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Feminismos

AFA: las mujeres que revolucionaron la Asturies de la Transición

La semana pasada fallecía Begoña Sánchez, co-fundadora de un colectivo pionero y clave en el feminismo asturiano de los 70 y 80.

Foto: AFA.

La semana pasada fallecía Begoña Sánchez una de las fundadoras de AFA, la Asociación Feminista de Asturias. Filóloga inglesa, profesora de enseñanza media, Sánchez llegaría al feminismo procedente de la militancia en el movimiento estudiantil antifranquista y en la Liga Comunista Revolucionaria, uno de los partidos de la izquierda radical más activos en aquel entonces. Paloma Uría, otra de las fundadoras de AFA, dirigente del Movimiento Comunista de Asturias, y posteriomente diputada autonómica de IU, la define como “una de las compañeras más activas, imaginativas y combativas”. Para Uría, Begoña sería “un puntal de AFA”, durante su larga historia, llena de altos y bajos, desde el imparable activismo del periodo 1975 – 1983, a una última etapa más concentrada en la labor cultural y editorial.

La eclosión feminista en la Transición democrática

El feminismo va a ser entre 1978 y 1981 uno de los movimientos sociales más dinámicos y exitosos a la hora de abrir debates, impulsar cambios culturales y lograr reformas legales. Serían años de efervescencia feminista en todo el país, y Asturies no quedaría al margen de este clima reivindicativo.

En noviembre de 1976 hacía su presentación oficial en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su logo, que se mantiene hasta el día de hoy, fue obra de la pintora gijonesa Mabel Lavandera. AFA sería la principal plataforma del movimiento asturiano entre finales de los 70 y principios de los 80. Su programa fundacional, según Paloma Uría, estaba inspirado en el aprobado en las Jornadas Catalanas de la Mujer celebradas en mayo de 1976 en Barcelona, y que serían uno de los hitos del feminismo español de la Transición.

La Asociación Feminista de Asturias estaba impulsada principalmente por mujeres del MCA y la LCR, y en menor medida de otros partidos de la izquierda radical, como el PTE y Bandera Roja, así como por algunas otras feministas sin militancia de partido, agrupadas en el Colectivo Feminista de Asturias. Un año más tarde, en junio de 1977, AFA participaría en la campaña de Unidad Regionalista, candidatura electoral promovida por el MC y otros partidos de la izquierda radical, asturianistas e independientes, aportando el componente feminista a sus mítines y actos públicos.

Jornadas Catalanas de la Dona, Barcelona, mayo de 1976. Foto: Pilar Aymerich.

Previamente a AFA había existido en Asturies el Movimiento Democrático de Mujeres, un colectivo impulsado en toda España por mujeres del PCE, pero con un contenido más genéricamente antifranquista y de clase que específicamente feminista. El MDM asturiano había nacido en 1966 de forma clandestina, impulsado por la dirección del partido. Sus integrantes en su mayoría eran amas de casa, mujeres de clase obrera, esposas de militantes comunistas, muchos de ellos encarcelados por su actividad política. Sus acciones irían desde la lucha por la amnistía de los presos políticos, al apoyo en los conflictos obreros, la reivindicación de mejoras en los barrios populares o la protesta contra la carestía de la vida. Posteriormente se unirían al MDM, rebautizado como MDM/Movimiento de Liberación de la Mujer, algunas universitarias con una mentalidad más feminista, como Marisa Castro, que pilotaría a la organización hacia posiciones más avanzadas en cuestiones de género. Las comunistas del PCE también participarían en las primeras conversaciones para fundar AFA, celebradas a lo largo de 1976 en un local cedido por unas monjas gijonesas. Sin embargo, las militantes del PCE finalmente abandonarían aquel espacio de confluencia por discrepancias tácticas e ideológicas con las mujeres de la izquierda radical. El detonante, recuerda Uría, sería la inclusión en las siglas de AFA de la letra “D” y la palabra “democracia”. Mientras las comunistas querían constituir una asociación donde la cuestión central fuera la lucha democrática, las de la izquierda radical, consideraban que para eso ya existían muchas plataformas y partidos, y que lo que se trataba era de crear un grupo específicamente volcado a las reivindicaciones feministas. A finales de 1976 la democracia estaba al caer, pero no estaba claro que el nuevo sistema político fuese a incorporar las reivindicaciones del feminismo. Los primeros manifiestos de AFA, además de reivindicar la libertad de las personas encarceladas por cuestiones políticas, reclamaban la liberación de las mujeres presas por adulterio o por aborto, consideradas tan represaliadas por la dictadura como quien estaba en la cárcel por repartir propaganda ilegal o participar en una huelga.

