Este sábado fallecía en Santander Isabel Tejerina, catedrática de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Cantabria, y luchadora incansable por la justicia social desde los tiempos del antifranquismo.
Nacida en 1949 en Mieres, en una familia numerosa, religiosa y de clase media, Tejerina no pudo estudiar periodismo por razones económicas, así que se inclinó por Filología Románica, una titulación que sí existía en la Universidad de Oviedo, donde pronto destacó como activista estudiantil y cultural, en el teatro universitario.
La guerra de Vietnam, la curiosidad intelectual, la influencia de su hermano Gonzalo y el abandono de la fe religiosa, influyeron decisivamente en su politización de izquierdas a finales de los años 60, rompiendo con la tradición conservadora de su familia.
Su militancia arrancó en Oviedo, en el clandestino Frente de Liberación Popular, germen de la llamada “nueva izquierda” en España, y semillero de otras organizaciones políticas. Tras la disolución del partido, en 1969, ingresó en el maoísta Partido Comunista de España (internacional), posteriormente denominado Partido del Trabajo de España, del que llegaría a ser una de sus principales dirigentes en Cantabria, donde se mudó al terminar la carrera.

A los 22 años comenzó a trabajar como profesora de enseñanza media en el instituto de Torrelavega, del que fue despedida por liderar una huelga de profesores no numerarios, los interinos de aquel entonces. Posteriormente ingresó en la Escuela de Magisterio de Santander, donde se terminaría jubilando. En la capital cántabra participó en la Asociación Democrática de la Mujer y formó parte junto a su marido, Félix Martínez, de la asociación vecinal del barrio de La Encina, en el marco de una militancia que en aquellos años suponía una entrega total y permanente.
Detenida en diferentes ocasiones por su militancia política, durante la Transición representó al PTE en la Junta Democrática de Cantabria, llegando a encabezar su candidatura municipal en Santander en las elecciones de 1979. La lista, respaldada por la Organización Revolucionaria de Trabajadores, obtuvo el 6% de los votos y un asiento, convirtiéndose así Tejerina en la primera concejala democrática del Ayuntamiento de Santander.


Muy activa como portavoz de las luchas vecinales, en 1982 fue expulsada del Ayuntamiento de Santander, gobernado por el derechista Juan Hormaechea, por participar en la protesta contra el desahucio de una familia que ocupaba un piso social que llevaba una década vacío. En una entrevista biográfica, Tejerina, reconocía que a pesar de la injusticia de su expulsión, aquello supuso en el plano personal una “liberación”, ya que su partido había desaparecido para entonces, y apenas tenía medios y apoyos para realizar su trabajo en la oposición, que compaginaba con su empleo y la crianza de dos hijos.

Tras la disolución del efímero Partido de los Trabajadores, fundado tras la unificación del PTE y la ORT, abandonó la militancia partidaria, pero no el activismo social y cultural. Fue una de las impulsoras de la asociación Universidad y Solidaridad, la plataforma Ciudadanía contra la exclusión sanitaria o la Asamblea cántabra en defensa de las libertades.

En los últimos años de vida recuperó su pasión por el teatro con la fundación del grupo “Unos cuantos”, junto a Juan Manuel Freire, y en el que ejercería tanto labores de actriz como de directora.
Madre de dos hijas, María y Anjana, deja diversas publicaciones sobre didáctica y pedagogía, literatura y unas memorias. En 2022 fue galardonada con el premio Mierenses en el Mundo, concedido en el marco de las fiestas de San Xuan. Personas y organizaciones de la izquierda santanderina y cántabra han expresado estos días su pésame por la muerte de una mujer que dejó una gran impronta en la Universidad y los movimientos sociales de su tierra de acogida.



























