Mis mejores deseos para la Comisión de Patrimonio Mundial

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Antonio Díaz González
Antonio Díaz González
Forma parte del movimiento ciudadano "Imagina un Bulevar" y de la red Oviedo Sostenible.

Empezaré por decir que no soy yo gran conocedor de la historia de mi ciudad, quizá sea porque esta asignatura se me atragantó durante muchos años, hasta que, en el Instituto Alfonso II, una estupenda profesora, de nombre María José, me hizo disfrutar aprendiendo, al tiempo que me dejaba la mano destrozada durante los 45 minutos en los que dictaba apuntes a una velocidad endiablada. Y es que en los 15 minutos anteriores nos había abierto la curiosidad a todos contándonos, de forma entretenida y amena, lo que luego nos iba a dictar. Para un empedernido estudiante de ciencias, fue una grata sorpresa. Gracias, María José, no te las supe dar entonces.

A pesar de lo anterior, quiero escribir unas líneas para felicitar a nuestro alcalde por la decisión de impulsar la candidatura de Oviedo a Patrimonio Mundial de la Humanidad, y aplaudirle por su valentía. Y también por haber incluido en el equipo a un elenco de profesionales de gran prestigio, y por el atinado criterio de incluir en ella a varios profesionales que han demostrado su valía en diversos proyectos y trabajos sobre materiales eclesiásticos, así como a un miembro de la propia Iglesia, Canónigo de la Catedral de Oviedo y encargado adjunto del Archivo Histórico. No olvidemos que la vida de nuestra querida ciudad está muy vinculada a la de su Iglesia, y que apenas hay un rincón que no haya sido parte del patrimonio eclesiástico en algún momento, que aún hoy mantiene en su haber los edificios más destacables de la ciudad, desde el conjunto de la catedral con su claustro y la Cámara Santa, hasta las iglesias y conventos que la acompañan. No hay nada comparable en la arquitectura civil.

Este equipo de profesionales podrá explicarles sin ningún género de duda el origen de la ciudad, establecido en la fundación de un monasterio bajo la advocación de San Vicente en el año 761 (s. VIII) por los monjes Máximo y Fromestano, y explicarles que esta datación indubitable nos ha ahorrado el esfuerzo de investigar las piezas encontradas en las obras del Museo de Bellas Artes de Asturias, que parece ser que son similares a las de la Foncalada, y por tanto de una antigüedad tan irrelevante como la de esta fuente. La aparición de estas piezas no hizo que se cuestionara ni por un instante la ubicación del museo ni la continuación de su ampliación, consistente en la integración de cuarto y mitad de los edificios situados a su lado. No dudo del mérito de los arquitectos que lo diseñaron, ya que integrar ese conjunto de antiguos palacios, casonas solariegas y casas de andar por casa, no era tarea sencilla, incluyendo el desasosiego que tiene que producir a un arquitecto que su obra no se vea por fuera, y que, por dentro, tenga que competir con una colección de obras de arte ante las que tiene todas las de perder.

Que yo tampoco entiendo de arte, como ya reconocí con la historia, queda claro, ya que cada vez que veo el resultado de la ampliación de este museo tengo que dar la razón a los que hablan del menosprecio que los gobiernos del Principado han practicado con la capital. Siguiendo con la candidatura, podrán también mostrarles el mostrenco (perdón por la cacofonía) que han hecho con la ampliación del Museo Arqueológico, donde por encima del claustro, hermoso, aparece una… “construcción”, o más acertadamente, “aberración”. Será que no entiendo de arte, pero esta foto del claustro rematado con ese … palomar, se me hace difícil de soportar. Menos mal que soy un ignorante en materia de arte.

Sobre esta obra, no puedo evitar recordar la vista del ábside de la catedral
que se pudo apreciar durante su ejecución, y que yo, ingenuo, bien creí que
quedaría visible. Fue justamente lo contrario, y si antes era difícil disfrutar
de la vista de este elemento, ahora es casi imposible. Además de no entender de arte, comprendo menos aún el empeño en reconstruir sobre edificios existentes y sobre el escaso espacio disponible de la zona antigua. Creo que sería mejor disponer de espacios abiertos para disfrutar de esta zona de la ciudad, y que las ciudades crecen cuando su centro tiene plazas abiertas y espacios de uso público.

La costumbre en nuestra muy noble, y bella ciudad, viene siendo la contraria, y no hay obra en el centro que no se aproveche para aumentar volúmenes. Sobre los edificios civiles, poco trabajo van a necesitar los eruditos comisionados: apenas queda nada. Cinco o seis pilares escondidos tras la fabulosa-losa. Los “horrorosos chalets” de la Fábrica de Armas no serán inconveniente, ya que está prevista su desaparición, según los planes publicados en prensa, bajo uno de los trozos de “tartieres” previstos para la entrada a Oviedo (sic).

