Transversalidad genetiana

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Roberto Corte
Roberto Corte
Roberto Corte (Oviedo, 1962). Vinculado al teatro asturiano desde 1980, y ligado a la autoría y dirección en el ámbito escénico, en la actualidad colabora como crítico en revistas especializadas.

Las criadas, de Jean Genet
Versión y traducción: Paco Becerra
Dirección: Luis Luque
Intérpretes: Ana Torrent, Alicia Borrachero y Jorge Calvo
Espacio escénico: Mónica Boromello
Teatro Jovellanos, Gijón, 30 de enero

No recuerdo si era Víctor García o Genet quien le decía a Nuria Espert que Las criadas “son dos cucarachas en una escupidera”. Pues bien, si tuviéramos que definir rápidamente y de la misma manera el trabajo de Luis Luque diríamos que las suyas son dos androides dispuestos a cometer un crimen en un laboratorio metafísico de clonación (y vaya la imagen como broma a modo de impresión simbólica inmediata). Lo primero que hay que agradecerle a Luis Luque es la originalidad de su montaje y el acierto que supone desmarcarse de los caminos trillados, de los habituales planteamientos realistas que sitúan los hechos en una habitación y del aguafuerte expresionista. Y lo segundo el hacerlo con una propuesta plástica que concede al diseño y a la escenografía (Mónica Boromello) el legítimo derecho a la creación, en sintonía con la pieza, en lugar de ser un mero elemento ilustrativo subsidiario, que es como de ordinario se nos presentan en la escena. Tanto es el tiempo que llevamos sin ver obras audaces y atrevidas que reconforta saber que aún existen excepciones. Un juego de encuadres superpuestos define y delimita los espacios, con incidencia también en el suelo y el telar. El impacto del blanco omnipresente sobre el que se inscriben los personajes es el filtro inmaculado que confiere a la obra su carácter minimalista y conceptual, y aporta las claves desde donde hay que mirar para disfrutar con plenitud de la función. Las rosas rojas son así más rosas y más rojas, multiplicando su poder evocador al igual que ocurre con el vestuario de la señora. La presentación de los personajes en una peana giratoria como si fueran maniquíes en un escaparate los despoja de su “carnalidad”, y los desplaza y fortifica en el plano intelectual de las ideas, que es un poco lo que le sucede también al argumento. Es cierto que todo es más abstracto y espectral, aséptico y estático, pero bello, de una belleza consustancial con la liturgia y el universo genetiano.

La suplantación de identidades, el juego de espejos, la ceremonia como catalizador del deseo y la realidad, del amor y el odio –lo medular en Las criadas–, están igualmente en el montaje, con variación de perspectivas y relieves. Genet siempre ha negado, no sin cierta impostura y petulancia, la lectura política y “de clase” que tiene la pieza, pero… por si a alguien le quedasen dudas, la línea blanca y postmoderna de Luis Luque nos lo deja bien claro. Las actrices Ana Torrent y Alicia Borrachero, impolutas hasta en el tocado, merced al vestuario preciosista y futurista de Almudena Rodríguez, consiguen una Claire y una Solange magníficas, portadoras de rigor existencial y de una naturalidad muy acorde con el enunciado estético. Quizás Ana Torrent consigue más matices (yo siempre veo a la niña encantadora y enigmática de mirada azabache). José Calvo, por su parte, hace de contrapunto y de señora –muy bruñida– que carga con toda la parafernalia y los excesos. Su teatralidad búdica, a lo Hare Krishna, es uno de los mayores aciertos y el elemento imprescindible que da proyección y calado al espectáculo. Sin esa exuberancia de opereta todo se quedaría a ras de suelo, chato y abatido.

Estamos ante una propuesta artística atrevida y compacta, sin disonancias ni cabos sueltos. Desde la música amenazadora y premonitoria de Luis Miguel Cobo, hasta, por poner otro ejemplo… lo bien integrado que está el teléfono fijo de pared de hace 70 años, en la era de la telefonía móvil. El blanco silencioso y fluorescente de Felipe Ramos, desde la iluminación, también ayuda. Aunque Genet publicó dos o tres versiones diferentes y yo sólo conozco la canónica, la traducción y adaptación de Paco Becerra intertextualiza e injerta algunas frases –o eso creo– del francés apátrida enterrado en Larache. Como Las criadas de Luis Luque son igualmente sediciosas poseen la virtud de no dejar a ningún espectador indiferente.

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