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Las “doce rosas” de Candás ya tienen su película

El documental ‘Les Candases’ rescata del olvido el asesinato en 1938 de doce personas en el Cabu Peñes a manos de pistoleros falangistas.

Cabu Peñes. Foto: Explora Tu Ruta.

Será una vez más la gran pantalla la encargada de reavivar el recuerdo del sufrimiento causado por la represión franquista en el contexto de la Guerra Civil. Si en 2007 el director Emilio Martínez-Lázaro nos sobrecogió con la historia de Las Trece Rosas, que recordaba el fusilamiento de trece mujeres en Madrid a manos de las tropas franquistas bajo acusaciones absurdas, este fin de semana será el turno de Les Candases, doce personas (cinco hombres y siete mujeres) arrojadas a los acantilados del Cabu Peñes por matones falangistas, un dos de junio de 1938.

Fotograma de la película “Les Candases”

El Teatro Prendes de la villa carreñense acoge este sábado el estreno del documental de JK Álvarez, que siguiendo como hilo conductor la narración de los descendientes de las víctimas, rememora este turbio suceso del pasado local. Para los dos pases previstos ya no quedan entradas disponibles.

Transmisión oral

La historia del suceso era bien conocida en el pueblo, principalmente gracias a la transmisión oral de los candasinos, que llevan 80 años sorteando el halo de miedo y silencio que la rodea para contar el asunto, en voz baja y de puertas adentro, a sus hijos y nietos. El proceso de recuperación de la memoria histórica ha sacado del armario este relato sobrecogedor, que no solo da cuenta, una vez más, de la miseria humana del bando vencedor, sino del valor y el coraje de algunas de sus víctimas, en su mayoría personas humildes que poco o nada tenían que ver con la política.

El primero que se atrevió a romper el hielo de la barbarie fue José Carlos Álvarez, biznieto de Rosaura Muñiz, una de las asesinadas. En 2016 escribió para la publicación Candás Marinero un pormenorizado relato de lo que le ocurrió a ella y a su yerno, Selmo Rondón, torturado, asesinado y víctima de escarnio público por parte de los sicarios fascistas en medio del pueblo. Su crónica puede leerse en el siguiente enlace.

Selmo estaba fugado por ser representante de la CNT en la Sociedad de Mareantes. Ni siquiera había luchado en el frente. Localizado por los justicieros del régimen trató de escapar y uno de los perseguidores mató a uno de sus compañeros al errar el disparo. Evidentemente, le echaron la culpa al sindicalista. Y pagó por ello.

Al verlo arrastrado a golpes por medio del pueblo Rosaura reprochó su actitud a los agresores. Solo por eso acabó arrestada con él en el centro de detención de Casa Genarín. Ambos compartieron allí detención, torturas y miedo con el resto de los doce. Guillermo, Daría, Rita, Selmo, María, Áurea… Todos acabaron aquella noche arrojados por los acantilados del Cabu Peñes.

Solo un cuerpo exhumado hasta el momento

Sus cadáveres comenzaron a llegar a las playas colindantes en los días posteriores. El de Rosaura fue reconocido por el número de su bata de trabajadora en la fábrica de conservas Albo. Fueron enterrados en Bañugues, pero no se sabe exactamente dónde.

Trabajadoras y trabajadores de “Conservas Herrero”, Candás, 1930.

El forense Francisco Etxeberria, junto con voluntarios de la Asociación Para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) exhumó en 2017 una fosa en el cementerio de esta localidad. Apareció un cuerpo y las pruebas de ADN le pusieron nombre y apellidos. Se trataba de Daría González. La única identificada hasta hoy.

Víctimas sin filiación política

Pescadores, trabajadoras de la conserva, gente humilde… Ninguno tenía filiación política ni etiqueta ideológica, salvo el mencionado Selmo, y María ‘La Papona’. El director del documental recuerda que los asesinos justificaron la ejecución afirmando que fueron asaltados por los represaliados. Así se lo contó Luis Miguel Cuervo, de la ARMH, entidad que ha investigado las circunstancias de la matanza.

“Los mataron por represalias o por envidias. Los falangistas mataban y no tenían que rendir cuentas ante nadie. Se trata de contar un crimen concreto que ocurrió en Candás. Vamos a darlo a conocer y que no se saquen las cosas de contexto”, comenta JK Álvarez.

