“El libro en papel va a seguir vivo siempre”

Rafael Gutiérrez Testón, presidente de la ALPA, repasa para Nortes la situación del sector librero asturiano

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

No hay apenas distancia entre lo que quiso ser, lo que fue y lo que es Rafael Gutiérrez Testón (Coballes, 1970). Quiso ser periodista, ejerció la docencia y se convirtió en librero, pero de una u otra manera a día de hoy transita con familiaridad por esos tres barrios de la palabra. Colabora asiduamente en medios de comunicación, sobre todo radiofónicos, con sugerencias de lecturas y recomendaciones de títulos; practica la pedagogía del libro con cada persona que se acerca a su librería para pedirle que le aconseje uno; es el librero más popular de Xixón, y en ello influye su inagotable capacidad para sonreír y que su sonrisa es humana y cercana, a diferencia de la que dibuja Amazon con trazo grueso en los cartones de sus envíos. Está al frente de la librería La Buena Letra, que abrió en la gijonesa calle de Casimiro Velasco hace una docena de años, y preside la Asociación de Librerías del Principado de Asturias (ALPA). Hoy en Nortes festejamos el Día del Libro recorriendo con él en esta entrevista su trayectoria y la actual situación del sector librero asturiano.

¿Cómo vino a parar a Xixón desde su Casu natal?

Mi familia se mezcla entre Caso y Sobrescobio. Mi padre es de Campiellos y mi madre era de Prieres, pero tenían un negocio familiar en Coballes, que es donde estuvieron siempre. Cuando se hizo la presa de Tanes hubo expropiaciones de negocios y casas, y tuvieron que irse. Mi familia fue quedando por la cuenca del Nalón, tengo parientes en Barredos (Laviana) y en El Entrego, y nosotros llegamos hasta Gijón, donde se instalaron mis padres. Mis hermanos mayores vinieron y yo me quedé allí, porque mi padre estaba trabajando en el pantano; se dio la paradoja de que el pantano que le quitó su negocio le dio trabajo durante cinco años, hasta que terminó su construcción. Yo esos primeros años de mi vida los pasé en Coballes, sin mis hermanos y siendo prácticamente el único rapacín del pueblo.

¿Cómo vivió ese tránsito de la aldea a la ciudad?

Dejé un ambiente rural en el que casi era el único crío del pueblo para meterme en un aula con cuarenta críos. El cambio fue radical, porque además yo no sabía leer ni escribir, no había ido ni siquiera a parvulitos. Estaba medio asilvestrado, andando en bici o jugando, que es a lo que me dedicaba en Coballes. Y de repente, la disciplina escolar. Me escolaricé en el Simancas, lo que ahora es el colegio de Los Campos. El Bachillerato lo hice en el Instituto Calderón de la Barca y al acabar COU me hubiera gustado estudiar Periodismo, porque ya entonces se rumoreaba que podrían implantar la carrera en la Universidad de Oviedo. Me matriculé en Filología y tuve la suerte de contar con muy buenos profesores: Caso, Alarcos, Roca, Insuela, Del Teso…

“No es lo mismo regalar un libro en papel que una descarga digital”

Y se dedicó a la docencia al acabar los estudios.

Sí, cuando aún estaba estudiando Filología empecé a dar clases en la Academia Tamargo, que era una maravilla, porque respetaba las condiciones laborales, no tenía nada que ver con lo que se movía en el mundo de la economía sumergida de la enseñanza no reglada. Después alterné Tamargo con la Universidad Popular de Gijón, donde estuve impartiendo cursos de creación literaria y de historia de la literatura, talleres de poesía… Tenía mi vida muy ocupada y nunca me planteé preparar oposiciones, que es algo que, visto ahora con perspectiva, seguramente debería haber hecho, para entrar en la enseñanza reglada.

¿Cómo y cuándo decidió cambiar las aulas por los estantes de una librería?

