La mala suerte: editando para el mundo desde una braña de Valdés

Marina y Juan sostienen una editorial especializada en motociclismo desde La Mortera, una aldea del Occidente asturiano.

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Una “braña” es una aldea de montaña del occidente de Asturias en la que antaño vivían mayoritariamente “vaqueiros de alzada” que, como ya explicaba Jovellanos en sus Cartas a Ponz es como “… llaman aquí a los moradores de ciertos pueblos fundados sobre las montañas bajas y marítimas de este Principado, en los concejos que están al ocaso, cerca del confín de Galicia. Llámanse vaqueiros porque viven comúnmente de la cría del ganado vacuno; y de alzada porque su asiento no es fijo, sino que alzan su morada y residencia, y emigran anualmente con sus familias y ganados a las montañas altas”. 

Esta forma de vida trashumante desapareció hace tiempo y los vaqueiros se han incorporado a la modernidad con entusiasmo y, en general, con mucho éxito. Por desgracia, en estas aldeas pequeñas y mal comunicadas también se ha ido al traste la actividad económica predominante durante el pasado siglo: una agroganadería básicamente de subsistencia, pero que generaba excedentes que permitieron, a partir de los años setenta, a muchas familias enviar a sus vástagos a la universidad. El sistema de subvenciones de la Unión Europea y la imposibilidad de competir con las grandes explotaciones promovidas por esta hicieron inviables las pequeñas. Tan solo la ganadería sigue siendo rentable, pero enormemente transformada; donde antes había dos vacas en cada casa, hoy una sola explotación concentra todas las cabezas. 

Por esta y otras razones, estas tierras han sufrido un rápido declive, sumidas en la despoblación y un acelerado envejecimiento. El concejo de Valdés, al que pertenece La Mortera, la braña de la que estamos hablando, es el segundo municipio español que mayor número de habitantes ha perdido en el último siglo. Han desaparecido casi 14.000 habitantes desde 1960, pasando de tener más de 25.000 en esas fechas a menos de 11.000 en la actualidad y siendo casi un tercio de ellos mayores de 65 años.

La Mortera. Foto: Pelayo Cabernardo

Frente a unas administraciones inoperantes ante esta sangría demográfica, e incapaces de concebir otras formas de desarrollo para la zona que el fomento de la ganadería y el turismo, una pareja llegada desde Italia demuestra que en esta pequeña aldea de apenas cuarenta habitantes se pueden desarrollar proyectos mucho más interesantes y de mayor valor añadido. 

Libros de la editorial. Foto: Pelayo Cabernardo

Marina y Juan comparten la pasión por el motociclismo y a partir de ella formaron una familia enriquecida con el nacimiento de su hija. Vivían en el pueblo de la Toscana de donde ella procede y hace casi diez años decidieron trasladarse a Asturias en busca de tranquilidad, precios razonables y carreteras llenas de curvas. Juan, gracias a su trabajo como arquitecto, había tenido la oportunidad de conocer la zona donde ahora viven. Les pareció el mejor sitio para criar a su niña y, con la valentía y pasión que les caracteriza, aquí se plantaron. 

Marina ejercía en Italia el periodismo y Juan la arquitectura en Madrid, pero hace poco más de cuatro años se replantearon su forma de vida y decidieron apostar por lo que es su mayor pasión, las motocicletas. Habían detectado un vacío de mercado, apenas existían traducciones al castellano de literatura relacionada con las motos. Clásicos bien asentados internacionalmente aún no estaban trasladados a nuestro idioma.

Como explica Marina, su idea era “ofrecer unos libros muy especiales, con un aspecto gráfico particular, que no fueran caros para que todos los pudieran leer, pero tan bonitos como una moto clásica, como una escultura, como una obra de arte. Un buen libro no solo para leerlo, también para hojearlo, olerlo, para contemplarlo en la estantería”.

Pusieron de nombre a su editorial “La mala suerte” en parte porque fue un problema personal lo que les impulsó a replantearse su forma de vida y porque, en palabras de Marina, “detrás de cada curva está lo imprevisto. Es como enfrentarse a la vida. Tienes que tener instrumentos, estar preparado, tener un poco de técnica, coraje y confiar”.

Marina. Foto: Pelayo Cabernardo

Ellos hacen en la mayoría de los casos todo el proceso editorial, desde adquirir los derechos a la traducción, el diseño gráfico y la maquetación, la distribución y la promoción. En España venden en su página web https://www.lamalasuerte.es/ y en algunas librerías; en Italia, a través de Amazon, en dos librerías especializadas en motocicletas de la zona de Milán y en más de treinta dedicadas a los viajes. Marina es quien se encarga de la promoción con redes sociales, medios de comunicación, montando presentaciones y asistiendo a ferias. Juan cuida con esmero del aspecto gráfico.

Ellos mismos han traducido algunos de los libros más técnicos, aunque también contratan traductores profesionales cuando el valor literario de la obra lo requiere. Porque si bien todos son de temática motociclistas, algunos versan sobre cuestiones técnicas o la competición motociclista, mientras que otros son narraciones en primera persona de verdaderas aventuras protagonizadas por apasionados de las motos. Como “Fay Taylour, la reina del speedway”, biografía deportiva de una mujer que compitió en trial, scrambler y principalmente speedway de igual a igual contra los mejores pilotos de su generación, venciendo a muchos de ellos y estableciendo nuevos récords en casi todas las pistas en las que corrió. O “Caravana de uno”, donde un joven norteamericano de 23 años, Robert Edison Fulton Jr., inicia desde Londres en 1932 una vuelta al mundo en motocicleta, 64.000 km a través de un mundo hoy perdido. Libros que sin duda harán las delicias de cualquier lector, aunque no sea aficionado a las motos.

Sus publicaciones han sido muy bien acogidas y no solo por los aficionados al motor, no es extraño dado el cuidado y amor que ponen en ellos, hasta el punto de enviar los pedidos de su web envueltos en papel de regalo con una etiqueta personalizada que Juan dibuja a mano con esmero para cada cliente.

Empezaron haciendo traducciones al castellano, pero como muchos de sus libros tampoco estaban en italiano, decidieron intentarlo también en esa lengua. Actualmente, el mercado de Italia supone la mayor parte de su facturación y este año se han lanzado a publicar en francés. Todo lo han hecho sin apoyo de ninguna administración, principalmente porque no han encontrado ninguna ayuda que se adapte a su situación. No estaría mal que el Ayuntamiento de Valdés, que subvenciona peñas de fútbol para ir a ver partidos, buscara la manera de favorecer esta iniciativa, por ejemplo, dándoles una ayuda para pagar la cuota del gremio de editores de Asturias al que ellos no pertenecen por considerar que los alrededor de 200 euros que cuesta no van a tener retorno para una editorial tan especializada.

La nota triste es que, debido a que su hija es ya una adolescente que empieza a sufrir la falta de transporte público y acceso a una vida cultural, están reconsiderando la idea de vivir aquí y pensando en volver a la Toscana.

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