La Trókola, el colectivo que escarba en los papeles de la historia asturiana

El grupo avilesino se ha especializado desde 2014 en recuperar la historia obrera y la memoria olvidada de Asturias.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Esta vez ha sido un Estatuto de autonomía que llevaba 89 años perdido. El hallazgo del proyecto que pretendía convertir Asturias, León, Zamora y Salamanca en una región autónoma ha colocado a La Trókola en el centro de una atención a la que sus integrantes no están demasiado acostumbrados. Pero no es la primera vez que este pequeño colectivo saca de los archivos una historia olvidada. Llevan haciéndolo desde 2014: fosas, represaliados, milicianas, cárceles, bombardeos, movimiento obrero, luchas por la vivienda o el funcionamiento de la Asturias republicana durante la Guerra Civil. El Estatuto es probablemente su hallazgo más mediático. Su trabajo empezó mucho antes.

Y hay una pequeña paradoja en que sean ellos quienes hayan terminado bajo los focos. La Trókola no tiene demasiado interés en los protagonismos individuales. Los investigadores Pablo Martínez Corral y Paco Iglesias son dos de sus caras más visibles, aunque tampoco ellos parecen demasiado interesados en serlo. Martínez Corral fue quien encontró físicamente el Estatuto en el Archivo General Militar de Ávila, pero cuando comenzaron a llegar las preguntas sobre el descubrimiento se apresuró a apartarse del centro. “Yo solo soy el que encontré el hallazgo”, explicaba al remitir las preguntas a Paco Iglesias. Y añadió una indicación bastante reveladora: mejor no atribuírselo a Paco tampoco, sino a La Trókola.

Para explicar esa manera de entender el colectivo, Martínez Corral recurre a una referencia histórica muy suya. Su modelo son Los Solidarios, el grupo anarquista al que pertenecieron Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y Joan García Oliver. “Somos una masa, no una persona”, resume. La frase puede sonar solemne hasta que se conversa un poco más con ellos. Después de preguntar qué tal había ido la entrevista con Paco Iglesias, Martínez Corral respondió por WhatsApp con una precisión menos doctrinal: “Los trókolos somos todos majos”.

El equipo con el que La Trókola digitaliza documentación en el Archivo General Militar de Ávila. Viaje tras viaje, el colectivo fotografía miles de papeles para analizarlos después en Asturias: entre ellos apareció el proyecto de Estatuto de Asturias y León desconocido durante 89 años.

Entre una frase y otra cabe bastante bien la personalidad de un grupo que lleva doce años investigando la historia contemporánea asturiana sin demasiado empeño en colocar una firma delante de cada descubrimiento. La Trókola nació en 2014 y escogió un territorio de investigación muy amplio, ya que va desde la aparición del movimiento obrero, a finales del siglo XIX, hasta el final de la dictadura franquista. También decidió desde dónde quería observarlo. Su intención, explican sus integrantes, fue y sigue siendo contribuir al fortalecimiento de la memoria histórica y “escarbar en los archivos para escribir y contar la historia desde el punto de vista de la clase obrera”, a la que consideran “el motor de la historia”.

No esconden, por tanto, el lugar desde el que miran el pasado. Lo que reivindican es el trabajo con las fuentes. Buena parte de su actividad consiste en localizar documentación, fotografiarla, clasificarla, relacionar unos papeles con otros y reconstruir a partir de ellos acontecimientos y personas. “Nosotros somos poquita gente”, explicaba Paco Iglesias a NORTES. Él y Pablo Martínez Corral son quienes habitualmente dan la cara, aunque alrededor existe una red de colaboradores que aparece cuando el volumen de trabajo lo exige. “A veces necesitamos ayuda para clasificar documentación o para hacer cosas y tenemos gente que nos echa una mano”.

De una fosa a 401 milicianas

Los asuntos en los que han metido la nariz durante estos doce años permiten hacerse una idea de lo que significa para La Trókola contar la historia desde abajo. Entre los trabajos que ellos mismos consideran más importantes están el estudio de la fosa de La Lloba, en Castrillón; la represión franquista en Gozón y la organización de la represión durante la posguerra; el movimiento obrero en Avilés hasta 1917; las luchas sociales por la vivienda en Asturias durante la primera mitad del siglo XX; los bombardeos y refugios antiaéreos de Avilés durante la Guerra Civil; la actividad de los gobiernos asturianos durante la contienda y la identificación y datación de 401 milicianas asturianas.