Cartel de AFA.

La batalla del aborto

En 1978, sólo tres años después de la muerte de Franco, y apenas un año después de las primeras elecciones democráticas, se van a producir cuatro grandes hitos legales en el camino de la emancipación de las mujeres y la democratización de la vida cotidiana: el reconocimiento en la Constitución de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, la despenalización del adulterio y de la homosexualidad, ambos castigados hasta entonces con penas de cárcel, y la legalización de los anticonceptivos. Pendiente de resolver quedará sin embargo la cuestión del aborto, un tema espinoso, que se convertirá en el principal caballo de batalla del movimiento feminista en la última fase de la Transición y los primeros años 80.

AFA haría de la lucha por el derecho al aborto el eje de su actividad reivindicativa en aquellos años. Entre las acciones más controvertidas del colectivo estaría la filmación de un aborto clandestino, proyectado después en una rueda de prensa, la ocupación de un autobús urbano de Oviedo/Uviéu para desplegar en él la pancarta “Nos vamos a Londres a abortar”, con el que recorrerían las principales calles de la capital, el encierro en el Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu, del que serían desalojadas por la fuerza pública, o la intervención de madrugada en varios kioskos ovetenses para colocar mensajes con tinta roja en defensa del aborto libre y gratuito en fajos del periódico La Nueva España.

Entrevista con Teresa Meana, co fundadora de AFA. Vídeo: AFA.

Aunque según Uría la asociación siempre tuvo claro que no quería ser un colectivo asistencial, sino reivindicativo, también abrirían un espacio de apoyo a mujeres con embarazos no deseados en su sede del Club Cutural de Oviedo, espacio de confluencia de la izquierda local. En mayo de 1982 la revista progresista Xera recogía los testimonios de varias asturianas que habían tenido que abortar de forma clandestina. Así relataba Carmen, de 30 años, ama de casa, con dos hijos, sus aborto clandestino en Xixón:

“Hace cuatro años, cuando el pequeño tenía dos, me quedé embarazada y por decisión propia decidí abortar (…) Recurrí a una mujer que se había hecho varios y me dijo que había tres posibilidades. La primera era un practicante al que había que pagarle el favor previamente en carne, la segunda otro hombre que lo hacía en condiciones muy precarias, y la tercera, otro que lo hacía bien. Opté por el último pagando 29.000 pesetas (…) Al tumbarme en la camilla observé que la sábana estaba manchada con sangre de la anterior y donde colocaba las piernas estaba forrado de trapos de cocina (Esta era la mejor posibilidad que se me había ofrecido!). El material lo lavaba en un cubo de plástico que no se si tendría algún desinfectante, y una de las pinzas con las que cogió mi matriz tenía los extremos rotos, así que al enganchar unas tres veces se le soltaba y el dolor era terrible (…) Por eso, si hoy me quedara embarazada no volvería a abortar porque uno vale, y otro pasa, pero lo que no se puede es estar jugando con mi vida cada vez que me quedo embarazada. Si mi anticoncepción me falla, no podría quitarme un tercero, pero no es una cuestión moral, es por mi misma. Lo tendría”

Ocupación de un autobús en Oviedo/Uviéu por militantes de AFA. Foto: AFA.

