonces. Ese deseo de independencia y de controlar su producción, algo que no habían podido hacer como asalariados de Toei, les llevaría a fundar en 1985 su propio estudio, un proyecto incialmente independiente, pero que con los años ha evolucionado hasta emplear a casi 200 trabajadores que trabajan en sus diferentes líneas de negocio: cine, televisión, publicidad y videojuegos.

Protesta estudiantil en Japón a principios de los 60.

Convertidos en empresarios de éxito, su trabajo ha seguido fiel a una línea ideológica progresista, y su empresa cuenta con buena fama a nivel de derechos laborales, si bien también ha recibido críticas por los altos niveles de exigencia que impone a sus empleados.

Aunque Miyazaki reconoce que a partir de los años 90 se distanció del marxismo, su cine se ha mantenido siempre en coordenadas pacifistas, ecologistas y humanistas. En cuanto a Takahata, fallecido en 2018, su compromiso político fue hasta el final de sus días más explícito y público. No solo como simpatizante comunista, sino también como opositor a la energía nuclear y al rearme de Japón. Su película “La tumba de las luciérnagas”, de 1988, está considerada una de las películas antibelicistas más importantes de la historia del cine, así como la obra maestra de su cine.

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