Siempre le estuve dando vueltas a la idea de abrir una librería, era asiduo de las librerías gijonesas y me gustaba mucho leer y recomendar libros. En 2008 hice un curso en el Centro Municipal de Empresas, porque una cosa es tener el sueño romántico de la librería y otra distinta es abrirla y ver las posibilidades económicas que ofrece. Elaboré el plan de empresa sin tener pensado cuándo ni cómo abriría la librería, aunque estaba en mi cabeza. En 2009 el marido de la anterior arrendataria de este local desgraciadamente falleció y tuvo que dejar el negocio. Yo la conocía, ella sabía que me rondaba la idea de abrir una librería y me dijo: “Mira, queda libre este local y la propietaria es una mujer encantadora, por si te interesa…”. Estaba más o menos en la zona que yo quería, se adecuaba a lo que buscaba y tuve que tomar una decisión en apenas una semana. Sin tenerlo muy claro dije que sí. Me metí en el mundo del libro, aunque tardé muchos años en aprender. El curso en el Centro Municipal de Empresas me vino muy bien, pero la dinámica del libro es muy complicada. Todavía estoy aprendiendo, diría que aún estoy en Primaria.

Rafael Gutiérrez posando con un ejemplar de ‘La buena letra’, de Rafael Chirbes FOTO: Luis Sevilla

Abrió la librería en plena crisis. No debieron de ser fáciles los inicios.

Los primeros años fueron muy complicados, aunque ya tenía asumido que iban a ser difíciles. En Gijón hay muy buenas librerías, es difícil abrirse un hueco y yo tenía una propuesta de librería que ahora es más normal, pero que por entonces era un poco diferente, porque de aquella no se hacían tantas presentaciones, no había tanta actividad cultural dentro de las librerías. Yo quería un espacio dinámico, vivo, donde se presentaran libros y se hicieran actividades de cuentacuentos, charlas o talleres, donde todo lo relacionado con la cultura pudiera tener cabida. Cuando abrí no era algo usual, poco a poco fui encontrando ese hueco y ahora afortunadamente, frente al modelo de librería mostrador que imperaba antes, donde entrabas, comprabas el libro y te ibas, hay librerías y cafés-librerías que organizan muchas actividades.

En la elección del nombre tuvo mucho que ver la novela de Rafael Chirbes, ¿no?

Sí, cuando yo estaba estudiando Filología me encontré por la calle con un profesor que había tenido en el Calderón de la Barca, Julio Flórez, y me dijo: “Lee este librito, que sé que te va a gustar”. El librito era La buena letra, lo leí, me fascinó y luego leí toda la obra de Chirbes, que es mi escritor de referencia. Si abría una librería me gustaría llamarla La Buena Letra, aunque valoré también otro nombre, Giraluna, como la canción de Luis Eduardo Aute. Lo que pasa es que cuando pedí opinión a alguna gente vi que Giraluna se asociaba más bien con una librería infantil exclusivamente. Me decanté por La Buena Letra y estoy encantado.

La librería está en una calle céntrica, pero poco comercial. Sin embargo, la ha convertido en un lugar de referencia en Xixón con apuestas creativas. Por ejemplo, ha ganado repetidamente el concurso de escaparates de la Unión de Comerciantes.

Sí, abrí en junio de 2009 y ese mismo año lo gané. Conté con el apoyo de quienes entonces tenían la tienda Trama, que ahora es Mandila. Jugamos con la creatividad, porque el libro es algo muy lucido, muy colorido, y se le puede sacar mucho partido. En el primer escaparate que hicimos había una especie de duendecillos lectores que colocábamos encima de los libros, otro año presentamos una selección de libros recomendados para fechas navideñas específicas: Nochebuena, Navidad, Año Nuevo… Y en el escaparate que más me gustó a mí, con el que también ganamos el premio, jugamos con otra de mis pasiones, que es el deporte. Giraba en torno a la carrera de la San Silvestre.

