Familias diversas con animales no humanos

Los animales son seres vivos dotados de sensibilidad y no pueden ser tratados como cosas o bienes en embargos, hipotecas o divorcios

Recomendados

Nuria Saavedra
Nuria Saavedra
Activista feminista y LGTBI+, trabajadora social y profesora en un instituto de Xixón.

En los últimos tiempos hemos definido a las familias como un grupo diverso de personas con relaciones de parentesco o de convivencia que puede integrar a una mascota o animal de compañía. Pero también se ha ido reivindicando, cada vez con mayor intensidad, que el concepto de familia incluya a esos animales con los que convivimos, es decir, que los animales también sean reconocidos como miembros de familia.

Un animal de compañía, mascota o animal doméstico ha sido considerado un recurso para las personas y las familias con el propósito de brindar compañía. Han sido seleccionados por su comportamiento y adaptabilidad, y por su interacción con las personas. Además, se considera que poseer un animal de compañía puede traer consecuencias positivas a la salud biospsicosocial, ya que hace olvidar preocupaciones, evita la depresión y nos hace sentir útiles. La compañía de cualquier mascota evoca siempre ternura, compañía y amistad, cualidades que se intensifican cuando la soledad se instala en la vida de las personas; es, en esos momentos, cuando adquiere un papel más importante, al sentirlo como parte de la familia. Este ha sido un paso histórico, de hacer compañía a ser un miembro más de la familia con el que se comparte la vida.

“Se ha ido reivindicando, cada vez con más intensidad, que los animales sean reconocidos como miembros de la familia”

Por tanto, cuando estamos hablando de familia, sociológicamente, ya estamos incluyendo en la vida real y cotidiana a nuestros animales. En el ámbito jurídico, se abre un nuevo escenario sobre el régimen jurídico de los animales con la aprobación en el Pleno del Congreso de la Proposición de Ley relativa a la modificación del Código Civil (art. 333), con la Ley Hipotecaria (apartado primero del art. 111) y la Ley 1/2000 de Enjuiciamiento Civil (artículo 605). Todo ello nos sitúa en una nueva realidad, donde los animales son seres vivos dotados de sensibilidad y no pueden ser tratados como cosas o bienes en embargos, hipotecas o divorcios.

Esto nos lleva a dar un paso más allá en la relación humana-animal. Los animales no solo son un recurso o parte de nuestra familia, sino que además son seres con derechos que están vivos y dotados de sensibilidad; y que, además, debemos asegurar su bienestar y no abandonarlos ni sacrificarlos.

El 31 de enero de 2019, a nivel personal, colaboré con una iniciativa, que propuso ANADEL suscrita por Somos Llangreu-IU en el pleno del Ayuntamiento de Langreo, en una moción referida a la necesidad de que las viviendas protegidas, para mujeres víctimas de violencia de género, admitan animales.

Es importante entender la relación de los animales con las mujeres víctimas de violencia de género y también con sus hijas y/o hijos en tres aspectos fundamentalmente: es una relación de afecto y familiar; es terapéutica y bidireccional; y todos los miembros de la familia son víctimas de la violencia de género, y todas y todos -de forma directa o secundaria- se necesitan mutuamente para curar las heridas del maltrato.

Las investigaciones indican que el 48% de las supervivientes de violencia doméstica se quedan con sus maltratadores porque tienen miedo de lo que les pueda pasar a sus animales

Muchas veces, los maltratadores utilizan elementos del entorno para coaccionar o amenazar a sus víctimas. Por ello, cuando existe violencia machista en una pareja, se suele recurrir a los hijos e hijas o a los animales. Todas ellas son víctimas, víctimas humanas y no humanas.

Según la Coalición Nacional Contra la Violencia Doméstica, el 71% de las mujeres que experimentan violencia doméstica denunciaron que sus maltratadores habían amenazado, dañado o incluso asesinado a algún animal de la familia. Los maltratadores utilizan a los animales para ejercer el poder, el control y la coacción. También, las investigaciones indican que el 48% de las supervivientes de violencia doméstica se quedan con sus maltratadores porque tienen miedo de lo que les pueda pasar a sus animales de compañía. Un estudio realizado en la Universidad de Denver, en los Estados Unidos, descubrió que más del 86% de las mujeres encuestadas que acudieron a una casa de acogida también habían referido que sus agresores maltrataban y mataban a sus animales. Los hombres violentos también usan a los animales para chantajear a sus víctimas, humillándolos e incluso mutilándolos frente a las agredidas o sus hijas y/o hijos.

Viopet, que es un programa de acogida para animales víctimas de VG, aporta como datos propios que el 86% de las mujeres víctimas de VG y el 63% de las y los menores víctimas de VG hacen referencia a que su animal también es maltratado. El maltratador centra su violencia en hacerle daño también al animal, incluso provocándole la muerte y de forma cruel, como método de ataque psicológico contra su mujer.Pero, además, las y los hijos suelen sufrir por partida doble al vivir el maltrato al que son sometidos tanto sus madres como sus animales. Para las víctimas, la defensa de la vida de su animal es un acto de valor que les ayuda a mantener su dignidad y entereza.

Sin duda, conoceremos a alguna mujer que no se ha atrevido a denunciar o a huir del hogar por miedo a que su hijo o hija o su animal salga herido o asesinado. Ha habido casos de mujeres que no han podido acceder al recurso porque no querían abandonar a alguien de su familia, a su animal. Según Viopet, el 59% de las mujeres retrasan irse del hogar si no tienen un recurso para el animal. Incluso en una situación en la que peligra su vida, no van a querer dejar solo a su animal en manos de su maltratador porque saben que la vida de su animal está en peligro, ni tampoco querrán confiar su animal a una persona o a un albergue o a una familia acogedora porque su animal es su familia, es todo lo que le queda en ese momento, es lo único en lo que pueda aferrarse afectivamente, su esperanza, su apoyo emocional frente al caos de la violencia y de la desestructuración de su vida. El vínculo humano-animal, sobre todo en casos de violencia, es extremadamente fuerte y romperlo puede ser perjudicial para las víctimas.

Si no atendemos a esta realidad estamos impidiendo la salida de estas mujeres y su familia, en su caso, de un infierno violento que suele tener un final trágico. Por ello, es necesario apoyar a la mujer y a toda su familia, humana y no humana con todos los recursos necesarios, especialmente, en los tres primeros meses a aquellas mujeres VVG que soliciten las ayudas previstas en el artículo 27 de la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

- Publicidad -spot_img

Actualidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here