Las guerras adrianas (Cap. XII): La manzana podrida

Las palabras de Borja Sánchez corrieron como el veneno hasta llegar a las entrañas del socialismo

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

“El concepto de jefe es algo, a estas alturas de la vida, desfasado, anacrónico y demodé. Para mí, la esencia de un/una líder es el ganarse el respeto de su equipo, el escuchar opiniones diferentes, el ser muy cuidadoso con la dinámica de grupo, mancomunar éxitos y fracasos, sin personalizarlos, sobre todo no buscando culpables en público. También es esencial tener la intuición de sacar rápidamente del cesto posibles piezas de fruta podrida”.

Borja Sánchez, consejero de Industria del Gobierno de Adrián Barbón (sexto mes del 5º año de la era adriana)

Cuando llegó al gobierno, parecía un cónsul togado que no había visto más política que la que veía en las televisiones o escuchaba en las radios. Parecía demasiado joven, demasiado imberbe, demasiado pánfilo. Pero Borja Sánchez, hoy consejero de Industria, entonces de Ciencia, ha demostrado que en política no es tan importante llegar sabido como aprender rápido y manejarse con astucia y carisma en diferentes códigos, tanto en el sermo académico como en el sermo vulgaris. Lo importante es conocer los trucos, los sortilegios y mantener el rumbo sin desprenderse del bastón mágico. Por el ejercicio del mando o por la magia de la persuasión, lo importante es tener a todo el personal bien embridado.

Adriana Lastra y Adrián Barbón, durante la campaña general de las autonómicas y locales, en Gijón. Foto de David Aguilar Sánchez.

Merlín logró arrinconar a un consejero réprobo, hoy convertido en senador, alejado de la escena principal, atento a otros menesteres en Madrid, y aparecer como el político mejor conectado a la perestroika enchufado a la revolución digital. De la ciencia a la industria, Sánchez ha ascendido en el escalafón sumando más responsabilidad y capacidad de gobierno. De la soberanía de la ciencia al poder de los metales críticos, del dominio de las matemáticas al control de los soles y los vientos. Junto a Guillermo Peláez, el inspector de Hacienda que mejor explica un presupuesto, es el hombre más considerado por la izquierda y la derecha. Ambos apuntalan un gobierno con fisuras que se abren desde el corazón de la calle Santa Teresa y llegan hasta la epidermis de las instituciones asturianas. La descomposición de la FSA produce réplicas incontroladas en el gobierno de Barbón.

Y una de ellas se produjo este jueves, cuando Merlín explicaba en su cuenta de Facebook su sentido del liderazgo, dejando una muestra de visión política realmente shakespereana: “es esencial tener la intuición de sacar rápidamente del cesto posibles piezas de fruta podrida”. El comentario corrió como el veneno en la sangre de un enfermo dispuesto a beber cianuro con tal de calmar su alma. Pero sus palabras, como un ungüento, pronto llegó a las entrañas del socialismo, contaminando todo el organismo, sin que nada ni nadie pudiera obviar que en el gobierno de Adrián Barbón hay una manzana podrida y que, supuestamente, esa manzana se llama Gimena Llamedo.

Gimena Llamedo, durante un acto de compaña en las últimas generales. Foto de David Aguilar Sánchez.

La consejera de Presidencia es considerada como un agente agitador que carece de la mínima capacidad para el liderazgo y la gestión. Ejerce como Jefa sin capacidad para tejer complicidades. Todo lo que que toca lo envenena. Las guerras adrianas acontecen en varios escenarios. La Comisión Ejecutiva está partida en dos desde que Lady Macbeth se incorporó a la dirección, buscando, quizá, erigirse como la próxima Secretaria General. Los Comités Regionales se han convertido en el anfiteatro donde se escenifica un thriller de alta tensión y se finge normalidad y triunfo. Pero todo es fingimiento, enmascarado por el paso lento de las hojas del calendario. Los secretarios locales de las organizaciones más importantes tratan de recomponerse ante un Secretario bunkerizado en la presidencia. Son conscientes de que Barbón gobierna con un alcalde que envejece mal desde los sótanos de una catedral y una cirujana asediada por los movimientos de un PP local que hace y deshace con un tránsfuga en su seno, en vísperas de su próximo congreso.

Y la división interna también comienza a reproducirse en el propio gobierno, con señales de descontento como el de Borja Sánchez. Merlín es hoy el consejero más sensato de Barbón pero no tiene tanta influencia como para apaciguar un volcán que anuncia con estos comentarios en las redes sociales una erupción que puede adoptar la forma de crisis de gobierno. En CCO y en IU observan el teatro con verdadera preocupación. Llegaron para dar estabilidad y hoy descubren que su diplomacia llega tarde. Once capítulos ha que estallaron las guerras adrianas.

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