Que la intensificación de la agricultura está acabando con las aves era algo que ya se sabía, pero ahora ha sido confirmado. PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), una de las revistas científicas más importantes del mundo, ha publicado esta semana un artículo con un título muy revelador: “Las prácticas agrícolas están impulsando el declive de la población de aves en toda Europa”. Los autores del estudio son Stanislas Rigal, Vasilis Dakos, Hany Alonso y Vincent Devictor quienes han realizado un análisis durante tres años basado en datos recopilados por miles de voluntarios que han monitoreado 170 especies de aves en 20.000 lugares de 28 países europeos durante 37 años.
El estudio concluye que la intensificación agrícola y el uso de pesticidas y fertilizantes es una de las principales causas para la disminución de aves en el continente. “El uso de los pesticidas y los fertilizantes, aunque el más notable, es solo uno de los aspectos”, refiere el biólogo conservacionista Stanislas Rigal, uno de los autores de la investigación que ha hablado con NORTES. “También está influyendo la urbanización, la explotación de los recursos de la biodiversidad y el cambio climático”. Aclara, además, que el declive de estos animales “no ocurre solo para las especies de tierra de cultivo, sino también en las especies que dependen de los insectos durante su ciclo de vida, es decir, en la mayoría de las aves”.
“También está influyendo la urbanización, la explotación de los recursos de la biodiversidad y el cambio climático”
El autor no duda en calificar la situación de “dramática” y ofrece datos incluidos en el estudio: en los últimos treinta y siete años ha desaparecido una cuarta parte de las aves de nuestro continente. “Algunas especies están disminuyendo drásticamente”, explica, “como el escribano hortelano que ha disminuido un 93%; o la alondra, que ha caído un 58%.”

Alfredo Ojanguren, biólogo y profesor en la Universidad de Oviedo, no se sorprende. Cree que la importancia del artículo radica en que “cuantifica con números a nivel europeo algo que aquellos que han estudiado el fenómeno a nivel local o regional ya sabían. Incluso los aficionados a la ornitología seguro que no están sorprendidos de lo que cuenta este artículo”. Cree que el estudio realizado “solidifica más las impresiones personales”. Al mismo tiempo, Alfredo Ojanguren, pone en valor el método del estudio al haber utilizado miles de voluntarios durante décadas. “Es la denominada ‘ciencia ciudadana’, algo que se hace mucho en el Reino Unido, y que utiliza voluntarios para recabar datos y ofrecer muestreos muy amplios. Tú cuentas los pájaros de tu jardín y luego se lo cuentas a quien se encarga de recopilar esos datos de donde se harán estudios.”
De modo más específico, el estudio ha encontrado que la influencia de la temperatura ha sido en general positiva para aves de clima cálido que suelen habitar en sitios urbanos, pero negativa para aquellos que habitan en climas fríos, para las especies que migran largas distancias, además de las especies de tierra de cultivo o aquellas cuya dieta está basada en invertebrados o granívoros. “Hay especies que ganan y otras que pierden”, señala Ojanguren, “y, claro, mediante la mera observación, sin cuantificar, a lo mejor no te das cuenta de que en global esto se está yendo abajo.” Según él, la “uniformización” esconde muchas veces el problema: “Tú estás en Escocia y ves gorriones, palomas, gaviotas y urracas. Y luego, aquí en España, lo mismo. Y en Italia, lo mismo. Por eso habrá mucha gente que diga: ‘bah, sigue habiendo pájaros’. Ya, pero hay determinadas especies que se fueron abajo, a pesar de que hay algunas que se adaptan mejor a entornos humanos o alterados.”
Los científicos se dirigen a los políticos
El artículo publicado en PNAS no solo se dirige a la comunidad científica sino también, de forma explícita en su redactado, a los políticos y a la sociedad general. “Las diversas políticas nacionales y de la PAC (Política Agrícola Común de la Unión Europea) no han tenido en cuenta esta situación dramática de las aves”, lamenta Stanislas Rigal. Considera que “el papel de los grupos de presión en la simplificación de las ambiciones de las políticas europeas y nacionales va contra el interés público y la salud de la biodiversidad.” Por ello, no duda en reclamar que “quienes luchan por el interés público y la biodiversidad deben tener más peso en las discusiones con los políticos.”
Alfredo Ojanguren destaca unos datos proporcionados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura: “De la superficie de la tierra que es habitable, el 50% se dedica a la agricultura. De ese 50%, el 77% se usa para dar de comer a los animales”.
Por su parte, Stanislas Rigal aclara que “los agricultores no tienen la culpa, sino el modelo productivo en el que están encerrados algunos de ellos”, un modelo que califica de “insostenible”, y con un patrón de consumo que, según él, “debemos cambiar rápidamente para no destruir más la biodiversidad”. En este sentido, en 2020, este científico publicó un artículo en el diario francés Le Monde donde afirmaba que “es un error pensar que el decrecimiento es sinónimo de recesión”, y denunciaba que “si hay un enemigo de la naturaleza, ese es el capitalismo extractivista y productivista”.



























