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Opinión

Begoña Sánchez González, in memoriam

La profesora de pedagogía de la Universidad de Oviedo/Uviéu, Esperanza Fernández, despide a esta histórica feminista asturiana.

El eco de la calle propaga la noticia de que Begoña Sánchez González, voz encarnada del feminismo asturiano, ha muerto. Llegan amables condolencias, algunas, en su énfasis por señalar lo que Begoña era, dan la medida de la amiga que perdemos. Ciertamente, compartimos muchas apreciaciones con las que retener la figura de Begoña. Su sabiduría, su ironía, su humor, su valentía…, palabras que en su abstracción podrían desdibujar su singularísima personalidad.

Somos palabras y no hay un afuera de ellas para nombrar a quien tan bien las manejó, tanto por su vasta erudición y sus ricos acentos, como por los tonos y los gestos. Begoña desbordó el sentido común del decir, ella apuraba las polisemias para que en el gesto encontráramos el matiz, el guiño, la complicidad. Más que el cuerpo herido por el lenguaje, como vio Lacan, el suyo parecía gozado por las semánticas y las sonoridades.

Si venir al mundo es venir al lenguaje, es venir a la norma, Begoña tomó clara conciencia de la lengua, no sólo en sus aspectos formales, sino también en la conciencia crítica de la lengua, en las relaciones entre lengua y poder. El lenguaje está poblado –superpoblado- de las intenciones de quien tiene el poder de su control y aceptar este mandato es renunciar a la posibilidad de redefinirlo. Begoña no renunció a provocar discusión y no aceptó las respuestas que el discurso patriarcal impone. Ella se sirvió de su profundo conocimiento del lenguaje para cuestionar la ortopedia de los discursos del poder y, sabedora de que el lenguaje no sólo nos crea y nos piensa, sino que guía nuestras emociones y dirige nuestra personalidad, orientó su obstinada voluntad a subvertir el régimen de producción de verdad.

Este bagaje y el temprano y casual encuentro que tuvo con la obra, El segundo sexo, de Simone de Beauvoir –no se nace mujer, se llega a serlo-, le permitieron desentrañar ese devenir sujeto en las múltiples sujeciones sociales. De este modo, ya muy precozmente, las diversas lecturas con que fue orientando sus pasos la hicieron comprometerse en la lucha feminista, en la lucha por las libertades políticas, en la reivindicación ecologista y la tenaz defensa de los animales. Begoña encarnó en sus apuestas vitales esa posición ética que toma partido por el sufrimiento del otro, de modo que ninguna causa por la justicia y la equidad social le fue ajena.

Begoña, luminaria del feminismo asturiano, se ha ido a encender estrellas, seguirá clareando nuestra oscuridad.

Esperanza Fernández
Escrito por

Es profesora de pedagogía en la Universidad de Oviedo/Uviéu.

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