Lo recuerdo. Llenaron el escaparate de pequeñas figuras, parecía un belén laico…

Eso es. Jugamos un poco con los motivos de ¿Dónde está Wally? Representaba el Muro lleno de personas corriendo la San Silvestre y en ese paisaje fuimos camuflando al propio Wally, a un personaje que llamamos Wallylovic (de aquella jugaba en el Sporting el croata Halilovic), al periodista radiofónico Pachi Poncela y a Pedro Sánchez, Mariano Rajoy, Pablo Iglesias y Albert Rivera, porque coincidió con una campaña electoral. Después todos aquellos duendes lectores y muñequinos los vendíamos y donábamos los beneficios a una asociación, porque entendíamos que había que devolver de alguna manera lo que nos había aportado el escaparate.

Rafael Gutiérrez posa en su librería FOTO: Luis Sevilla

Ha mencionado a Pachi Poncela. Es usted un colaborador habitual de medios de comunicación de toda índole, aunque se le nota la predilección por la radio.

Para mí la radio es un sueño. Igual que dije antes que me hubiera gustado estudiar Periodismo, la radio es el medio de comunicación que me fascina, como oyente la tengo puesta permanentemente. Y entre mis mitos radiofónicos está Pachi Poncela. A los pocos días de abrir la librería entró por la puerta Pachi Poncela y para mí fue como si entrara Manolo Mesa, el jugador del Sporting que siempre quise ser. Estuvimos hablado de libros y después recibí una llamada suya diciéndome que iban a estrenar un programa en RPA, La Radio es Mía, y que le gustaría que entrara unos minutos semanalmente para hablar de libros y para hacer recomendaciones literarias, como hacía él anteriormente en SER Gijón con Enrique López, de la librería Roy, del que yo era oyente y del que ahora soy muy amigo. Le dije que sí al instante, porque lo que más me gusta es leer y hablar de libros, y si encima me ponen un micrófono para ello… Yo soy, sobre todo, lector. No puedo saber cómo me irá con la librería en el futuro, pero lo que tengo claro es que voy a seguir leyendo libros. Siempre digo que siendo librero no tienes la sensación de estar trabajando, porque haces algo que te gusta. Debe de ser insoportable trabajar en una librería o vender libros si no te gusta leer.

LA APUESTA POR LA BIBLIODIVERSIDAD

En España se editan un promedio de casi doscientos libros al día. No hay librería alguna capaz de afrontar ese volumen. ¿Esta sobredimensionado el mercado editorial?

Cualquier persona que se mueva en este sector percibe que el mercado editorial está saturado, con 70.000 novedades cada año. No sé cómo se sostiene, sinceramente. Dos grandes grupos editoriales, Penguin Random House y Planeta, igual acaparan el 80% de esa producción. Hay editoriales medias como Anagrama o Salamandra y en los últimos años se han ido incorporando a esa categoría otros sellos como Impedimenta, Libros del Asteroide, Nórdica o, desde Asturias, Hoja de Lata, Pez de Plata, Uve Books, Satori… Son editoriales que editan mucho menos que las grandes, cuidan mucho más la edición y están consiguiendo generar un público de editorial. Por ejemplo, cuando Hoja de Lata saca un libro tú ya sabes cuál es el perfil de esa editorial; puede gustarte más o menos ese nuevo título, pero sabes que Hoja de Lata generalmente no te decepciona. Sabes que tiene calidad, detrás hay dos editores que se preocupan, porque son conscientes de que con cada título que publican se juegan su prestigio y las castañas. Para los grandes grupos editoriales un libro es uno más, así que apuestan y apuestan… A nosotros como libreros nos vienen de maravilla esas otras editoriales, porque nos hacen ese filtro cualitativo. Yo ya sé lo que me va a ofrecer Hoja de Lata, Pez de Plata o Impedimenta, sé que me puedo fiar de su libro, sé que va a tener calidad.

¿Se puede apostar por la bibliodiversidad que ofrecen las editoriales medianas y pequeñas y por las editoriales de proximidad sin renunciar por ello a la venta de best Sellers?

