Oviedo, la ciudad sin cara

El Bulevar de Santuyano sería un gran pasillo verde que serviría como puerta de entrada a la capital, y conexión peatonal entre los barrios de La Vega y la iglesia prerrománica.

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Eduardo Menéndez
Eduardo Menéndez
Es geólogo y miembro de Ecoloxistes n´Aición d´Asturies.

Hace años, un grupo de activistas de Oviedo, bajo el paraguas de una asociación cultural llamada Cambalache, programó recorridos por la ciudad con la idea de conocer su historia, distinguir los diferentes estilos arquitectónicos presentes en ella, y conocer su rico patrimonio industrial. Uno de esos recorridos fue conducido por Sergio Tomé, profesor de geografía de la Universidad de Oviedo, y en una de sus disertaciones dijo que Oviedo era una ciudad sin cara.

Durante las movilizaciones del 15 M del 2011, en la Plaza de la Escandalera se constituyó un grupo formado por personas interesadas en discutir sobre urbanismo y ordenación del territorio; al cabo de unos días el grupo decidió trasladarse al barrio de Ventanielles donde había una protesta contra una conexión que se quería hacer desde el barrio a la autovía Y.

En un ejercicio de participación de abajo hacia arriba, ese grupo junto con otras asociaciones vecinales de la zona, empiezan a reunirse para buscar una solución integral a la penetración de la autovía en la ciudad que incomunica sus partes y amenaza a la prerrománica Iglesia de Santuyano, patrimonio de la humanidad. El proceso fue largo, incluso con laboriosas jornadas de fines de semana. Allí florece un sueño colectivo que culmina con la propuesta del Bulevar de Santuyano, un anhelo que va siendo compartido por cada vez más personas en la ciudad, hasta convertirse en un proyecto que es sacado a concurso público por el Ayuntamiento y adjudicado al ganador, Eslava y Tejada arquitectos, bajo el lema “bosque y valle”.

El proyecto plantea la entrada a Oviedo desde el norte, por un pasillo verde que comienza a darle cara a la ciudad: a la derecha la Iglesia Prerrománica de Santuyano, a la izquierda un pequeño lago en el fondo de la Fábrica de Armas, hoy sin uso, pero que integra un rico conjunto de arquitectura industrial que ocupa unas doce hectáreas al noreste de la parte inferior de la colina donde se asienta el núcleo medieval de la ciudad.

Propuesta de convertir el Bulevar de Santuyano en un corredor verde

La fábrica, trasladada desde Plasencia de las Armas (Guipúzcoa) a Oviedo, en el año 1794 para alejarla de la frontera francesa, se organizó primeramente en base a tareas gremiales que se desarrollaban en distintos domicilios de la ciudad, situándose las dependencias centrales, donde se realizaba el montaje, en el Palacio del Duque del Parque. El traslado en 1858 al desamortizado convento de benedictinas de La Vega supuso un cambio de modo de producción desde un modo artesanal, propio de una sociedad tributaria, a otro con talleres y maquinaria, propio del desarrollo industrial capitalista. Este acontecimiento, junto con la puesta en marcha del ferrocarril Vasco-Asturiano y su estación de Jovellanos en los extramuros, genera un aporte inmigratorio de proletariado desde el País Vasco que contribuye a la formación de nuevos arrabales adaptados a la arquitectura rural, como la plaza de los Vizcaínos y la calle Portugalete (actual Melquiades Álvarez), que unido a la Fábrica de Gas con producción de yeso, aneja y emplazada extramuros, en la huerta del Deán en 1857, van conformando la expansión  del Oviedo amurallado y los inicios de su transformación burguesa.

Toda esta panorámica desde el norte y este, se completa con la gótica Catedral de una sola torre que culmina lo más alto de la colina.

Pero la alegría dura poco en la casa del pobre, llegaron unos bárbaros, estos no venían del norte sino de la derecha, que acabaron con nuestros sueños y nos sumieron en una pesadilla. Primero nos proponen trepanar el taller de cañones, obra  de carácter racionalista de Sánchez del Río, para introducir la autopista en el corazón de la Fábrica de armas y así alejarla de la Iglesia de Santuyano.

Después, en el solar antaño de propiedad pública, de unas dos hectáreas donde se ubicaba la estación del Vasco, inaugurada en el 1906 y verdadera joya del modernismo, demolida siendo alcalde Antonio Masip -ahora D. Antonio llora como exalcalde lo que no supo defender como alcalde-, nos obsequian con el Bulevar del Vasco, conjunto “Hollywoodiense” con sus luces de neón, ascensor panorámico con gigantescas letras que ayudan al turista a saber en qué ciudad se encuentra, cemento y hormigón, paseos embaldosados, restaurantes, superficies comerciales, aparcamientos, y muchos pisos, eso sí de lujo, que maldita falta hacen en la ciudad.

Despertemos de esta pesadilla para volver a sumergirnos en un dulce sueño donde veamos de nuevo el bulevar “bosque y valle” y por fin esta ciudad adquiera la cara que hoy no tiene.

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