“El contratista, el político, el militar, el abogado, el usurero tienen más porvenir en una Monarquía que en una República. Siempre habrá trepadores, es natural. Al trepador monárquico le substituirá el trepador republicano o el socialista, pero la hiedra preferirá la pared de la torre a la del cobertizo o la del corral”.
Pío Baroja
Los visionarios, 1932
La jura de la Constitución Española de Leonor de Borbón es el broche de oro con el que se cierra un acuerdo para una amnistía. Pedro Sánchez, Leonor de Borbón y Carles Puigdemont son la tríada de nombres con los que España cierra un ciclo e inaugura otro. Como diría Torcuato Fernández, de Borbón a Borbón, de la ley a la ley, de la Constitución a la Constitución.
La foto de Santos Cerdán reunido con Puigdemont del lunes pasado se ha convertido en el prólogo a la jura de la CE que se ha celebrado este martes, víspera de Todos los Santos en la Corte de los Leones. En la entrega de la Orden de Carlos III de Pedro Sánchez a Leonor de Borbón se celebra el preludio a una investidura que precederá a la aprobación de una Ley de Amnistía histórica, con las reverberaciones que tuvo la de 1977, síntoma inequívoco de que se inicia un cambio de ciclo protagonizado por el PSOE de Pedro Sánchez y los gobiernos periféricos. De la negociación del texto de una ley hemos pasado a una sobria y exquisita representación que alcanza un grado de institucionalidad tan elevado que, incluso, se han sincronizado los relojes de pared del Palacio Real con los de La Moncloa y la Carrera de San Gerónimo. Todo está previsto para que en España comience eso que Iván Redondo, acertadamente, denominó La Perestroika.
Pensábamos que la legitimidad de Felipe VI vendría por un gesto, un acto heróico, un relato pegado a la piel de su biografía y ligado a algún acontecimiento político, similar a la pátina épica que embarneció la figura de su padre, Juan Carlos I, tras la intentona de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Pero no ha sido así. Bastó con apartar a su padre de los honores que recibe un jefe de Estado y cumplir con aquello que se le exige a una monarquía; una hija que garantice la continuidad de la Corona. De Borbón a Borbón, de la Constitución a la Constitución, con su juramento en esta mañana soleada de martes, Leonor ha sellad o la monarquía hasta nuevo aviso en la epidermis de nuestras instituciones políticas.
Cumplida la función primordial que se le exige a quien será alguna vez reina de España, ahora sólo queda activar el trámite parlamentario para que Pedro Sánchez sea investido presidente. Con la condecoración del Collar de la Real Orden de Carlos III, el Gobierno deposita su confianza en Leonor de Borbón, la misma confianza que la Princesa de Asturias pidió a los españoles durante su juramento. En ese momento, solemne y protocolario, en el que Sánchez entregó el collar a Felipe VI y este lo impuso a su hija, se ha enviado un mensaje: tenemos amnistía, tenemos monarquía, tenemos investidura, tenemos legislatura, tenemos una estabilidad institucional garantizada, una perestroika, un nuevo ciclo político.
ACTUALIZACIÓN
Un par de horas después, se cierra el acuerdo entre el PSOE y ERC. Aunque no se conoce su contenido, Pedro Sánchez está a un par de pasos de la investidura. Ni monarquía ni constitución decía ayer ERC. Pero la foto de Puigdemont y Santos Cerdá primero, y la jura de la CE de Leonor después, ha acelerado los acontecimientos. Todo el mundo quiere estar en el acuerdo, todo el mundo quiere estar en la foto, todo el mundo desea estar en el instante. Las derechas han fracasado en este mes de octubre. Nadie quiere estar en 2017. El futuro llama a la puerta de los españoles en la investidura de Sánchez.



