Por supuesto. Esta semana, por ejemplo, sale Sira, la continuación de El tiempo entre costuras, de María Dueñas. Para buena parte de las librerías de España es una bendición, nos permite seguir apostando por el catálogo de otros sellos editoriales. No es el tipo de libro que a mí me gusta ni quizás tampoco un libro que se pueda identificar con esta librería, pero bendito sea Sira, bendita sea María Dueñas, que publica novelas que gustan a mucha gente. Hay que jugar siempre con ese equilibrio, porque además tampoco sería justo que te pusieras en plan elitista y dijeras que tú no vendes un best seller, parecería incluso que estás despreciando a una buena parte de la población que lee un libro con el que se está evadiendo y lo está pasando de maravilla. Yo antes que Sira prefiero vender uno de Pez de Plata o de Hoja de Lata, porque conozco a los editores, sé el esfuerzo que hay detrás y me siento más cercano a ellos, pero bienvenida sea María Dueñas y bienvenido sea Ken Follet, que te aseguran unas ventas diarias que te permiten mantener la librería abierta.

“Hay que jugar siempre con ese equilibrio, porque además tampoco sería justo que te pusieras en plan elitista y dijeras que tú no vendes un best seller

Hace ya quince años había voces apocalípticas que decían que el libro en papel tenía los días contados. Y sin embargo ahí sigue.

En la Feria de Frankfurt de 2009, el año que yo abrí la librería, una de las conclusiones fue que en diez años el libro en papel tendría una presencia anecdótica. Los gurús se equivocaron, como tantas veces se equivocan. El libro en papel tiene algo intangible que no entra en una hoja de cálculo, y eso se puede percibir a través del propio libro electrónico, que quiere parecerse al libro en papel e imitar incluso la sensación de que estás pasando hojas. Es un sucedáneo, quieren que se parezca al papel porque saben que el libro como objeto tiene algo, aunque nada se parece más al papel que el propio papel. Con la música no ocurre lo mismo, el continente da igual, y fuimos pasando del vinilo al casete, al cedé… Y sin embargo pervive más el vinilo que el cedé, porque el vinilo tiene algo de encanto en su estética que te apetece tener. También el libro es algo que quieres tener, no es lo mismo regalar un libro en papel que una descarga digital. Sé que las nuevas generaciones van por otro camino, pero al menos para mí la lectura en papel es mucho más atenta y más concentrada, la lectura digital a mí al menos me dispersa. El libro en papel va a seguir vivo siempre. Baste decir que el año pasado el libro más vendido en España fue El infinito en un junco, de Irene Vallejo, que es un ensayo sobre el origen del libro. Eso demuestra el poder del libro, el propio título lo define; el libro lo tiene todo y lo soporta todo.

El libro electrónico no es una amenaza para las librerías, pero el comercio electrónico tal vez sí. ¿Qué me dice de Amazon?

Amazon juega con unas reglas que no son las reglas con las que jugamos los demás, pero ese no es un problema local, sino supranacional. Yo lo único que pediría es que empresas como Amazon o Google paguen sus impuestos donde generan la actividad. Estamos en el siglo XXI, entiendo los avances y los adelantos tecnológicos, pero lo justo sería que jugaran con las mismas reglas que los demás. De todas maneras, yo creo que Amazon le hace mucho más daño al comercio en general que a las librerías, porque tiene un serio problema con el libro en España: el precio fijo. A mí me gusta remarcar esto, hay gente que no sabe que un libro cuesta lo mismo en La Buena Letra que en Cervantes, en El Corte Inglés o en Amazon. El precio lo fija la editorial y por ley se puede hacer un descuento máximo de un 5%, o de un 10% el Día del Libro y en ferias libreras. Eso hace que el libro esté protegido y supone una anomalía para Amazon. Cada uno puede comprar donde quiera, pero a mí me hace gracia que alguien compre un libro en Amazon desde Gijón cuando en esta ciudad dispones de quince o veinte librerías donde te pueden servir ese mismo libro. El problema con Amazon es que tú a veces entras a comprar otra cosa y tienes el libro al lado, y ya que te van a enviar una camisa o unos playeros le das también al click del libro.

