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Opinión

Enemigos de lo verde

El hormigón, las ‘plazas duras’, el desprecio al patrimonio histórico, y unas pocas plantas exóticas recluidas en maceteros, símbolos de la resurreción del urbanismo gabinista.

Bulevar de El Vasco, Uviéu FOTO: Iván G. Fernández

“El nuevo Oviedo ya está en marcha”, señaló en plena parálisis por la pandemia del COVID-19 el concejal de urbanismo Nacho Cuesta, mientras abría al público los espacios libres del complejo Gran Bulevar y los mostraba como un anticipo de las obras que vendrán después: más torres de pisos y oficinas, equipado comercial y de ocio, aparcamientos, una gran “rotonda amorfa “en sustitución de la glorieta de la Cruz Roja y el desventramiento de La Fábrica de Armas, entre otras.

Bulevar de El Vasco. FOTO: Iván G. Fernández

Esos primeros espacios inaugurados en marzo no son más que un conjunto desarticulado de losas, tránsitos y plataformas de hormigón desprovistos de cualquier soplo de vida, inhóspitos y anodinos; y sí, cierta y desgraciadamente, nos pueden dar una idea de la ciudad que nos espera, una ciudad en la que el ADN gabinista resurge y se actualiza tras el paréntesis y los proyectos truncados del último lustro.

En efecto, el complejo del Vasco o Gran Bulevar hunde sus raíces en lo más profundo del gabinismo depredador, esa variante local (y hortera) del desarrollismo español de las últimas décadas que se apropia del poder simbólico de las palabras arraigadas en la memoria colectiva (El Vasco, El Bulevar, La Vega) mientras tritura su contenido y lo sustituye por un amasijo de ladrillo y corrupción.

Plaza del Bulevar de El Vasco. FOTO: Iván G. Fernández

Es conveniente recordar que el Gran Bulevar se yergue sobre los escombros de una de las joyas arquitectónicas con las que se embelleció el Oviedo de hace un siglo, la Estación del Ferrocarril Vasco- Asturiano, y que antes de terminar por convertirse en un producto banal y estandarizado, se proyectó como Museo para la Colección Masaveu, Palacio de la Artes, Palacio Municipal, Palacio de Justicia e incluso como el escenario para situar los tres rascacielos ideados en forma de “Trillizas” por Santiago Calatrava, el arquitecto que también vistió de “modernidad” la operación fraudulenta que la misma sociedad del Vasco (Jovellanos XXI) perpetró con la construcción del ruinoso Palacio de Congresos en los terrenos de Buenavista.

Infografía del fallido Bulevar de Santuyano.

Proyectos innecesarios casi siempre, fruto de la especulación inmobiliaria con los terrenos públicos resultantes de la destrucción del patrimonio de la industrialización ovetense y promocionados con etiquetas tan cautivadoras como engañosas, caso del famoso Cinturón Verde en el que se incluye la parcela del Vasco y de la propia denominación de Gran Bulevar que usurpa la marca del proyecto impulsado durante años por Imagina un Bulevar. Un proyecto que pretendía transformar el tramo de autopista que desgaja a Oviedo en su extremo oriental en un gran parque lineal con el tráfico calmado, los barrios reencontrados y el patrimonio recuperado: el Bulevar de Santuyano, algo radicalmente distinto a lo que representa el inmueble del Vasco.

Remodelación “verde” del Paseo de Sant Joan, Barcelona, para introducir más elementos naturales. Foto: Adrià Goula.

La ciudad del gabinismo, que ahora resucita sin haber llegado a morir, se levanta sobre la negación y el ocultamiento del legado histórico, pero también sobre el desprecio a la naturaleza y su conversión en simple mobiliario urbano, en un decorado de plantas exóticas recluidas en maceteros y privadas de sus funciones innatas y su morfología original.

La historia de la humanidad y de sus ciudades se desarrolló durante siglos sobre la destrucción de la naturaleza, pero hace tiempo que se ha comenzado a entender que, lejos de perturbar el ambiente urbano, la naturaleza puede jugar un importante papel en las ciudades, mejorando las condiciones de protección climática, la habitabilidad, el ocio o el abastecimiento alimentario. Los cinturones y anillos verdes, los corredores y cuñas naturales, los huertos verticales, estanques y cursos de agua, la naturalización, en definitiva, de las ciudades, se abre paso en todo el mundo. Pero “el nuevo Oviedo que ya está en marcha” transita en la dirección contraria.

Infografía del bipartito PP-Cs para La Vega.

Las ciudades avanzadas que nos atraen por su carácter ordenado, equilibrado e inclusivo no son fruto de la casualidad sino de una planificación pública en la que se anteponen los derechos a la vivienda, el medio ambiente y el patrimonio (los mismos que se recogen en nuestra Constitución) a los intereses particulares y la especulación mercantilista. Las ciudades sostenibles se asientan firmemente sobre su historia y se armonizan con el entorno natural. De ambos obtienen nuevos recursos económicos, culturales y sociales, y así conforman su identidad y su originalidad.

“El nuevo Oviedo que está en marcha“ consiste en un cocotero, descontextualizado e infértil, anclado a una plancha de hormigón.

Manuel Maurín
Escrito por

Es profesor titular de geografía de la Universidad de Oviedo/Uviéu y activista en diferentes movimientos por el derecho a la ciudad.

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