Entre el activismo cultural, la colaboración institucional y la acción directa

El éxito de AFA consistirá en la creación de un espacio unitario centrado en unas reivindicaciones feministas relacionadas sobre todo con el derecho a la sexualidad, incluyendo entre estas, temáticas hasta entonces consideradas tabú, como el lesbianismo. Lejos de los temores de las militantes feministas de la izquierda parlamentaria, el activismo radical de AFA hallaría un importante eco en una sociedad asturiana donde muchas mujeres deseaban ansiosas información para abortar o adquirir anticoceptivos. Una prueba de ello sería la importante audiencia femenina que hallarían sus charlas informativas en asociaciones vecinales y de amas de casa. Lejos del cliché de unas amas de casa obreras timoratas en lo sexual y preocupadas sobre todo por las cuestiones socioeconómicas, como salarios, vivienda, precio de la cesta de la compra o servicios públicos, muchas de estas mujeres acudían a sus charlas a informarse con aquellas universitarias que les hablaban de anticoceptivos, planificación familiar y derecho al goce sexual.

Acción en el Paseo de los Álamos. Foto: AFA.

A pesar de la militancia de buena parte de las dirigentes feministas en la izquierda radical, AFA lograría ser una experiencia mucho más transversal e influyente que sus partidos. Ejemplo de ello será el éxito en 1979 de las mociones en los ayuntamientos asturianos en apoyo a las mujeres procesadas en Bilbao por prácticas abortivas. Incluso en Oviedo, con una ajustada hegemonía de las derechas, la ruptura de la disciplina de voto por parte de la concejala de UCD, Aida Oceransky, permitirá sacar adelante la moción, presentada por las feministas, y apoyada por los ediles del PSOE y del PCA. AFA también organizará actividades culturales como el estreno en el Teatro Campoamor del clásico de Hebert Biberman “La Sal de la Tierra” (1954), prohibida hasta entonces por la dictadura, convocará desde 1977 las primeras manifestaciones del 8 de marzo con sindicatos y partidos de izquierdas, y comenzará a colaborar con ayuntamientos progresistas, como los de Xixón y Mieres, en la organización de los actos del Día de la Mujer. Esta colaboración institucional coexistirá con acciones directas como una patrulla de mujeres para perseguir y capturar a un agresor sexual en los jardines del Campillín en Oviedo/Uviéu, o la ocupación, en 1984, con tiendas de campaña, de la Plaza Porlier de la capital, en solidaridad con el campamento pacifista de Greenham Common, en Reino Unido. Una acción que acabaría con un nuevo desalojo policial y que pretendía aunar lucha feminista y antimilitarista en el marco del movimiento anti OTAN y contra el despliegue de misiles nucleares en Europa Occidental.

Campamento pacifista de mujeres en Greenham Common, activo entre 1981 y 2000.

Con sede en el Club Cultural de Oviedo, AFA llegará a tener grupos locales en Oviedo, Xixón, Avilés y Mieres. Para Paloma Uría, la importancia de AFA, como en general la de todo el movimiento feminista surgido en la Transición, va a declinar a partir de la victoria del PSOE en octubre de 1982. El Gobierno de Felipe González va a crear en 1983 el Instituto de la Mujer, en el que se van a integrar muchos cuadros del movimiento feminista. El partido socialista, en el poder entre 1982 y 1996, va asumir, parcialmente, algunas de las reivindicaciones feministas, como el aborto, regulado en 1985, pero de forma muy restrictiva, para tres supuestos: riesgo grave para la salud física o psíquica de la mujer embarazada, violación o malformaciones del feto.

A partir de 1983 una parte del feminismo va a ir integrándose en los contornos sociales e institucionales del PSOE, considerando que desde las administraciones gobernadas por el partido socialista se abre la oportunidad de realizar progresivamente el programa feminista, mientras que otra, muy crítica con las políticas económicas y sociales del PSOE, se va a distanciar y mantener en los márgenes, pero con mucha menos influencia. En las propias biografías de las militantes de AFA se recoge esa disyuntiva. Mientras algunas de sus antiguas activistas se han mantenido en la militancia social, otras han tenido importantes cargos institucionales: alcaldesas, concejalas, diputadas o consejeras autonómicas.

AFA mantiene en la actualidad una actividad fundamentalmente cultural, así como presencia en internet. Nuevas generaciones y colectivos han recogido en los últimos años de efervescencia feminista, su testigo en la sociedad asturiana.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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