RELEVO EN LA ASOCIACIÓN DE LIBRERÍAS

¿Cómo acabó de presidente de la ALPA?

Yo creo mucho en el tejido asociativo. Las librerías juntas somos muy fuertes y podemos defender nuestros intereses comunes. Era vicepresidente en la junta directiva anterior, el presidente Luis Martín tuvo que dejarlo por motivos personales, me propusieron asumir el cargo y dije que sí. Pero creo que llevo ya demasiado tiempo, hay que ir pensando en dar el relevo. Estamos ante un nuevo momento y pienso que en la Asociación de Librerías del Principado hay que propiciar también ese cambio y que se ponga al frente otra persona; a poder ser, una presidenta, porque detrás de las librerías en Asturias hay muchas mujeres y la presidencia la ocupan hombres desde hace demasiado tiempo.

Rafael Gutiérrez durante la entrevista FOTO: Luis Sevilla

Hablando de mujeres libreras, le pregunto por la decana, Concha Quirós, que falleció recientemente.

Concha es la referencia. Yo en Gijón tenía como referencia a Chema Castañón, de la librería Paradiso. Y luego me pasó lo mismo con Concha Quirós. Era amable, encantadora, siempre dispuesta. A mí me enseñó muchas cosas, sin decírmelas directamente. Era una grandísima lectora, su librería es la más grande de Asturias y una de las más importantes a nivel nacional, a la altura de cualquiera en España, pero te dan el trato de una librería muy cercana. Y ella seguía al pie del cañón, leyendo mucho. El éxito de Cervantes radica en que detrás hay gente muy lectora, muy atenta. Entras en la Cervantes y no tienes la sensación de que estás entrando en una gran librería donde no te van a hacer ni caso, sabes que allí hay gente a la que le gusta los libros y que vive los libros.

Xixón recuperó su feria librera con la creación de FeLiX, que va a alcanzar en junio su quinta edición. ¿Cómo es posible que la ciudad más poblada de Asturies haya estado dos decenios sin feria?

Desde los tiempos en que abrí la librería había un empeño en recuperar la Feria del Libro, y hubo librerías que se quedaron en ese empeño, como Zifar o Baker Street. Estuvimos en ello con Librería de Bolsillo, El Bosque de la Maga Colibrí… Lo intentamos en muchas ocasiones, salimos al paseo de Begoña en condiciones adversas. El problema que tenía Gijón, que no se trata de un problema, es que estaba la Semana Negra y las instituciones municipales consideraban que ese apartado de sacar el libro a la calle ya estaba cubierto. Nosotros siempre insistimos en la necesidad de que Gijón tuviera una Feria del Libro, y cuando hace cinco años hubo por fin la posibilidad de crear FeLiX fue un éxito tremendo. Bienvenida sea la Semana Negra, pero entendíamos que una ciudad como Gijón debía tener una Feria del Libro. Cuando hace dos años asumió la dirección de FeLiX Jaime Priede, el salto de calidad que pegó fue tremendo, porque es una persona muy relacionada en el mundo del libro y le da un criterio y una calidad a la Feria que yo creo que la va a convertir, de aquí a unos años, en un referente nacional.

En la anterior edición de FeLiX el nivel de ventas fue muy bueno. ¿El confinamiento domiciliario debido a la pandemia generó afición a la lectura?

Durante el confinamiento vimos que la cultura era muy importante. La gente empezó a consumir películas, series, conciertos online, libros… Ahí se generaron lectores y yo creo que cuando salimos del confinamiento hubo una militancia librera. No sé si durará, pero hay concienciación en la gente para apoyar a las librerías. Nos dimos cuenta todos, y yo el primero, de que debemos apoyar lo que tenemos al lado de casa. Hay que hacer red, todos somos importantes. Procuro ser consumidor cultural, y de igual modo que noté que había gente que venía a consumir libros incluso por encima de sus posibilidades yo voy al teatro todo lo que puedo. Porque si la gente del libro las pasamos canutas, imagínate la gente del teatro.

