Solo la declaración BIC puede salvar la colección de arte de Cajastur

Los trabajadores de la extinta obra social y cultural de la entidad financiera propusieron reunir las 3.000 obras en el Revillagigedo.

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Luis Feás
Luis Feás
Periodista, crítico de arte y comisario de exposiciones. Ha escrito en La Voz de Asturias y Atlántica XXII entre otros medios. http://luisfeas.com/contacto/

Dice la consejera de Cultura del Principado de Asturias, Berta Piñán, que lo de la Colección Cajastur “es la pescadilla que se muerde la cola”. Que para iniciar el procedimiento de protección bajo el imperativo de la Ley de Patrimonio Cultural ha de saberse antes lo que hay que proteger, y que como desde la Fundación Bancaria se responde que no darán la información hasta que se inicie el procedimiento hay poco que hacer, a no ser los servicios jurídicos encuentren “una grieta, para ver cómo podemos solucionarlo”.

Desde Cajastur ya se rechazó una petición similar en 2017 y, ante la noticia de la fusión entre Liberbank y Unicaja, recientemente la Consejería solicitó tanto al banco como a la Fundación Bancaria que le remitiera información detallada sobre las piezas que integran la colección y sobre su ubicación actual, para decidir si pueden ser declaradas en parte o en su conjunto como Bien de Interés Cultural (BIC) o catalogadas bajo cualquier otra figura de protección.

“Nos dicen que sólo podemos reclamar los inventarios si hay una instrucción abierta para declararlos BIC, pero solo podemos iniciar esa declaración si previamente sabemos qué bien queremos proteger, y para eso necesitamos un inventario”, explicó en respuesta a una pregunta parlamentaria de Podemos. Es, como dice, el eterno retorno de lo mismo, en un ciclo implacable que empezó a girar hace una década, pero sólo si no hay voluntad de deshacerlo, porque en realidad hay información más que suficiente para cortar esa pescadilla gordiana, sacarle la raspa e iniciar de una vez el expediente, antes de que venga el gato.

Alegoría del Ahorro

Se comenta que hay catalogadas entre 8.000 y 3.000 piezas, según las fuentes, pero la cantidad real se acerca más a esta última cifra, conforme al último inventario de que hay constancia, realizado en 2014. Este último catálogo habría servido para hacer la partición entre Cajastur y Liberbank, que se adjudicó los fondos adquiridos hasta 1999, es decir, el grueso de la colección.

Son obras de valor muy desigual, pues en el inventario se incluyen piezas de mobiliario, por ejemplo. La parte más importante es la colección de pintura, dibujo y escultura, que cuando en 1996 Francisco Crabiffosse publicó su catalogación estaba compuesta por unas 1.000 obras, a las que habría que sumar otras 100 que no pudieron ser estudiadas porque estaban desaparecidas.

La Caja de Ahorros de Asturias nació en 1946 por la unión del veterano Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Oviedo, fundado en 1880, y la más joven Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Gijón, de 1929. Ya en sus primigenios estatutos se establecía dedicar parte de los remanentes obtenidos en sus ejercicios económicos a la realización de obras sociales, culturales y de utilidad pública.

Este carácter benéfico se concretó en 1956 con la inauguración del flamante edificio de su nueva sede en Oviedo, en la plaza de la Escandalera. En la planta de acceso a este rascacielos, en la escalera principal, Paulino Vicente pintaría una Alegoría del Ahorro en óleo sobre panel de oro. En la planta baja se habilitó un salón de actos, decorado con pinturas de su hijo, Paulino Vicente el Mozo, y una moderna sala de exposiciones que enseguida se vio que respondía a una demanda social.

La sala se estrenó con la exposición del Apostolado de El Greco propiedad del Marqués de San Feliz, hoy en el Museo de Bellas Artes de Asturias, y en ella se realizaría, en 1957, una de las primeras exposiciones del grupo El Paso, recién constituido entonces, hito en el arranque de la abstracción en España y en Asturias, así como otras exposiciones fundamentales como la itinerante Pintura Asturiana Contemporánea (1958-1965). En 1960 se abriría la sala de exposiciones de Gijón y en 1962 la de Avilés, tras las que vendrían las de Mieres, Sama y La Felguera.

los estatutos de la entidad fijaban que parte de sus beneficios debían destinarse a obra cultural

A comienzos de los años sesenta se pondría en marcha además la creación de la colección propia de pintura y escultura, que contó con el asesoramiento de relevantes artistas locales y fue conseguida mediante adquisiciones y donaciones relacionadas con su programa de exposiciones.

