Comida ecológica: una elección saludable y responsable con el medio ambiente

El interés por otras formas de alimentación no ha dejado de crecer.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Con la llegada de las fiestas navideñas y sus numerosas cenas y espichas, el consumismo desaforado puede impedir reflexionar sobre las elecciones alimentarias. La comida que llevamos a la mesa no solo alimenta el cuerpo, sino que puede ser un ejercicio de responsabilidad hacia nuestros seres queridos y el planeta. En este contexto, optar por comida ecológica, según la ciencia, aparece como una decisión que combina salud, sostenibilidad y, por supuesto, el placer de disfrutar alimentos en su forma más natural y sana.

El interés por la comida ecológica, que lleva el sello de COPAE en el caso asturiano, ha crecido exponencialmente en los últimos años. Esta tendencia no sólo refleja una mayor preocupación por el medio ambiente, sino también un interés creciente por los beneficios que este tipo de producción alimentaria puede aportar a la salud humana. Pero, ¿cuáles son esos beneficios? Y ¿en qué se diferencia realmente de la producción convencional?

Feria agroecológica de Llanera.

Beneficios para la salud de la comida ecológica

La clave radica en la ausencia de compuestos químicos sintéticos. Según explica Adonina Tardón, Catedrática Emérita de Medicina Preventiva y Salud Pública y coordinadora del proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), la agricultura ecológica se basa en un sistema de cultivo sostenible, artesanal y natural. “La agricultura ecológica no emplea productos químicos sintéticos ni organismos genéticamente modificados. Esto implica una producción más limpia, sin abonos químicos, dejando que los alimentos crezcan de manera natural”, explica Tardón.

Uno de los mayores peligros de los compuestos químicos sintéticos empleados en la agricultura convencional son los denominados compuestos orgánicos persistentes (COP), sustancias que, según Tardón, pueden permanecer durante largos períodos en el medio ambiente, bioacumularse en el tejido adiposo de los seres vivos y provocar daños a la salud humana. “Estos compuestos pueden causar enfermedades como cáncer, daños en el sistema nervioso central, alteraciones endocrinas, obesidad y diabetes, entre otros efectos perjudiciales”, subraya.

“El Convenio de Estocolmo, firmado en 2011, ya identificó los COP como una amenaza para la salud y el medio ambiente.”

La preocupación por estos compuestos no es nueva. El Convenio de Estocolmo, firmado en 2011, ya identificó los COP como una amenaza para la salud y el medio ambiente. Desde entonces, se han implementado regulaciones para limitar su uso. Sin embargo, aún persisten en muchos sectores industriales y agrícolas. En este contexto, la agricultura ecológica emerge como una alternativa clara: “La mayor ventaja de este sistema es que no utiliza compuestos químicos plaguicidas, lo que elimina los efectos perjudiciales asociados a ellos”, afirma Tardón.

Beneficios para el medio ambiente

El Reglamento (UE) 2018/848 del Parlamento Europeo y del Consejo de 30 de mayo de 2018 define la producción ecológica así: “Es un sistema general de gestión agrícola y producción de alimentos que combina las mejores prácticas en materia de medio ambiente y clima, un elevado nivel de biodiversidad, la conservación de los recursos naturales y la aplicación de normas exigentes sobre bienestar animal y sobre producción que responden a la demanda, (..) proporcionando al público bienes que contribuyen a la protección del medio ambiente, al bienestar animal y al desarrollo rural”.

Semeya: Alisa Guerrero

Producir comida ecológica tiene beneficios ambientales significativos en todos los órdenes. Lo dice la propia definición del reglamento europeo. Al evitar el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, se protege la biodiversidad del suelo, el agua y el aire, y se reduce la huella de carbono. “Es mucho más sostenible para el medio ambiente y, por supuesto, para la salud humana”, destaca la experta Adodina Tardón.

No obstante, en una época en la que todo se pone en cuestión sin datos, cabe preguntarse si existe evidencia científica suficiente que respalde todos estos beneficios. Tardón es clara al respecto: “Está demostrado científicamente el efecto perjudicial de los compuestos químicos persistentes. Esto no está en discusión”. A pesar de esto, reconoce que a nivel poblacional no se han realizado ensayos controlados que comparen directamente los efectos del consumo de alimentos ecológicos frente a los convencionales, ya que este tipo de estudios plantean “problemas éticos y logísticos.”

“Para quienes optan por alimentos convencionales, recomienda lavar bien las frutas y verduras para reducir los residuos de pesticidas.”

Proyecto INMA

El proyecto INMA, en el que Tardón ha trabajado durante más de dos décadas, ha investigado y sigue investigando los efectos de los COP en la salud de madres e hijos. “Hemos observado alteraciones en el crecimiento y desarrollo infantil, así como efectos negativos en la salud cardiovascular y la obesidad”, indica. El estudio, que comenzó en 2001, ha seguido a cohortes de niños desde el embarazo hasta los 18 años, arrojando resultados concluyentes sobre los riesgos asociados a los compuestos químicos persistentes.

Adonina Tardón

Sin embargo, Tardón reconoce que no todo el mundo puede permitirse consumir comida ecológica debido a su coste, “aunque la diferencia de precios es cada vez más pequeña.” Según ella, “tampoco se trata de asustar a la población”. Para quienes optan por alimentos convencionales, recomienda “lavar bien las frutas y verduras para reducir los residuos de pesticidas.”

Además, destaca la importancia de optar por productos de cercanía, de temporada y producidos de manera artesanal. “Esto no solo beneficia a la salud, sino también al medio ambiente, al reducir el uso de químicos y la necesidad de transporte a largas distancias”, asegura.

En un contexto en el que los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y la lucha contra el cambio climático cobran cada vez más relevancia, la comida ecológica se perfila como el futuro. Como concluye Tardón: “El ser humano evoluciona y aprende. Nuestra labor como científicos es asesorar y ayudar para lograr una alimentación más saludable para todos”. También durante estas felices fiestas.

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