¿Qué le piden desde la ALPA a los ayuntamientos y al Gobierno asturiano para apoyar al sector librero?

En primer lugar me gustaría agradecer la labor de Alberto Ferrao, que en el tiempo que estuvo de concejal de Cultura en Gijón nos escuchó, nos atendió e hizo todo lo posible para mejorar el sector del libro en aspectos que pueden parecer pequeños pero que a nosotros nos vino de maravilla. Logró cosas muy sencillas, como que se puedan vender libros dentro de los centros municipales durante las presentaciones. Era algo absurdo, siempre te decían que no se podía, hasta que llegó alguien como él, que encontró la manera de que sí se pudiera, y eso supone un alivio para las librerías que llevamos los libros a las presentaciones. Y otra cosa, que aunque aún está pendiente se va a conseguir gracias a él, es que las compras institucionales para la red municipal de bibliotecas se canalicen en la medida de lo posible, porque aquí ya entra la Intervención municipal, a través de las librerías gijonesas. Alberto Ferrao atendió nuestra reivindicación y peleó por ella, y es justo reconocerlo. Esto mismo se lo tenemos que trasladar al Principado: las compras institucionales se deberían hacer en las librerías asturianas. Y eso vale para todos los concejos, muchas veces olvidamos que hay librerías en Cangas del Narcea, en Pravia, en Corvera… Y que allí hay colegios, institutos y ayuntamientos que pueden ayudar a que esas compras se hagan en esas librerías. A veces se piensa que las librerías están todas en Oviedo, Gijón y Avilés, pero hay mucho más tejido librero por el que también debemos mirar. Es triste que el dinero de la gente de Asturias vaya a empresas que no son de Asturias, en este caso. Sabemos que es difícil por la Intervención de los ayuntamientos, las leyes de libre competencia… Pero igual que en otras comunidades o en Gijón se están encontrando resquicios, esperemos que el Principado actúe también. Además en Asturias tenemos como consejera a Berta Piñán, escritora, que nos escucha y conoce nuestras reivindicaciones.

En la venta de libros de texto las librerías siguen sufriendo competencia desleal desde el propio ámbito educativo. ¿Qué solución ve?

Es una atrocidad que se comete año tras año a nivel nacional. Buena parte de las librerías de Asturias dependen de la venta de libros de textos, y se están cometiendo tropelías, porque se están vendiendo en colegios, institutos y AMPAs. No digo que haya alguien lucrándose con ello, porque lo hacen con buena voluntad, pero se están cargando una parte del tejido librero. Y va a ser muy difícil de solucionar, porque es un tema impopular y hay en juego muchos intereses, sobre todo los de las editoriales. Y la mayor parte de las editoriales de libros de textos son eclesiásticas. Con la Iglesia hemos topado…

¿Asturias tiene potencial para desarrollar una industria del libro?

En las pasadas elecciones autonómicas Podemos Asturies presentó el programa electoral de cultura en el café-librería La Revoltosa y en ese acto intervino Ricardo Menéndez Salmón, que dijo una cosa que a mí me quedó grabada: necesitamos cambiar el relato. Si hablamos del mundo del libro, Asturias tiene grandísimos escritores y escritoras, editoriales, librerías de referencia, distribuidoras… Contamos con un tejido muy importante y no se le está sacando el rendimiento que se le debería sacar. Y tenemos esa idea de la pesadumbre, de que todo va muy mal. Hay que cambiar de una vez ese relato, porque desde el punto de vista cultural Asturias es un filón. Tenemos editoriales como las ya mencionadas o KRK y Trea, librerías como la Cervantes o El Bosque de la Maga Colibrí, autores como el propio Ricardo Menéndez Salmón, Laura Castañón, Pilar Sánchez Vicente, el fenómeno editorial de Aitana Castaño… Hay mucho tejido cultural para hacer de esto una industria potente.

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