Para no depender tanto de los vaivenes de la moda y de la oportunidad, a comienzos de los años ochenta se planteó la necesidad de constituir una comisión permanente que asesorara sobre los criterios que debían servir para completar y ampliar la colección. Se decidió entonces adquirir en el mercado algunas obras pertenecientes a artistas asturianos fallecidos, mientras que en lo que se refiere al arte contemporáneo se prosiguió con la adquisición de obra en las exposiciones temporales y en las convocatorias artísticas de ámbito nacional celebradas en Asturias.

Bajo el mandato de profesionales como Evaristo Arce o Blas Fernández arrancaría entonces el período de mayor esplendor de la Obra Social y Cultural de Cajastur, que culminó con la inauguración en 1991 de un centro internacional de arte en el Palacio Revillagigedo de Gijón, por el que pasaron artistas como el francés Francis Picabia, el italiano Mimmo Paladino o el norteamericano Julian Schnabel.

Finalmente, en 1996 se habilitaron y se abrieron como sala de exposiciones los bajos del modernista edificio de viviendas del número 14 de la calle San Francisco de Oviedo, a los que luego se les añadiría un moderno salón de actos en la parte de atrás, ya con Regina Rubio al frente de la Obra Social y Cultural.

Más tarde vendría la reconversión innecesaria y el cierre precipitado de su espacio más emblemático, la sala de exposiciones del edificio histórico de la plaza de la Escandalera de Oviedo, centro de debate y tertulia, alrededor de su memorable ambigú y el mural de Luis del Fresno. Tenía problemas de accesibilidad, pero el cierre fue prematuro porque el nuevo espacio de la calle San Francisco resultó defectuoso a los pocos años.

La ruina afectaba no sólo al edificio sino a toda la programación cultural, que inició un proceso de desconcertante declive que se acentuó a partir de 2005, con el nombramiento de José Vega al frente de la Obra Social y Cultural de Cajastur. Pero otro vendrá que bueno te hará y sería Carlos Siñeriz quien a la postre decretaría el cierre de todas las actividades culturales, a partir de 2013.

Durante este tiempo, se pasó de un concepto de cesión en alquiler, que admitía el carácter comercial de las exposiciones y duró al menos hasta 1982, a un mayor rigor en la aceptación de propuestas recibidas, combinado con producciones propias más ambiciosas y catálogos más completos. Pero por lo general se mantuvo el “peaje” de que todo el que pasara por allí debía donar una obra, algo que bordea los límites de las buenas prácticas actuales y que explicaría las lagunas y las desigualdades existentes en los fondos de la entidad bancaria.

Obras maestras de artistas asturianos

En la colección de arte hay obras maestras de al menos 70 artistas asturianos de primera línea, unos treinta de ellos fallecidos. Alrededor de 40 de estas obras maestras han sido reproducidas en mi colección Artistas Asturianos o seleccionadas en algunas de las exposiciones de las que fui comisario, entre ellas la titulada Pintores de la tierra. Obras escogidas de las colecciones de las Cajas de Ahorros, celebrada en el Centro Cultural Cajastur Palacio Revillagigedo de Gijón en 2005.

Muchas de estas obras están indisociablemente ligadas a la entidad bancaria, como los retratos de los dos primeros Marqueses de San Feliz, pintados por Augusto Junquera y Paulino Vicente, o los ya citados grandes lienzos de Paulino Vicente el Mozo, Las Artes y Las Ciencias, que decoraron el salón de actos. También otras menores, como la acuarela de Adolfo Álvarez Folgueras que recoge la primera sede del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Oviedo, en la desaparecida calle de Platerías.

Igualmente forman parte de la historia de la ciudad los tres grandes lienzos pintados por Jaime Herrero para los antiguos Cines Clarín en 1978, que tras su adquisición por Cajastur fueron colocados en las oficinas del Monte de Piedad, junto a la Catedral de Oviedo, ahora mismo cerradas tras haberse vendido el edificio a una constructora para su conversión en un hotel de lujo.

Dos de las obras que más destacan son el Bodegón de Lastres (1897) de Telesforo Fernández Cuevas y Víctimas de la fiesta (1894) de Darío de Regoyos, ambas actualmente en depósito en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Hay obras maestras de pintores de la Colonia de Muros como José Robles (un paisaje de Soto del Barco, de 1904) o de otros como Augusto Junquera, en especial Enseñar al que no sabe, de 1910, en el que aparece en su labor altruista el Padre Vinjoy. Del propio Junquera hay un espléndido retrato pintado por José Ramón Zaragoza en 1901. Están muy bien representados artistas como Evaristo Valle, José Antonio Purón Sotres, Orlando Pelayo, César G.-Pola, Antonio Suárez o Pepa Osorio, con dos de los mejores cuadros de su serie Cibernética e informática, de 1979. También lo están Joaquín Vaquero Turcios, Eduardo Úrculo y José Andrés Gutiérrez, junto a otros como Eugenio Tamayo o Mariano Moré, y así hasta llegar a Kely, fallecida en 2013.

