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Pensamiento Post-corona

Asturias también necesita el Plan Marshall

En el triángulo investigación sanitaria, innovación y producción está una de las posibles claves del desarrollo industrial de Asturias

Ilustración: Ana Milton.

El impacto económico que ya está teniendo la crisis del Coronavirus es más intenso, al menos en el corto plazo, al de la Gran Recesión de 2008. El mundo va a entrar en recesión en los próximos meses y se prevé que el golpe en España pueda ser especialmente duro, con un descenso en el PIB superior al 8% este año y una recuperación más lenta que en otros países debido a su dependencia del turismo.

Llueve sobre mojado, porque a pesar de que la economía española lleva creciendo años y los beneficios empresariales habían alcanzado máximos históricos, los salarios y las rentas bajas aún no se habían recuperado de la anterior crisis como consecuencia de la gestión austeritaria dictada desde Bruselas y aceptada en Madrid. En Asturies esta crisis cae sobre un precipicio secular derivado de sucesivas de las desconversiones industriales mal gestionadas que nos han llevado del vagón de cabeza al de cola en pocas décadas.

Sin embargo, esta vez puede ser diferente. Parece que esta vez sí se han aprendido algunas lecciones de 2008 en cuanto a políticas públicas para combatir la crisis. Esta crisis ha hecho saltar por los aires los consensos neoliberales y ha convertido en acérrimos defensores de políticas económicas keynesianas a quienes hasta hace poco defendían la ya obsoleta ortodoxia. Así, hemos podido ver imágenes tan llamativas como la de la Comisión Europea defendiendo un Plan Marshall o la de Luis de Guindos defendiendo la renta básica. Sin embargo, una vez más la miopía y el egoísmo de algunos países del Norte de Europa puede acabar bloqueando una respuesta a la altura de las circunstancias.

Aún así, el consenso de época en materia de política económica pasa por olvidarse de los corsés presupuestarios y poner en marcha las políticas fiscales expansivas que atenúen el impacto de la recesión en empresas y trabajadores para que, una vez se supere la crisis sanitaria, se pueda retomar la actividad económica sin dejar arrasado el tejido productivo. Las medidas aprobadas hasta la fecha van en esa dirección y, aunque en algunos casos se quedan cortas, todas ellas son positivas para conseguir ese objetivo.

Parece que esta vez sí se han aprendido algunas lecciones de 2008 en cuanto a políticas públicas para combatir la crisis

Lo que aún nadie ha puesto sobre la mesa es cómo será el necesario plan de reconstrucción que se tenga que poner en marcha después de superar la fase crítica de la epidemia y se empiecen a desescalar las medidas de confinamiento. Es precisamente en esa fase de la crisis en la que va a ser necesario invertir más recursos y en la que aparecen más oportunidades para transformar el modelo productivo y construir sobre una base diferente, nada que ver con el ajuste de los Pactos de la Moncloa de los que se habla estos días. Las medidas puestas en marcha hasta ahora para paliar los efectos sociales tienen que ser los voladores tirados a mano que sirven para mantener la tensión previa a la gran descarga tirada a máquina en forma de Plan Marshall que se ha de producirse al final.

Esa gran descarga económica que impulse la recuperación ha de aprender de los errores del pasado e ir encaminada a revitalizar la demanda agregada mediante inversiones que modernicen nuestro modelo productivo y lo saquen de la elevada dependencia estructural de sectores de bajo valor añadido con dificultades de recuperación en este contexto como es el turismo. Esta transformación tiene que ser liderada por un Estado Emprendedor y orientada en cinco direcciones simultáneas: reforzamiento del Estado de Bienestar con especial atención al sistema sanitario, cuidados y la garantía de rentas, relocalización industrial. digitalización y la transición ecológica.

Es aquí donde Asturias puede tener una oportunidad para impulsar la gran transformación que necesita para salir de la crisis secular. La administración central y la Unión Europea tienen aún una deuda pendiente con la transición justa de esta Comunidad y este es buen momento para exigirla. Asturias, dentro y fuera, tiene el talento necesario para abordar esta transformación, pero necesita un shock externo, un empujón en forma de inversión pública que sirva para devolvernos la autoestima y también para devolver a nuestra tierra al menos una parte de los cerebros que expulsó

Las medidas puestas en marcha hasta ahora tienen que ser los voladores tirados a mano que sirven para mantener la tensión previa a la gran descarga tirada a máquina en forma de Plan Marshall

En el ámbito de investigación sanitaria e ingeniería tenemos un altísimo potencial poco explotado. Podemos destacar como relevante ejemplo simbólico el desarrollo de los respiradores elaborados con impresoras 3D por parte de los ingenieros de Reesistencia Team en colaboración con el HUCA y a lo que también se ha sumado la industria pesada asturiana. En ese triángulo entre investigación sanitaria, innovación y producción está una de las posibles claves del desarrollo de la Asturias del futuro en un contexto de relocalización industrial 4.0. 

Asturias también debe convertir en oportunidad la debilidad de ser la Comunidad más envejecida de España desarrollando un polo productivo autóctono en torno a los cuidados, uno de los sectores con más futuro en las economías desarrolladas. En materia transición ecológica tenemos infraestructura industrial para participar en las cadenas de suministro de las tecnologías necesarias para su desarrollo y buenas condiciones para la geotermia. También hay mucho margen para impulsar empresas que especializadas en la eficiencia energética de edificios, rehabilitación de espacios industriales degradados y el aprovechamiento forestal, también como reserva de CO2. Además, con la infraestructura adecuada, la definitiva implantación del teletrabajo después de esta crisis puede suponer una oportunidad para la fijación de población en el medio rural. Por último, tenemos infraestructuras totalmente infrautilizadas que despiertan interés para el desarrollo polos de innovación, como puede ser el caso la Fábrica de La Vega o el complejo de Perlora.

Hay mucho por construir, pero no se empieza de cero. Ya existen algunos proyectos que van en algunas de las líneas antes mencionadas desarrollándose en el marco de los Convenios de Transición Justa a nivel local, pero hace falta mucho más. Hace falta que alguna de las máquinas de esa gran descarga económica de reconstrucción tire voladores desde aquí. El mundo no volverá a ser el mismo después de esta crisis y en nuestras manos está está que esta vez Asturias salga ganando.

Segundo González
Escrito por

(Pola de Allande, 1988) Es economista y ha trabajado en el ámbito de la economía social. Fue diputado de Unidas Podemos por Asturies entre 2016 y 2019.

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