J.K Álvarez, director del documental.

El documentalista, si bien satisfecho con su trabajo, ando algo quemado. Como era de esperar, ha recibido un buen puñado de mensajes recordando lo de siempre, que no hay que reabrir heridas, que los rojos también mataron. Cierto. Por ejemplo al empresario local Bernardo Alfageme y a su nieto, o al escultor Antonio Rodríguez ‘Antón’. El primero tiene dedicada una calle y el nombre del cementerio. El segundo tiene otra calle; su obra más importante, La Marinera, preside la entrada del Paseo Marítimo; y el museo local lleva su nombre, inaugurado por cierto, bajo un gobierno municipal de Izquierda Unida. Para Les Candases, por el contrario, no hubo ningún recuerdo hasta el año pasado, cuando el Ayuntamiento aprobó llamar así una de las plazas del centro urbano.

Juaco, ex falangista, era buen amigo de uno de los asesinados, y ha accedido a contarlo ante el objetivo de Álvarez.

El director del documental recalca que su historia no habla de política, sino de “un suceso con fuerte carga emocional que hay que dar a conocer”. No parece que su trabajo peque de sectarismo ideológico. Ante de sus cámaras, además del propio Etxeberria, desfilan vecinos de todos los colores. Uno de ellos es Joaquín Aramendi, ‘Juaco’l Cho’, un hombre muy querido en el pueblo y que nunca ha ocultado su pasado falangista. Juaco era buen amigo de uno de los asesinados, Guillermo, hermano de Selmo, y ha accedido a contarlo ante el objetivo de Álvarez.

Él y una mujer, Julia Álvarez, son los dos únicos protagonistas del reportaje que vivían en el momento de los hechos. Pero en el pueblo quedan más testigos. Uno de los más importantes, y una de las principales ausencias en la pieza, es Rosaura Rodríguez, nieta de Rosaura Muñiz, abuela de quien suscribe este artículo, y que tenía doce años cuando se produjo el crimen. Hoy en día recuerda con nitidez cómo acompañó a su madre, Tomasa, al centro de detención para interesarse por su abuela y le informaron de que se la habían llevado en un camión al Cabu Peñes a las cinco de la mañana. Su hermano Juan, recientemente fallecido, el hijo de este y uno de sus nietos participaron en las excavaciones de Bañugues con la esperanza de encontrar a la mujer represaliada.

Rosaura no ha querido salir en el documental. No le gusta hablar del asunto, a no ser con sus familiares más directos. Es ese precisamente el reino de omertá que JK Álvarez pretende romper con este trabajo.

“No se trata de una historia política ni de reabrir heridas entre bandos”, recalca el realizador asturiano, que pide ver el documental antes de dejarse llevar por “los prejuicios”, y luego “que cada uno saque sus conclusiones”.

No parece que en el pueblo de Candás exista el riesgo de reabrir ninguna herida. Los asesinos y torturadores de Les Candases se pasearon tranquilamente por las calles de la villa hasta el fin de sus días. Todos menos uno, al que según varias versiones, algunas de las mujeres agarraron antes de ser empujadas al vacío y acabó cayéndose con ellas.

Fotograma de la película

Sus descendientes, y los descendientes de sus víctimas, han seguido haciendo su vida. Algunos son conocidos e incluso amigos. Nadie reprocha nada a nadie. No es el rencor ni el revanchismo lo que motiva la presentación de este documental, si no las ganas de una parte de la sociedad de no olvidar un hecho terrible.

Además, paradojas de la vida, ochenta años después, el edificio de la Casa Genarín, el centro de detención en el que torturaron a Les Candases, es hoy la sede del Ayuntamiento de Carreño. De sus 17 concejales, siete son del PSOE, cinco de Izquierda Unida, dos de Somos y tres del PP. Elección tras elección la izquierda arrasa en el municipio. Parece que los rojos ya se han tomado su revancha. Y de sobra.

David Artime
Escrito por

Periodista y escritor. En 2009, ganó el premio de narrativa en lengua asturiana de la editorial Trabe con la novela "La Bufanda", en la que aborda el mundo de los ultras de fútbol.

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