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Jacobeolandia: el país de las maravillas de Nuñez Feijoo

La crisis ha puesto en evidencia una década de recortes y la perpetuación de un modelo económico de dependencia en el que Galicia es espoliada por unas pocas transnacionales.

Protesta de los trabajadores gallegos de Alcoa. Foto: 404 Comunicación Popular / Alex Zapico

Tras el fracaso de la revolución democrática, es decir, del ciclo que va del 15M y las mareas, a Podemos, las confluencias gallega y catalana, las ciudades del cambio, el fallido proceso constituyente catalán y la eclosión feminista, el movimiento pendular de la política nos trae hoy la agenda autoritaria de la derecha extremada y de la ultraderecha. Es este el momento Weimar que vive el Estado español, o lo que Valle-Inclán definió en su día como corral nublado, pocos años antes de que el fascismo terminara de forma violenta con la experiencia democrática de la II República.

Estas negras tormentas llevan a que una parte de la prensa progresista española, desde el desconocimiento absoluto de Galicia, encuentre en Núñez Feijóo a un supuesto aliado contra el PP de Pablo Casado. Pero es, simplemente, una ilusión. La hegemonía conservadora en Galicia se construyó a partir de la herencia caciquil de los años de la dictadura, primero alrededor de la figura de Manuel Fraga Iribarne, discípulo de Carl Schmitt y lector de alguno de los clásicos del marxismo. Fraga supo modernizar y unificar la derecha, al mismo tiempo que generó una idea de Galicia transversal que ha heredado un PPdeG más desacomplejado, que ya no necesita tanto esa identificación con el país para travestir su pasado franquista. El proceso de asimilación cultural de Galicia a España y a la globalización avanza a pasos agigantados.

Campaña gallega de Manuel Fraga en 1981.

Al contrario de lo que repiten en sus argumentarios, el PPdeG gobierna en coalición con los principales poder económicos y mediáticos del país. El miedo y el confinamiento, junto con la contaminación de las redes sociales por parte de la ultraderecha, reforzó la hegemonía conservadora, y limitó los debates evidentes post-covid. En la Galicia campeona de la desescalada, la mitad de las muertes como consecuencia del covid 19 fueron en residencias de mayores, después de una década negra de privatizaciones por parte del actual presidente de la Xunta de Galicia.

Campaña electoral de Alberto Núñez Feijoo en 2020. Foto: PP de Galicia.

Y es que en esta crisis lo que saltó por los aires es Jacobeolandia, el país de las maravillas de Núñez Feijóo. Sin embargo, las consecuencias de los recortes y las privatizaciones y la necesidad de reforzar lo público y lo común no están apenas presentes en los principales medios de comunicación. Con independencia del resultado electoral de este 12-J, pagaremos cara una década de desmantelamiento de nuestros sectores estratégicos, la pérdida de más de 20.000 puestos de trabajo en la industria y la perpetuación de un modelo de dependencia en el que Galicia es espoliada de sus riquezas naturales mediante actividades de bajo valor añadido con graves impactos de contaminación al servicio de intereses privados de unas pocas trasnacionales. Alcoa es el ejemplo más evidente de este despropósito perpetuado desde su privatización en 1996 por José María Aznar, en el que se inyectaron más de 1.000 millones de euros no vinculados ni al mantenimiento de los puestos de trabajo ni tampoco a la inversión para poder competir con las emergentes economías asiáticas.

Protesta de los trabajadores de Alcoa, en Lugo. Foto: 404 Comunicación Popular/ Alex Zapico.

El momento Weimar supone también el reflujo del que en algún momento se entendió como espacio del cambio, y que en Galicia tuvo una dinámica propia muy fuerte. AGE en 2012, también en unas elecciones gallegas, fue la primera traducción política del 15-M y un antecedente de lo que después fue Podemos. Anova, la organización fundada por el histórico dirigente del nacionalismo gallego Xosé Manuel Beiras, junto con una Esquerda Unida liderada por la actual Ministra de Trabajo Yolanda Díaz, tuvo unos resultados sorprendentes que rompieron el tablero político del bipartidismo imperfecto que padecíamos, en el que la alternativa al PPdeG pasaba necesariamente por un acuerdo del PSOE con un BNG subalternizado.

El líder de SYRIZA, Alexis Tsipras en un mitin de AGE, en las elecciones europeas de 2014.

Las elecciones del 12-J son una incógnita, tanto por el número de indecisos como por el peso que puede tener la abstención. El shock del confinamiento, junto con la posibilidad de nuevos rebrotes que ya se han localizado y el impacto que en esto pueda tener la próxima apertura de la actividad turística hace que el escenario esté abierto. El gobierno de Jacobeolandia acaba de decretar la obligatoriedad de la mascarilla después de adelantar a la Gomera en esta nueva normalidad.

Foto: PP de Galicia.

Vengan bien o mal dadas el espacio de la Unidad Popular no tiene derecho a excusarse detrás del poder hegemónico del PPdeG. Tendrá que superar la impaciencia valorando lo que pudo hacer y que no hizo, buscando la conexión con la gente que le permitió gobernar las principales ciudades del país con las candidaturas municipalistas de Compostela Abierta, Marea Atlántica y Ferrol en Común. También habrá que abrir el debate, seguramente sin estridencias, de cómo organizar el espacio y de qué herramientas de construcción popular son necesarias para resistir el momento Weimar. Sin esa musculatura estaremos más débiles a la hora de dar respuestas a las amenazas que se ciernen hoy contra todos nosotros y nosotras.

Martiño Noriega, ex alcalde de Santiago de Compostela, en un acto de campaña.

Así está el parte de guerra en Galicia, y como ven parece que vamos perdiendo. No hablo de unas elecciones, sino de los movimientos de fondo que se dan en una sociedad. Para entendernos mejor y para saber que es lo que nos jugamos en lo inmediato, no está de más recordar que Alberto Núñez Feijóo, presidente de Jacobeolandia, abandonó un acto institucional de la Xunta de Galicia en Nueva York para aterrizar en Madrid e ir corriendo a Colón a sacarse una foto con Abascal y con Rivera. Este es el militante del extremo centro al que queremos derrotar el próximo 12-J y que tanto seduce a una parte de la progresía española. Háganme caso, derrotar en Galicia a Núñez Feijóo es derrotar también toda la opereta golpista que vemos estos días sobrevolar el Congreso convertido en esperpento y en histerismo de los señoritos bien.

Pepe Arias
Escrito por

Está vinculado al mundo de la edición y los medios de comunicación, es militante de ANOVA, y participa en Compostela Aberta.

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