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Opinión

Cierre al salir (o la ultraderechita cobarde)

La ultraderecha siempre ha sido valiente con los débiles, y cobarde, miserable y sumisa con los fuertes.

Foto: Creative Commons/Rich Renomeron

Prácticamente desde el momento en que el Gobierno progresista asumió sus funciones, hemos sido testigos de una durísima campaña de acoso y derribo que se ha librado por igual en los frentes político y mediático. Este Gobierno, nacido de la voluntad democrática de las urnas, fue a pesar de todo calificado de ilegítimo por la extrema derecha, con la connivencia y simpatía de sus aliados ‘moderados’.

Se toleró, justificó y permitió aquella narrativa entonces, y la enorme dimensión de la crisis sanitaria – y económica – en la que nos encontramos inmersos no ha hecho más que desatar los instintos más bajos y ruines de la caverna española. Con la excepción de unas semanas al inicio de la pandemia – un periodo ‘de cortesía’ durante el cual la dimensión de la tragedia fue tan abrumadora que superó incluso el casi inexistente baremo moral de los ultras – hemos visto a una derecha enrabietada, capaz de recurrir a todo tipo de calificativos, dispuesta a fomentar todo tipo de teorías conspiranoicas, alimentando un clima de crispación y enfrentamiento que servía a la narrativa del ‘gobierno ilegítimo’ que ya habían anticipado.

Cuando Pablo Iglesias ha acusado a Vox de desear un golpe de estado, no ha faltado a la verdad.

Hemos visto a agitadores disfrazados de periodistas acusando a Pablo Iglesias de asesinar a los ancianos en las residencias, calificando a Pedro Sánchez de sepulturero, desatando una guerra contra médicos y científicos hasta afirmar que la OMS trabaja para el Partido Comunista Chino, animando y jaleando concentraciones que atentaban contra la salud pública, se han hecho llamamientos a una intervención de las fuerzas armadas, del Rey, a la creación de un ‘Gobierno de Salvación Nacional’ con un apestoso tufo a ‘cirujano de hierro’… En mitad de una crisis sanitaria histórica que se ha cobrado miles de vidas, la cúpula de Vox organizaba una manifestación de ambiente festivo que el propio Espinosa de los Monteros comparaba con ‘ganar la copa del mundo’.

Así que cuando Pablo Iglesias ha acusado a Vox de desear un golpe de estado, no ha faltado a la verdad. La pandemia no ha hecho más que profundizar un desprecio a las reglas del juego democrático que la derecha española profesa de forma especialmente ferviente, y que además nunca se ha molestado en disimular, con pandemia o sin ella. Por eso sorprende que, después de una campaña continuada en la que ha valido todo, Espinosa de los Monteros se levantara de la Comisión de Reconstrucción, humillado y ofendido porque el vicepresidente segundo había tenido la osadía de responderle.

Se han hecho llamamientos a una intervención de las fuerzas armadas

En el momento en que por fin tenía la ocasión de librar su batalla contra un gobierno que, si realmente cree lo que dice, es responsable de atroces crímenes, Espinosa de los Monteros decidía hacer mutis por el foro. Aquellos que acusaban con calificativos despectivos a sus predecesores, y que prometían un valor que éstos aparentemente no habían tenido a la hora de enfrentarse a la izquierda, han resultado ser tanto o más cobardes que ellos.

No es de extrañar. La ultraderecha siempre ha sido valiente con los débiles, y cobarde, miserable y sumisa con los fuertes. Siempre se ha atrevido a lanzarse contra la gente trabajadora, la que no tiene nada más que las manos con las que se gana la vida, mientras lame la bota de los poderosos. Pablo Iglesias no ha hecho más que recordarnos que, debajo de todas las bravuconadas, debajo de toda la palabrería, de las amenazas y acusaciones, se esconden los mismos cobardes de siempre, que desaparecen en cuanto el enfrentamiento se produce frente a frente, cara a cara, de tú a tú. Como Espinosa de los Monteros, todos los reaccionarios, matones venidos a más, tienden a huir cuando alguien les hace frente. Y por desgracia para ellos, los demócratas no vamos a arrugarnos.

España no es suya: cierren al salir. 

Daniel Fernández
Escrito por

Es ingeniero y redactor en La Mayoría.online

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