No les hablarán tampoco de lo que no existe, así que la desaparecida estación del Vasco no es un problema. Tampoco las históricas casas que fueron y ya no son, y de las que casi la única que queda, Villa Magdalena, la pagamos por una cantidad que daba para comprar todas las otras, desde la de Concha Heres, al chalet de los Tartiere (familia, no unidad de medida).

Por cierto, que no se me olvide el antiguo Hispania, actual sede del colegio de arquitectos (el tachón es intencionado), convertido en el centro de un moderno patio de vecinos, que bien podría semejar una corralada, y sobre el que copio literalmente:

Según los arquitectos del proyecto del nuevo Colegio el edificio no tenía el menor valor. Me pregunto si esos señores han estudiado la misma carrera que yo, porque es la única explicación que se me ocurre para un diagnóstico tan disparatado. [i]

Queda para el olvido aquella “visera” que lució durante unos años, afortunadamente sustituida por una cubierta que, aún así, desmerece de su diseño original. Pero no debemos preocuparnos demasiado, ya que queda oculta por la citada corralada, así que es seguro que, si nadie “va con el cuento”, no verán este atentado doblemente arquitectónico.


Y ya que sale a relucir un antiguo colegio reconvertido en Colegio, no puedo olvidar otro caso igual, el San Isidoro, donde actualmente se asienta el de Abogados, y bajo el que descansan los restos del complejo palatino de Alfonso III y de la desaparecida iglesia de San Juan. Parece ser que no había ningún otro lugar para levantar la sede colegial, ya que todos los terrenos liberados tras el desmontaje del maldito cinturón de hierro, vilipendiado hasta hacerlo ponerse verde, fueron destinados al crecimiento del parque de vivienda, que aseguraba un mejor negocio que los edificios públicos. Por cierto, Cinturón Verde que se llamó, y que reto a que el lector trate de identificar este color en la vista aérea de la ciudad. Yo no aprecio más que ladrillo, hormigón y asfalto donde antes había unas vías de comunicación ferroviaria, y el único tramo urbano dedicado a paseo, discurre por el subsuelo, enterrado y tan hermoso como un refugio antinuclear.

Me queda por citar unaconstrucción civil con siglos de historia, no muy bien tratada, pero que está tan escondida que los señores de la Unesco no la verán, oculta bajo una malla de vegetación. Además, podemos dar por seguro que no la van a descubrir, ya que los planes que hizo algún descabellado para limpiarla y restaurarla, están adecuadamente suspendidos sine díe. Hay que alabar la buena previsión de nuestros dirigentes al mantener la muralla medieval tapada por un manto de vegetación tan denso que es posible que aparezcan en ella nuevas especies de primates desconocidas hasta la fecha.

Y según cuentan fuentes dignas de toda confianza, las obras de limpieza están paralizadas por la presencia de un muro, no se sabe si insalvable o indestructible, cuyo objetivo parece ser asegurar la intimidad a los ocupantes de la Casa Sacerdotal, que bien merecida la tienen, tras años de exposición pública en púlpitos y presbiterios.

Y por si esto fuera poco, la Casa Sacerdotal y el Conservatorio se aposientan sobre ella, construidos prácticamente encima y tapando lo poco que no cubre la vegetación. Tanto los eclesiásticos responsables de la Casa Sacerdotal, como los seglares culpables del Conservatorio, se reparten el mérito en su esfuerzo por evitar la mala impresión que produciría a la vista esta muralla medieval.

Así que no me queda más que desearles suerte y acierto a los miembros de la comisión. Mucha suerte, y mucho acierto en mantener bajo la alfombra, vegetal por un lado, y edilicia por otro, esa obra defensiva de la ciudad, de la que sí les podrán mostrar, en cantidad suficiente como para llevársela en una carretilla, los dos “cachos” que lucen en las calles Jovellanos y el Peso.

Si aún así, no conceden a nuestra muy noble ciudad la distinción requerida, es seguro que se encontrarán culpables fuera de los responsables directos. Unos dirán aquello de: Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho. Y los otros nos recordarán que nada humano es ajeno a la Iglesia, errare, humanum est, y otras frases similares que ya escuchamos muchas veces.

Lo peor, para los carbayones, no será quedarnos sin el título de Ciudad Patrimonio Mundial de la Humanidad. Lo realmente bochornoso será saber que nos han quitado tantos y tantos elementos de nuestro patrimonio, de nuestra historia y que no hicimos apenas nada para evitarlo, de modo que lo tendremos bien merecido.

[i] http://arquitecturadeoviedo.blogspot.com/2012/12/colegio-hispania-oviedo.html Publicado 20th December 2012 por ignacio garcia de Tuñon

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