Ciudadanos y el balance energético del poder

A Ignacio Cuesta no le interesa romper su alianza con el PP y correr el riesgo de que su partido caiga en la irrelevancia

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Cuando todo se derrumba lo más cómodo es refugiarse en la creencia de que el nuestro es “un escenario muy particular”, dicen políticos municipales, a salvo de los seísmos y las corrientes de la Historia. Primero Murcia, Madrid, Castilla y León…y la marea ya empieza a llegarnos por los tobillos. En el ayuntamiento de Oviedo, Ignacio Cuesta se ha apresurado a salir al paso de las sospechas que sitúan a la capital asturiana como una de las próximas fichas en caer. El concejal de urbanismo, satisfecho con su cuota de poder y con expectativas de subir aún más, descarta una moción de censura PSOE-Ciudadanos en el consistorio ovetense.

Cuesta apuesta fuerte por continuar en la coalición de gobierno, aunque en sus filas abundan las suspicacias y los recelos hacia Canteli. Ese péndulo errante y bipolar que siempre ha sido Ciudadanos obstaculiza la concordia y la cohesión interna, siempre dividida entre los reproches por los trenes perdidos en el pasado—­­­la posibilidad de haber compartido la alcaldía de Oviedo con el socialista Wenceslao Fernández—y la certeza de un porvenir irrelevante fagocitado por el PP y el crecimiento de Vox.

A pesar de sus orígenes socialistas, estuvo afiliado a la AMSO hasta casi el día antes de entrar en Ciudadanos, los que le conocen bien dicen que Cuesta es un hombre de posiciones políticas conservadoras, pero al que sobre todo le interesa el poder. Un ex dirigente de Cs Asturias con el que las cosas no acabaron precisamente bien apunta que el teniente de alcalde se encuentra tan cómodo en el pacto con Canteli que podría terminar incluso en una futura lista electoral del PP si el partido de Inés Arrimadas sigue en caída libre. No sería una novedad en la política carbayona. Ya en su día Javier Sopeña paso de las filas del CDS de Adolfo Suárez a ser uno de los hombres de confianza de Gabino de Lorenzo en el PP. En el otro extremo José Luis Costillas, concejal de cultura, representa quizá al sector centrista que peor está llevando gobernar con el PP. Quienes conocen bien las intimidades de la política ovetense saben que Canteli muestra un profundo desinterés por la política cultural de Costillas y que la relación entre ambos es más que distante. Festejos de hecho se encuentra segregada de Cultura, y en las manos populares de la edil Covadonga Álvarez, ex secretaria de Nuevas Generaciones de Oviedo.

Canteli muestra un profundo desinterés por la política cultural de Costillas

Juan Vega, exviceconsejero de Foro Asturias y ahora “apartado de este carnaval”, recuerda que estas jugarretas y golpes de mano vienen ya de Maquiavelo: “Cuando tires una flecha, di que estaba siempre dirigida al sitio donde cayó. Pones cara de serio y dices que eso era lo que tenías previsto. Esa es una ley fundamental de la política”. En Asturias, territorio “periférico, y con vocación de serlo”, no cree Vega que este “realineamiento” de las fuerzas vaya a alterar los equilibrios del ayuntamiento de Oviedo.

“Ni se me pasa por la cabeza que vaya a haber una ruptura de Ciudadanos en Oviedo. El PSOE tiene la obligación de lanzar el órdago, pero sin ninguna esperanza. En Ciudadanos están cómodos y tienen muchas expectativas en su buena relación con el PP. No les compensa quebrarla”. En la medida en que Cuesta tenga su partido “razonablemente controlado”, y con una pesada mochila de cadáveres y descartes políticos (Juan Vázquez, Ignacio Prendes), Ciudadanos perseverará en su actual estrategia para no verse relegado a la insignificancia.

Y parece que eso está hecho. Desde el costado izquierdo del consistorio señalan que Ignacio Cuesta, junto a José Luis Costillas, “se han hecho con el poder local y autonómico del partido y violentan a todo el que se mueve. Cuesta tiene mano de hierro y nadie tiene capacidad ahora de quitarle el mando”.

En resumen, concluye Vega, las reglas habituales en el juego de la política: “Cuánto saco, cuánto pierdo. Balance energético”.

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