De artistas vivos hay buena representación de decanos del arte asturiano como Elías García Benavides y Bernardo Sanjurjo, y obras maestras de Adolfo Bartolomé, Carlos Sierra, Hugo O’Donnell, Miguel Galano, Pelayo Ortega o Antonio Gil Morán, a los que se añadirían pintores nacidos en los años sesenta como Maite Centol, Cristina Cuesta, Guillermo Simón o Pablo de Lillo. De los escultores destacan los fallecidos Joaquín Rubio Camín o José María Navascués (cuyas obras constan pero no aparecen catalogadas) y los todavía activos y siempre excelentes María Jesús Rodríguez y Pablo Maojo, que acaba de cumplir sesenta años.

En total hay obra relevante de al menos 90 artistas asturianos de primera categoría, entre pintores y escultores, en justo equilibrio entre fallecidos y vivos. Desde Dionisio Fierros (Ballota, Cudillero, 1827-Madrid, 1894) hasta Isabel Cuadrado (Oviedo, 1965), pasando por Nicanor Piñole (con alguno de sus autorretratos más reproducidos), Joaquín Vaquero Palacios, Aurelio Suárez, Alejandro Mieres, Manuel Calvo, José Luis Fernández, José Manuel Núñez, Francisco Velasco, Luis Fega, Vicente Pastor, Ricardo Mojardín, Mario Cervero, Luis Vigil, Ramón Isidoro, Charo Cimas o Pelayo Varela.

Con independencia del valor de las obras en sí, hay otras que valen en su conjunto, como son las de los pintores de lo que Jesús Villa Pastur denominó la Escuela Paisajística Ovetense, en la que junto a los maestros Francisco Casariego y Eugenio Tamayo, y el destacado César G.-Pola, participaron otros como Francisco Coronado Casariego, Pedro Álvarez Miranda, Fermín Álvarez-Pedrosa, Ruperto Álvarez Caravia, Ángel Enrique y Álvaro Entrialgo, buena parte de ellos acuarelistas. Lo mismo podría decirse de pintores de Gijón, con grupos como el de El Sotanín, en el que estaban Marola o el recientemente fallecido Fernando Magdaleno, uno de cuyos cuadros de 1963 fue portada de una de las exposiciones que se hicieron en los años noventa sobre la colección. También hay artistas de Avilés y otros de Langreo y Mieres, como Sócrates Quintana.

La colección cuenta con unas 3.000 obras de altísimo nivel

En ese relato habría que incluir obras adquiridas en certámenes nacionales como la Bienal de Pintura La Carbonera, de Langreo, o el Certamen Nacional de Arte de Luarca (CNAL), que expuso desde su inicio en 1970 y financió con compra de obras desde 1999 hasta 2014. Así, llegaron a la Colección Cajastur fotografías de Carlos Suárez, Teodoro Hernando, Ernesto García o Cristóbal Robés, junto a pinturas de Israel y otras obras de Luis Lanzas o Manuel Villanueva. Al recuento habrá que añadirle lo adquirido en el Salón de Fotografía, que se inició en 1949 y fue renovado en los años noventa, y en el de Grabado, convertido también entonces en Trienal.

Artistas nacionales e internacionales

Sobre el valor de conjunto también habría que citar a los pintores de la denominada Escuela de Madrid, no sólo Álvaro Delgado, que estuvo ligado a Asturias y fue uno de los primeros en exponer en la sala de la Caja de Ahorros de Oviedo, en 1957. Allí expusieron juntos en ese mismo año inaugural y de los participantes se conserva obra de Cirilo Martínez Novillo, Agustín Redondela o María Antonia Dans.

Pero hay obra de al menos otros 50 artistas nacionales e internacionales, de 49 de los cuales se mostró obra en la última exposición que se ha realizado hasta el momento sobre la colección Cajastur-Liberbank, celebrada en 2019 en el Museo Barjola de Gijón y que dejaba fuera a los artistas asturianos. Entre los artistas internacionales más conocidos allí exhibidos se encontraban Pedro Cabrita Reis, Georg Herold, Joseph Kosuth, Sol Lewit, Roberto Matta, Markus Oehlen, Mimmo Paladino o Simone Vögele, con obras en muchos casos de gran formato.

Entre los nacionales, hay una obra maestra indiscutible, la escultura Desocupación de la esfera de Jorge Oteiza, que fue obra invitada del Museo de Bellas Artes de Asturias y una de las estrellas de la exposición que en 2012 reunió en el Palacio Revillagigedo de Gijón las 105 obras más destacadas de las Cajas de Ahorros de Cantabria, Extremadura, Castilla-La Mancha y Asturias, fundidas en Liberbank. Junto a esta escultura hay otras obras importantes de Jordi Colomer, Juana Francés, Ferrán García Sevilla, Juan Genovés, Juan Giralt, Eva Lootz, Rogelio López Cuenca o Xesús Vázquez, así como una preciosa pieza informalista de Lucio Muñoz, de lo mejor de la colección.

