Objetivo: liquidar el Bulevar y La Vega en una sola operación

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Manuel Maurín
Manuel Maurín
Es profesor titular de geografía de la Universidad de Oviedo/Uviéu y activista en diferentes movimientos por el derecho a la ciudad.

Tras ganar las elecciones municipales de 2019, la derecha ovetense se encontró, en la perspectiva urbanística y territorial, con una herencia incómoda en forma de planes más o menos avanzados, aunque inconclusos, que dibujaban un futuro muy apartado del modelo desarrollista y especulativo de las décadas anteriores. Planes a corto y medio plazo para la creación de un anillo verde agro-natural en torno a la ciudad y con el Monte Naranco como pieza principal, para la instauración de un sistema de movilidad sostenible y para la regeneración de espacios degradados de alto valor patrimonial y localización estratégica, como el Campo de San Francisco, las viejas fábricas de Gas y de La Vega, el entorno de Santuyano y la entrada a Oviedo por la antigua “Y” o los terrenos e inmuebles abandonados del viejo Hospital.

Además, con una perspectiva más integradora y a largo plazo, también se había iniciado el proceso de revisión del planeamiento general del municipio que igualmente definía, desde un principio (en el pliego de condiciones), un modelo de ciudad sostenible, contenida, inclusiva y participativa.

El propio carácter estratégico y la ambición y complejidad de la mayor parte de los proyectos iniciados requería más de una legislatura para su efectiva implementación, lo que unido a los obstáculos y zancadillas premeditadas de la burocracia municipal creada por el gabinismo, la oposición frontal de los poderes fácticos y mediáticos, el limitado músculo social y vecinal de sustento y las propias disputas internas entre los grupos políticos del gobierno municipal, impidió cualquier materialización relevante al fin del mandato, aunque sí dejó preparado ese conjunto de raíces y sembrados urbanísticos que el nuevo gobierno podía continuar desarrollando, modificar parcialmente o desterrar de manera definitiva.

La defensa del patrimonio se equipara con una “nostalgia paralizante”.

Y a esto último se ha dedicado el nuevo bipartito PP – Ciudadanos durante el primer año y medio de mandato: a ir desterrando, uno a uno, los proyectos anteriores mientras imponía, en paralelo, al equipo redactor del Plan General un giro copernicano en el discurso y las líneas básicas para el nuevo Documento de Prioridades. Todo ello con el objetivo de restaurar en Oviedo el patrón clásico del urbanismo depredador y especulativo en el que todos los recursos se ponen al servicio de la construcción, el turismo y la hostelería y donde la invocación del patrimonio se equipara a una “nostalgia paralizante”.

Dejando para más adelante otras intervenciones, como cabía esperar, el principal terreno de juego y disputa se ha venido a concentrar en el espacio que se extiende entre la Fábrica de Gas, la Fábrica de Armas y el Bulevar de Santuyano; el que mejores expectativas de negocio permite en un futuro próximo, pero donde los problemas de titularidad de propiedad, la magnitud de los terrenos y su propio contenido aconsejan la fragmentación y el troceamiento de los mismos como paso previo a su desvalorización patrimonial y su transformación en áreas de oportunidad lucrativa (por decirlo eufemísticamente).

Cuando los redactores del Plan General, como voceros del Ayuntamiento y confrontando directamente con la catalogación como conjunto industrial (entre los 100 más importantes de España) del propio Comité Internacional para la conservación y defensa del Patrimonio Industrial (TICCIH), argumentan que La Vega “no es un conjunto sino una trama urbana vallada, por lo que debe desarrollarse manzana a manzana”, o cuando defienden que la finalidad del conjunto industrial de la Fábrica de Gas es “dotar de suelo al casco histórico”, están intentando arrasar cualquier concepción que implique la consideración de esos espacios desde la perspectiva de su valor histórico-cultural para reducirlos a mero objeto de trato y especulación.

Se pretende acabar con el Bulevar de Santuyano y el patrimonio industrial de la Vega en una operación unificada.

Esa es la batalla conceptual, que prepara el terreno para la intervención lucrativa, pero también desde hace tiempo se ha ido planteando una batalla física en la que, utilizando como instrumento principal un nuevo proyecto de articulación viaria en la zona, se pretende acabar con el Bulevar de Santuyano y el patrimonio industrial de la Vega en una operación unificada.

Descartando, sin mayor explicación, el proyecto Bosque y Valle, que garantizaba la protección tanto del prerrománico de Santuyano como del espacio industrial de La Vega (y que había sido reconocido como merecedor de financiación europea por su carácter inclusivo y sostenible) la nueva propuesta introduce la infraestructura viaria y el tráfico en el viejo recinto fabril con la supuesta intención de alejar su impacto del templo prerrománico, alimentando así, en primer lugar, una falsa dicotomía sobre la mayor o menor importancia de los diferentes tipos de patrimonio.

De manera insolente el proyecto desventra el Taller de Cañones de Sánchez del Río, uno de los principales iconos arquitectónicos de la Fábrica de Armas y del Movimiento Moderno en Oviedo, fragmenta espacialmente la unidad del conjunto industrial y rompe el hilo conductor de su evolución histórica. Y todo ello, sin resolver, sino acentuando, los principales problemas que originalmente pretendía afrontar el diseño del Bulevar, más allá de la protección del patrimonio: la integración de los barrios separados por la antigua autopista y la reducción y pacificación del tráfico en uno de los ámbitos con el aire más contaminado del municipio.

Pero, al mismo tiempo, ¿no están señalando también las infografías y los planos con las nuevas rotondas el acceso privilegiado a un complejo residencial y comercial (con aparcamiento incluido) situado estratégicamente sobre los terrenos de la antigua estación y vías del Vasco, donde justamente desemboca la infraestructura proyectada? ¿no estarán también pretendiendo abrir el propio recinto de la Vega al negocio privado antes que a la protección y el uso público?

Más aún, el nuevo proyecto de acceso a Oviedo a través de la Vega y otras iniciativas similares indican que, para la mayoría de la corporación municipal y el referente social y cultural que representa, el patrimonio industrial es una parte perturbadora de la ciudad, un obstáculo a abatir. Con su definitiva desaparición no solo conseguirían terrenos para nuevos usos y plusvalías, sino que eliminarían definitivamente los símbolos del trabajo, de la historia industrial y obrera de la ciudad, su memoria y su identidad.

Aunque es frecuente escuchar que la política de tierra quemada del bipartito ovetense obedece a impulsos sectarios que simplemente pretenden borrar todo lo que había iniciado el gobierno anterior sin proponer alternativas razonables, no debería subestimarse la existencia de un verdadero y completo programa de vuelta al urbanismo neoliberal en el que sobra tanto la participación de la ciudadanía como la protección del patrimonio, ya que el objetivo es fomentar los negocios privados sobre el suelo (y el vuelo) público.

Y por ello, la creación de un tejido social amplio y responsable, la extensión de la cultura sobre el patrimonio común y la participación ciudadana son, sin duda, las principales armas para resistir e impugnar esa pretendida restauración devastadora.

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