El hidrógeno verde: ¿una nueva burbuja especulativa?

La industria gasista ha visto en los fondos 'Next Generation' una oportunidad para reflotar una tecnología cara y poco eficiente.

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Es probable que en los últimos meses entre noticia y noticia sobre la pandemia y sus planes de recuperación haya usted leído o escuchado hablar sobre el Hidrógeno Verde. Puede que incluso sea consciente de que es una de las grandes apuestas del Principado de Asturias y del Ayuntamiento de Xixón para la transición energética y que es un componente clave de buena parte de los proyectos con los que pretenden optar a la financiación del Fondo de Recuperación Next Generation de la Unión Europea

Podríamos decir que el hidrógeno es el nuevo oro negro de la transición energética. Su abundancia y los diversos tratamientos existentes para su obtención dan lugar al ‘arcoíris del hidrógeno’: una tendenciosa y confusa acción de greenwashing que identifica un color diferente con el método por el cual se obtiene. Entre los más conocidos están el hidrógeno azul, que utiliza gas natural como energía primaria e incluye captura de CO2; el hidrógeno gris, cuyo origen es el gas natural. Y finalmente, si la electricidad utilizada para su obtención procede de fuentes renovables obtendremos el famoso hidrógeno verde

El hidrógeno verde, contrariamente a lo que pueda parecer, no es una tecnología disruptiva de reciente aparición sino que lleva muchos años siendo objeto de estudio. El proceso por el que se obtiene, la electrólisis, se define por la aplicación de una corriente eléctrica que divide el agua en los elementos que la componen: hidrógeno y oxígeno. El resultado de ese proceso es el llamado hidrógeno verde, 100% sostenible, pero mucho más costoso de producir que el resto de hidrógenos producidos con combustibles fósiles.

“Su elevado coste y baja eficiencia ha retrasado hasta ahora su desarrollo”

Elevados costes de producción y baja eficiencia son las razones para que, a pesar de tener detrás más de medio siglo de investigación, no se haya desarrollado plenamente ni sea una tecnología lo suficientemente madura como para ser eficiente y rentable a corto plazo (como sí lo pueden ser otras energías renovables como la fotovoltaica o la eólica).  El coste global del hidrógeno se sitúa en 127 €/MWh, cuando la solar está en unos 40 €/MWh y la eólica en 54 €/MWh (en las subastas de renovables de España, la media de ambas fue de 22,4€/MWh). Las preguntas son: ¿esta apuesta puede provocar el desplazamiento de otras tecnologías renovables más eficientes y rentables?,  ¿por qué se le está dando este protagonismo preponderante al Hidrógeno verde a pesar de las desventajas que presenta en la estrategia europea y española de transición energética?

Nada de esto puede explicarse sin incluir en la ecuación a las empresas de gas fósil, que forman parte de la industria del hidrógeno o a lo que algunos llaman “el lobby del hidrógeno”. La industria del hidrógeno ha gastado 60 millones de euros en el intento de influir en la formulación de políticas de Bruselas y ha mantenido 163 reuniones con altos cargos de la Comisión Europea a propósito de las políticas del hidrógeno. Hablamos de lobby del hidrógeno pero, como decía antes, sería mucho más adecuado llamarlo lobby gasista, pues es quien realmente está detrás de esta maniobra para que el hidrógeno sea un elemento central en la estrategia europea de reducción de emisiones y cambio climático.

Por situarnos: solo el 0,1% del hidrógeno producido en Europa es hidrógeno verde con lo que a priori no tiene mucho sentido que la industria gasista tenga tanto interés en su desarrollo, sino fuera porque la pandemia y el consiguiente Plan de Recuperación han acelerado el inevitable cambio de modelo energético europeo. Las grandes empresas gasistas han visto en la necesaria reconversión de modelo económico una ventana de oportunidad con la que seguir perpetuando su modelo de negocio aprovechando y redimensionando la infraestructura gasista europea con un coste de entre 40 y 80.000M€ a cargo de los contribuyentes europeos. 

Pero no se queda ahí, sino que también pretenden aprovechar la coyuntura para pedir más fondos, con dotación más alta y durante más tiempo, pervirtiendo así las proclamas del barón de Coubertain del citius, altius, fortis creando con el hidrógeno una Mefistofélica necesidad con tan solo darle una pátina verde a un planteamiento de negocio que corría serio riesgo de quedar desplazado del eje económico. Ya se sabe que el diablo sabe más por viejo que por diablo.

Lo aquí expuesto no significa una oposición al Hidrógeno verde, pero es necesario colocar una perspectiva crítica que señale el poco sentido que tiene en un contexto de emergencia climática, pandemia y crisis económica poner todos los huevos en la cesta de una tecnología de baja eficiencia y con alto coste de producción. 

Pero todo esto ya nos lo decía Kortatu cuando cantaba aquello de que “La vida va deprisa cuando se va corriendo”, por eso ahora toca frenar y repensar si este es el modelo que queremos, pero sobre todo si el modelo que necesitamos. En esta reconversión los cambios necesariamente tienen que venir desde abajo hacia arriba, facilitando a la ciudadanía el acceso a energías seguras, rentables y sostenibles, algo que a día de hoy parece complicado con el hidrógeno verde.

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