El tiempo no acompañaba, y tras el desbloqueo del decreto ómnibus es probable que muchas ciudadanos ya no vieran necesario salir a la calle este lluvioso y desapacible domingo. A pesar de ello, más de medio millar de personas respondieron en la Plaza Mayor de Xixón a la concentración convocada por los sindicatos UGT y CCOO bajo el lema ‘A la calle. Con los derechos de la gente no se juega’, una protesta celebrada en toda España, y que ha tenido cierta aire de simulacro de alerta ante posible emergencia reaccionaria. Es decir, recordar a la opinión pública que las conquistas son siempre reversibles y que los viernes negros pueden volver si PP y Vox llegan al Gobierno de España.
El acto comenzó con un minuto de silencio en recuerdo a Karilena, asesinada este viernes en Llangréu por su pareja, y la primera víctima mortal de la violencia machista en Asturies desde mayo de 2021.
En sus discursos los secretarios generales de CCOO y UGT, José Manuel Zapico y Javier Fernández Lanero defendieron que los avances sociales pactados por sindicatos y Gobierno no sólo están mejorando la vida de millones de personas sino también tirando de la economía.
“La subida del salario mínimo no se va al ahorro, sino al consumo, y eso hace que a las empresas les vaya bien, contraten y paguen impuestos” explicó Lanero, que criticó también la oposición de la patronal a la reducción de la jornada laboral: “La competitividad y la productividad tienen que ver con las nuevas tecnologías y la gestión, no con seguir trabajando 40 horas”.

Defensa pues del viejo keynesianismo del siglo XX, parcialmente resucitado tras la pandemia: masiva inyección de capital público en la economía, aumento de la protección social y elevación de los salarios de la clase trabajadora. Que la receta funciona lo están diciendo las cifras macroeconómicas, pero que la redistribución de este crecimiento es todavía escasa, también lo muestran los indicadores sociales. La inflación y la vivienda se han comido en buena medida los aumentos salariales, y los servicios públicos siguen sin recuperarse del hachazo de 2008-2015.
En su discurso Zapico defendió la importancia de seguir manteniendo las ayudas al transporte público, otra de las medidas que estuvo a punto de caer con la derrota del ómnibus, y apostó por mantener la movilización para presionar en defensa de nuevos avances sociales, algo necesariamente unido a la continuidad del Gobierno de coalición. “Hasta ahora los lobos se vestían de corderos, ahora se quitan la careta y vienen a por todo. Tenemos por delante una batalla dura y larga para defender los derechos de la gente corriente frente al poder del dinero” afirmó el líder de CCOO sobre la llegada de los millonarios tecnológicos a la primera línea política.

Los sindicatos son conscientes de que lo que se está viviendo en España es una auténtica “excepción ibérica”, con un Ministerio de Trabajo que por primera vez en décadas está alineado con los sindicatos y no con la CEOE. Este jueves se pudo ver en el acto con Yolanda Díaz en Xixón, explícitamente apoyado por CCOO y por una UGT, que a pesar de sus históricos vínculos con el PSOE, no oculta su plena sintonía con una Vicepresidenta cuyo futuro político se juega en las 37,5 horas. De que salgan o no adelante dependerá su capacidad para liderar de nuevo una renovada confederación de las izquierdas autónomas.
Superado el escollo del ómnibus, aunque todavía quede pendiente el detalle, no menor, de las ayudas a las industrias electrointensivas, se vendrá la gran batalla laboral de la legislatura: reducir la jornada laboral. El 4 de marzo, coincidiendo con el 106 aniversario de la huelga de La Canadiense por las ocho horas, se celebrará una manifestación en Barcelona. Objetivo: arrancar el disputado voto de Junts.



























