La huelga de las batas blancas

No se explica que los médicos tengan que tener unas condiciones específicas con respecto a otros trabajadores del mismo servicio público.

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Xuan Cándano
Xuan Cándano
San Esteban de Bocamar (1959). Periodista. Redactor en RTVE-Asturias. Fundador y exdirector de Atlántica XXII. Es autor de "No hay país".

Los años más interesantes de la Transición española fueron los tres primeros, entre la muerte de Franco en noviembre de 1975 y la aprobación de la Constitución en diciembre de 1978. Eran tiempos de sueños y utopía. El vacío de poder entre un Estado fascista que se resistía a morir y otro democrático que llegaba con incertidumbre lo aprovechó la ciudadanía para conseguir la hegemonía social. Aquel desafío a lo establecido fue efímero, no tardarían en llegar las instituciones democráticas y sus intermediarios.

No es que fuera la Barcelona anarquista de la Guerra Civil, cuando los burgueses se disfrazaban de obreros para pasar desapercibidos. O la Asturias de la misma época, con la economía socializada y control obrero en las empresas. Pero algo de revolucionario había en aquel éxtasis de asamblearismo y acción directa en empresas y universidades, con una proliferación insólita de manifestaciones, huelgas y encierros.

Solo en ese ambiente de euforia y exaltación se pueden ubicar escenas como la que presenciaron los que asistían a una de aquellas asambleas multitudinarias en el viejo Hospital General de Oviedo, donde la CNT tenía cierta presencia entre un grupo de médicos. Se debatía una subida salarial lineal en el convenio colectivo, de la misma cuantía para todo el personal, al margen de su categoría laboral y profesional, idéntica cantidad para una limpiadora y para un médico.

En medio del debate sobre la propuesta se dirigió a la asamblea un cirujano, un hombre de orden y de indudable valentía, porque había que tener cierto arrojo para enfrentarse a aquella marea transgresora que sacudía al país. Se opuso a la subida igualitaria y lo argumentó diciendo que él tenía que comprar calzado más caro que el que usa un celador, porque el estatus de los dos era muy diferente. Fue abucheado y la propuesta salarial lineal aprobada.

El sector sanitario es un buen espejo en el que observar la evolución de España en este último medio siglo, similar al del resto de los países democráticos. No queda nada de aquellos experimentos y aquella agitación social. El asamblearismo desapareció, en favor del gremialismo. Los llamados sindicatos de clase representantes de toda la plantilla tienen escasa presencia, sustituidos por los gremiales. Cada categoría tiene el suyo, médicos, enfermeras, auxiliares…y una gran representatividad. Los médicos son los más poderosos, algo natural.

Hay algo religioso en la relación entre médicos y pacientes, porque en manos de esos profesionales están la salud y en muchas ocasiones la vida de los demás

El poder y la influencia social de los médicos están vinculados a la importancia de su profesión. Hay algo religioso en la relación entre médicos y pacientes, porque en manos de esos profesionales están la salud y en muchas ocasiones la vida de los demás. Entre los trabajadores de las batas blancas se bromea a veces con este misticismo, que se puede confundir con elitismo, refiriéndose a una de las especialidades estrella en la medicina: “Primero está Dios, después los médicos. Y en el medio, los cirujanos cardiacos”.

Tengo muchos amigos y amigas entre los médicos, gente admirable en un colectivo en el que cuando se une profesionalidad y humanismo surgen frutos extraordinarios, de los que dan fe la historia y el presente. Como paciente frecuento el HUCA, un hospital de vanguardia con una calidad asistencial tan alta y un trato tan exquisito por parte del personal que no exagero si digo que es uno de los mayores logros de la autonomía asturiana.

Hospital Universitario Central de Asturias FOTO: Iván G. Fernández

No es mayor el gremialismo de los médicos que el de los jueces, los ingenieros o los periodistas. Pero por la incidencia de su trabajo es especialmente relevante. Se observa ahora con una huelga que se radicaliza día a día y dispara las listas de espera sanitarias, un gravísimo problema que favorece el auge de la sanidad privada y amenaza a la pública, el mayor éxito en el Estado del Bienestar en España, ahora en regresión en favor de un modelo “a la americana”. El aumento en España en los últimos años de los seguros médicos privados, imprescindibles en Estados Unidos, es muy significativo. Cuando Trump y sus seguidores ultraliberales consideran que la seguridad social a la europea es comunismo no se equivocan mucho. Uno de los mayores logros democráticos del movimiento obrero y la izquierda es que el pobre y el rico sean bien atendidos por el Estado cuando enferman, sin ninguna diferencia por su clase social.

La huelga de las batas blancas es un gran retrato de los cambios sociales y en la profesión médica en medio siglo en España. Muestra una brecha generacional, que en Asturias supuso la aparición de un nuevo sindicato de médicos.

La alternativa al SIMPA: Médicos del SESPA

El paro tiene dos motivaciones. Una de ellas es un estatuto propio para los médicos, reclamado por los más veteranos, la reivindicación básica del Sindicato de Médicos de Asturias (SIMPA), que hasta ahora los defendía en exclusiva. La competencia en este asunto recae en el Ministerio de Sanidad y por tanto en la ministra Mónica García, médica de profesión, que se muestra inflexible en su oposición a la reclamación. No se explicita con claridad el contenido de esta reivindicación, más allá de marcar una diferenciación clara, profesional y salarial, con respecto a otras categorías sanitarias.