El trabajo sobre La Lloba reunió documentación acerca de una trinchera republicana utilizada posteriormente como fosa durante la represión franquista. La Trókola puso su investigación a disposición de la Universidad de Oviedo

No hace falta buscar una gran teoría que una asuntos aparentemente tan distintos. El hilo conductor está en los protagonistas que eligen y en los documentos que persiguen. En sus investigaciones aparecen instituciones y organizaciones políticas, pero sobre todo presos, trabajadores, mujeres que combatieron, víctimas de la represión, vecinos que reclamaban una vivienda o civiles que buscaban protección durante un bombardeo. Frente a una historia construida únicamente alrededor de dirigentes y grandes acontecimientos, La Trókola busca también las huellas de quienes suelen ocupar mucho menos espacio en ella.

Algunas de esas investigaciones han terminado saliendo del archivo de una manera muy concreta. El trabajo sobre La Lloba reunió documentación acerca de una trinchera republicana utilizada posteriormente como fosa durante la represión franquista. La Trókola puso su investigación a disposición de la Universidad de Oviedo, y aquel material se incorporó a los trabajos posteriores desarrollados sobre el terreno. Otras veces la divulgación ha consistido literalmente en echarse a andar: ya en 2016 el colectivo organizaba en Avilés rutas sobre la Revolución de Octubre de 1934 que llevaban a los participantes por los lugares donde habían sucedido los acontecimientos que previamente habían reconstruido en los documentos.

También está Quinta Pedregal, la investigación de Pablo Martínez Corral sobre la represión franquista en la comarca avilesina y el edificio utilizado como centro de detención. Cuando el libro se agotó, el autor y La Trókola decidieron ponerlo gratuitamente a disposición de quien quisiera leerlo. Hay algo bastante coherente entre esa decisión, las rutas históricas y el trabajo actual: para el colectivo, encontrar información en un archivo sirve de poco si termina nuevamente encerrada.

Buena parte de lo que van sacando a la luz acaba por eso en Los Papeles de La Trókola, el blog donde depositan investigaciones y documentación. Allí conviven cárceles franquistas, campos de concentración, unidades militares, milicianos y milicianas, bombardeos, represión y movimiento obrero. El resultado se parece menos a una sucesión de grandes publicaciones que a un archivo que no deja de crecer.

Documentos, expedientes, fotografías e investigaciones se acumulan en la página de Facebook de La Trókola. El colectivo comparte allí sus hallazgos y mantiene además el blog Los Papeles de La Trókola, convertido en escaparate de buena parte de su trabajo en los archivos.

Kilómetros para abrir cajas

En los últimos tres o cuatro años, una parte importante del trabajo ha llevado a La Trókola fuera de Asturias. Sus integrantes viajan varias veces al año al Archivo General Militar de Ávila, donde se conserva documentación procedente de las instituciones republicanas asturianas que terminó en manos franquistas. Allí fotografían los fondos para estudiarlos después con calma. “Nuestra intención es tener toda la documentación que hay en Ávila fotografiada y luego ya ir trabajándola poco a poco”, explicaba Paco Iglesias.

Así apareció el Estatuto que ahora los ha puesto en el candelero. No habían viajado hasta Ávila buscando un proyecto de autonomía cuya existencia conocieran. Investigaban el funcionamiento de los gobiernos asturianos durante la Guerra Civil cuando Pablo Martínez Corral, historiador y profesor de Geografía e Historia, se encontró aquellos 18 artículos entre la documentación del Consejo Regional de Asturias y León.

Hay azar en cualquier hallazgo de archivo, pero también una condición previa bastante menos novelesca que cualquier investigador sabe: para encontrar un documento que nadie sabe que existe hay que pasar muchas horas mirando papeles.

El descubrimiento ha provocado que durante unos días se hable de La Trókola mucho más de lo habitual. También ha producido una situación que encaja casi demasiado bien con el carácter del colectivo: un grupo que reivindica la investigación colectiva y desconfía del protagonismo personal acaba de hacerse conocido porque uno de sus miembros encontró un documento excepcional y se negó a apropiárselo. El Estatuto ha salido de la caja. La Trókola seguirá abriendo otras.

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