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Opinión

COVID-19: crisis climática y crisis neoliberal

El ecofascismo puede ser la respuesta política de las élites a la combinación de crisis ecológica y conflictividad social.

Foto difundida por la Casa Blanca de los Trump junto al Conejo de Pascua

El confinamiento al que hemos sido arrojados por la crisis del COVID-19 nos está sirviendo para muchas cosas, y reflexionar es una de ellas. Y en concreto, reflexionar sobre lo que nos interpela de una manera más directa: España, la crisis climática, la crisis de legitimidad del neoliberalismo… Todo ello parece desconectado, aparentemente. Hilando más fino, cabe señalar algunas consideraciones al respecto.

Los regímenes políticos en la Europa previa a las guerras mundiales se caracterizaron por ejercer lo que Michel Foucault denominó un “arte liberal de gobernar”. La razón de Estado era típicamente fisiócrata, es decir, que la economía llevaba en sí misma una ley natural que la hacía funcionar al margen de toda intervención estatal. Tras las devastadoras guerras mundiales, fruto de las tensiones políticas y económicas del largo siglo XIX, hubo un cambio de rumbo: había necesidad de una reconversión de una economía de guerra a una economía de paz, la exigencia de una planificación con el Plan Marshall para tal reconversión y toda una serie de instituciones (ONU, Banco Mundial, etc.) destinadas a garantizar estabilizar las relaciones internacionales, promoviendo siempre un juego de suma cero. Esta es la época del auge del keynesianismo.

Con el comienzo de la crisis de la hegemonía socialdemócrata en los años 70, se impuso una nueva razón de Estado. El juego económico adquirió de nuevo un carácter fisiócrata: la libertad de mercado establece el precio natural en la economía sin necesidad de intervención. Europa comenzó a convertirse en un sujeto económico colectivo. La nueva idea de Europa pasaba por extenderse por todo el mundo: el crecimiento anual del PIB de los países de la OCDE junto con el de los países emergentes. Esta es la época del auge del neoliberalismo.

La lógica neoliberal se articuló en Europa como un juego económico de enriquecimiento colectivo ilimitado. Los estados Europeos comenzaron a pensar el mundo como su propio mercado para con ese crecimiento indefinido, entendiendo que así podrían neutralizar las tensiones que habían llevado a las guerras continentales y los totalitarismos. La economía, en tanto que crecimiento colectivo ilimitado, es el fundamento mismo del Estado: ese es el secreto que guarda el neoliberalismo, la economía como condición de posibilidad del Estado.

Hay una íntima conexión entre el COVID-19 y la crisis climática

La crisis climática, y la crisis del COVID-19 como última expresión de la misma, han desvelado la contradicción capital-naturaleza, la contradicción fundamental entre el crecimiento ilimitado y el planeta: si el capitalismo, para su desarrollo, necesita de la transformación del medio, violentándolo, los límites biofísicos del planeta Tierra suponen su principio y su fin. ¿Qué ha desvelado esta crisis sanitaria? Por un lado, la mercantilización de la vida ha desgastado hasta el mínimo el sistema de salud público en España, muy claramente en la Comunidad de Madrid, fruto de las políticas neoliberales. Pero, por otro lado y quizá menos evidente, la íntima conexión entre el COVID-19 y la crisis climática: el coronavirus, en tanto que zoonosis, ha sido posible muy probablemente por los múltiples mercados de animales en China, lugar en el que ya se originó el SARS. No solo eso: la degradación ambiental ha condicionado que nos hagamos más vulnerables ante los virus; y, en plena globalización, deviene fácilmente en pandemia. No pocos expertos han señalado ya las especies más propensas a desaparecer son aquellas que amortiguan las enfermedades infecciosas, perdiéndose gradualmente la función protectora de los ecosistemas y la biodiversidad.

El COVID-19 también nos muestra momentáneamente que la lógica del win-win, en contradicción profunda con la Tierra, lleva inevitablemente a una reorganización hacia el juego económico de suma cero. La bautizada Internacional Nacionalista (Trump, Boris Johnson, Bolsonaro, Orbán, etc.), ante este escenario está articulando una política en clave ecofascista: si la crisis ecológica es crónica y ello genera conflictos sociales, los Estados han de “cortar el grifo”. Si no hay para todos, primero los de aquí, por si acaso. En esta aceleración de huida hacia delante, mediante una desglobalización paulatina, una involución democrática y un repliegue nacional identitario, está en juego el espacio vital.

Sin embargo, hay que hacer una última reflexión: todo proceso transformador está sujeto a disputas, y este es uno de ellos. Miremos de nuevo el espíritu del 45: ¿qué nos puede decir a nosotros y nosotras aquella época? ¿Volverá a haber una “normalidad” como la que teníamos? ¿O será nueva? ¿Qué otra normalidad se configurará a partir de aquí? Sea cual sea, está claro que será una lucha política, como siempre ha sido. Y quizás el horizonte a dibujar deba ser ecofeminista, o no será.

Christian Ferreiro
Escrito por

Graduado en filosofía por la Universidad de Oviedo/Uviéu. Inculto cinematográfico en tratamiento. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

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