Como la división entre Liberbank y la Fundación Cajastur pone la frontera de la colección en el año 1999, podría parecer que desde 2000 casi no se adquirieron obras relevantes, salvo algún cuadro de Hugo Fontela, y que por tanto no queda en Cajastur nada importante. Pero basta recordar la exposición de 2019 para comprobar que no es así, pues en ella figuraban obras más recientes de artistas nacionales tan destacados como Joan Brossa, los premios nacionales de fotografía Joan Fontcuberta e Isabel Muñoz, pintores de primera línea como Luis Gordillo, Luis Caruncho, Joan Hernández Pijuan o Rafols Casamada y el renovador Darío Villaba, junto a otros más jóvenes como Arancha Goyeneche o Ciuco Gutiérrez y artistas internacionales como Mark Formanek, Jan Hendriks o Elisabeth Vary.

Otro conjunto valioso, por su coste, son las esculturas de los caballos asturcones de Manolo Valdés, en sus dos versiones de bronce y madera, que supusieron, junto a la exposición que organizó en 2005 la marchante María Porto, esposa de Francisco Álvarez-Cascos, de su serie de esculturas dedicada a las Meninas, en el Paseo de los Álamos de Oviedo, más de 200 millones de las antiguas pesetas.

Ni Las CAJAS más corruptas han renunciado a su obra cultural

Es de suponer que también figurará en la colección alguna obra de la donostiarra Cristina Iglesias, en compensación por los 1,4 millones de euros dedicados por Liberbank a instalar en Toledo tres de sus fuentes escultóricas con ocasión de la celebración del centenario de El Greco, en 2014, cuando se suponía que ya no había dinero para obra cultural. Llama la atención esa inversión cuando Caja Castilla-La Mancha (CCM) era entonces el agujero más negro de Liberbank y no formaba parte propiamente del grupo bancario, sino que fue adquirida por Cajastur con ayuda oficial. El proyecto costó en total 2 millones de euros.

Deber de guardar secreto

Saber dónde se encuentra la colección, cómo ha sido el reparto y qué va a pasar con ella ante la fusión de Liberbank en Unicaja sería tan sencillo como pedirle a las representantes de la Junta General del Principado y el Ayuntamiento de Gijón, Adonina Tardón y Montserrat Martínez López, que lo reclamaran en el Patronato de Cajastur. En los estatutos de la Fundación Bancaria se recoge su total independencia con respecto a quienes las han nombrado, pero también su facultad de inspección, vigilancia y orientación de las actividades de la Fundación y la exención del deber de guardar secreto cuando la información sea requerida por las autoridades de protectorado y supervisión, es decir, el Principado de Asturias.

Ni las Cajas de Ahorros más afectadas por la corrupción, como Caixa Catalunya (Caso Narcís Serra) o Caja Madrid (Caso Blesa, Caso Rato, Caso Tarjetas Black), han renunciado a su obra cultural, que en los ejemplos citados desarrollan en la Casa Milà y la Casa Encendida. Tampoco a sus colecciones de arte, pues cuando la misma Caixa Galicia, que acabó con sus directivos en la cárcel, cambió de dueños y pasó a denominarse Abanca, de lo primero que hicieron fue promover la declararación de su importante colección de arte gallego, de más de 5.000 obras, como Bien de Interés Cultural (BIC) por parte de la Xunta de Galicia, para certificar el compromiso “para la conservación y difusión de un elemento básico del patrimonio cultural de Galicia por su carácter singular y ampliamente representativo del panorama artístico gallego”.

La ley del Principado de Asturias de Patrimonio Cultural, también permite declarar BIC una colección como la de Cajastur, como establecesu artículo 12. Esto implicaría el deber de conservarla en su integridad e impediría su disgregación sin autorización de la Consejería de Cultura. Y en todo caso pondría en todo caso limitaciones a la transmisión y supondría en último término el derecho de tanteo y retracto.La declaración como BIC permitiría además ordenar su depósito en un centro como el Palacio Revillagigedo de Gijón, que es el único gran activo patrimonial inmobiliario que permanece en manos de la Fundación Bancaria Cajastur y no de Liberbank. Se podría hacer cumplir así el último sueño de los trabajadores de la extinta Obra Cultural de Cajastur, como sería abrirlo al público con la exposición permanente de su colección de arte, preservando su integridad y realizando un servicio público de gran valía.

En sus negociaciones con el Ayuntamiento de Gijón se han estimado los costes anuales en 1,2 millones de euros, pero es una cifra a todas luces exagerada.

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