«Wild Horses» es una hermosísima canción de los Stones, firmada por Mick Jagger y Keith Richards, publicada en su álbum Sticky Fingers, de 1971, aunque antes estuvo en el disco, de 1970, de los Flying Burrito Brothers de Gram Parsons Burrito Deluxe. Muy probablemente, Parsons, muy amigo entonces de Keith Richards, junto al que consumía grandes cantidades de heroína, participara en la composición de la canción, que tiene una preciosa cadencia country, aunque no esté acreditado, como tampoco lo está en la versión Stones de «Love in Vain», con la que parece que también tuvo algo que ver, en aquel salvaje exilio en la Costa Azul de The Rolling Stones.
En la noche del viernes, El Trío Calavera, en la celebración de los cuarenta años del Diario Roma, interpretó «Wild Horses». Si celebramos al Diario Roma, es imprescindible sintonizar a los Stones. Si celebramos al ¿dueño?, no, es mucho más que dueño; si celebramos al alma del Diario Roma, Luis Salgado, es más que imprescindible sintonizar a los Stones. Luis Salgado, que ha construido una catedral del rock de cuarenta años.
Cuando llegué al Diario, en la noche del viernes, no había pensado escribir nada acerca de la celebración, ya había escrito una columna sobre la importancia de este bendito bar en nuestras vidas, que publicaron estas mismas páginas el mismo día en que cumplió cuarenta años el local de rock con más solera de mi ciudad, Uviéu, y volver a ello unos días después ni se me había ocurrido. Pero, cuando desde las escaleras me puse a ver el concierto de El Trío Calavera y me volví y vi el bar repleto y vi tantos rostros conocidos y tantos desconocidos y varias generaciones y los camareros y la camarera detrás de la barra y los camareros que ya no lo son delante de la barra y la calle Mon a la altura del Diario atestada, cuando me volví y vi, una vez más, y van cuarenta años, a Luis Salgado en su puesto, poniendo la música, pensé que había que contarlo, porque, como diría León Felipe, son las «cosas de poca importancia» en la historia solemne de los pueblos, pero son las cosas de mucha importancia en la historia pequeña de las ciudades y son las cosas de muchísima importancia en nuestras vulgares biografías.
Cuando Borja García, frontman de El Trío Calavera, empezó a cantar «Wild Horses» le puse el título a mi crónica, imaginaria en ese momento, acerca de la noche del viernes 12 de junio, que pronto se convirtió en sábado 13 de junio: «Los caballos salvajes del Diario Roma».

Es fácil pensar que los caballos salvajes de la canción se refieren al jaco, a la heroína, droga sin la cual parte de la historia de los Stones no se entiende y, como ya dije antes, en aquellos años de la canción, fortísimo vínculo entre Richards y Parsons, wild horses couldn’t drag me away, dice el estribillo, ‘los caballos salvajes no podrán arrastrarme de aquí’. Pero parece que esta interpretación, aparentemente la más evidente, no es la correcta. Otra versión dice que eso le dijo Keith Richards a su pequeño primer hijo (de él y de la enorme Anita Pallenberg), Marlon, al separarse de él la vez primera cuando tuvo que irse de gira. Y la versión más extendida, que Jagger niega, dice que esto le dijo Marianne Faithfull cuando se despertó del coma provocado por una sobredosis de barbitúricos en Australia, donde estaba junto al Stone ya en una crisis profunda en su noviazgo, que le provocó (ay, hermosa Marianne) el intento de suicidio. Dicen que, cuando ella se despertó del coma, le dijo a él: «Wild horses couldn’t drag me away».
Sea como fuere, y qué más da, las canciones, una vez que salen de quienes las crean, dejan de ser suyas y tampoco son de las grandes corporaciones cuyos derechos poseen: son nuestras, nos las apropiamos y pasan a contar nuestras vidas vulgares.
Y los caballos salvajes, los que cada cual tengamos dentro, en la versión vulgar que cada cual interpretemos en nuestro paso por la vida, no podrán alejarnos del Diario Roma. No podrán alejarnos de ese lugar de la barra desde el que saludamos a Luis Salgado, desde el que le pedimos canciones, desde el que sintonizamos a los Stones. Otra noche más, aunque sea una noche sin ti.



