En la reclamación del estatuto propio, que sustituiría al de 2003, subyace el recelo de gran parte de los médicos ante nuevos tipos de organización sanitaria en los que la enfermería ha ido ganando presencia en los últimos años. Pasó de diplomatura a grado y los estudios de tres a cuatro años. Cuando se defiende un estatuto propio se alude a términos como liderazgo, competencia y jerarquía, menos a ejemplos concretos en los que muchos médicos detectan amenazas: los puestos de gestión, los despachos de dirección. El Colegio de Médicos denunció que las enfermeras, una profesión que sigue siendo mayoritariamente femenina, pudieran acceder a directoras generales en la Administración sanitaria. Ya hay consejeras de Sanidad en algunas autonomías.

Huelga médica. Foto: Kike Gallart

Ni se explica ni se entiende muy bien que los médicos tengan que tener unas condiciones específicas en una empresa pública con respecto a otros trabajadores. Es indiscutible que su responsabilidad y su competencia es mayor. Menos consistencia tiene el argumento de su larga formación (la carrera universitaria y el MIR), algo que financia el Estado. La singularidad, sin falta de un estatuto propio, ya la dan el mando, la jerarquía y los sueldos, que no son bajos. En España los médicos ganan entre 4.000 y 10.000 euros mensuales, dependiendo de diversos factores como las guardias, las horas extra, el pago de la carrera profesional o la compatibilidad, con amplio seguimiento en la profesión.

El otro motivo de la huelga se centra en las condiciones laborales de los médicos, su hartazgo ante guardias y jornadas prolongadas. Es una reivindicación de los más jóvenes, que en Asturias han marcado tanto las diferencias con el SIMPA que han montado su propio colectivo, el Sindicato de Médicos del Sespa. Denuncian que se ven obligados a trabajar en algunos casos hasta más de 60 horas semanales, con guardias extenuantes, y piden más contrataciones. Los médicos mayores de 55 años están exentos de hacer guardias manteniendo los ingresos. El número 35 resume las peticiones del SIMES: esas horas de trabajo semanal y esos pacientes a atender en Primaria.

Quieren trabajar menos para que trabajen más. Es la versión médica de un nuevo paradigma entre los jóvenes, que priorizan la vida familiar y personal, la calidad de vida y el ocio a los peajes de la carrera profesional, el éxito social y el dinero, aunque los recortes en los ingresos no estén de momento sobre la mesa. “Gano 4500 euros al mes matándome a trabajar 60 horas semanales obligado, quiero cobrar 4000 y trabajar 35 horas”, resume uno de ellos. Está por ver si esa posición está generalizada entre los jóvenes. Estas reivindicaciones laborales dependen de los gobiernos autonómicos, con competencias en la gestión sanitaria. Parecen absolutamente razonables.

En medio del enfrentamiento están los pacientes, las grandes víctimas, muchos gravemente afectados por suspensión de consultas y operaciones. Las administraciones públicas no se muestran muy diligentes en buscar soluciones, mucho menos en aplicar las reformas necesarias para garantizar la calidad de un servicio público esencial. Evitar cuantiosas inversiones, sobre todo en contrataciones, y enfrentarse abiertamente a un gremio tan poderoso como el de los médicos deben estar entre las causas de esa inacción.

En los hospitales públicos debería haber por las tardes la misma actividad que en las mañanas, pero eso afectaría a los médicos que tienen también consulta privada. Una medida tan natural, como lo sería también en los bancos, limitaría las llamadas “peonadas”, horas extra que cobra todo el personal que interviene en las operaciones programadas por las tardes.

Las compatibilidades en el sector son ciertamente generosas, hasta el punto de que permiten que un Jefe de Servicio en un hospital puede también trabajar en un centro privado. En Asturias está pendiente de aplicación por parte de la Consejería la rebaja de la penalización, de 1056 euros mensuales a 415, para los médicos que compatilizan la sanidad pública y la privada. Las enfermeras reclaman ahora una flexibilización similar para poder ser docentes en las universidades privadas que se asentarán a Asturias.

La llegada de esas universidades privadas a Asturias no se produciría probablemente si en la pública se ofertaran más plazas en la Facultad de Medicina, algo que pasa en toda España. Es incomprensible que falten médicos y el acceso a las facultades esté tremendamente restringido por el númerus clausus. Hay quien apunta a intereses gremiales para limitar el acceso. ¿Mejor pocos para ser imprescindibles?

La sanidad pública española ya estaba aquejada de una grave enfermedad, la de las listas de espera, un tumor maligno que avanza sigilosamente y amenaza con convertir a la medicina española en un gran negocio, imitando al modelo americano. Un regreso al pasado de al menos un siglo: seguros privados para quien los pueda pagar y la Beneficencia que conocieron nuestros abuelos para pobres y clases medias depauperadas.

Ahora, con la huelga de médicos, el enfermo se ha contagiado con un virus en el quirófano y su estado es aún más preocupante. Si se muere, no habrá Dios que resucite al paciente. Eso lo saben hasta los cirujanos cardiacos.

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