Xosé Bolado

Nacido en 1946 en Oviedo, se comprometió desde joven en la lucha contra la dictadura y en el sindicalismo, y fue un agitador de la vida cultural asturiana en varios frentes.

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Cheni Uría
Cheni Uría
Profesor jubilado de historia en enseñanzas medias. Participó en el movimiento antifranquista, fue militante del Movimiento Comunista de Asturies y más tarde impulsor de Lliberación y de la asociación La Escandalera. En la actualidad forma parte del colectivo social Acción en Red.

El 20 de mayo nos dejó Xosé Bolado. Era de esas personas que pasa por la vida suavemente, sin meter ruido y haciendo muchas cosas. Era culto, era sabio, era bueno. Y era imposible no quererlo. Nació en Oviedo en 1946. Pasó su infancia y su adolescencia en una casina de planta baja, rodeada de un pequeño jardín, en las afueras de la ciudad, donde ahora se levantan unas inmensas torres que hacen irreconocible un espacio en otro tiempo acogedor. Allí fue desarrollando aficiones que nunca le abandonarían: la literatura, el cine, la jardinería…

Creciendo en aquel ambiente oscuro de la dictadura que llamaba a la rebeldía, Bolado va a ser un exponente característico de esa generación que, finalmente, va a verse definida y representada en el mayo del 68 parisino. Estudió bachillerato en el instituto Alfonso II, donde ya empezó sus actividades clandestinas con la creación de una célula de UDEA, la organización de estudiantes antifranquistas que funcionaba en el distrito universitario de Oviedo. En 1966 organizó en la Universidad el Frente de Liberación Popular, que habría de ser una fuerza decisiva en las luchas estudiantiles de los tres cursos siguientes; en tanto que Delegado de Actividades Culturales de la Facultad de Letras, Bolado sería uno de sus principales protagonistas.

A principio de los años setenta, jugó un papel fundamental en los contactos políticos que culminaron con la creación en Asturias del Movimiento Comunista, organización en la que Bolado sería responsable de Enseñanza, además de participar activamente en el movimiento de lucha de los Profesores No Numerarios y, más tarde, en la creación del sindicato de enseñanza SUATEA. En Gijón, donde había establecido su residencia, fue centrándose, sobre todo, en actividades de tipo sociocultural, primero al frente de la sociedad cultural El Texu, que agrupaba a buena parte de la juventud rebelde de la ciudad durante la década de los setenta, y más tarde como presidente del renacido Ateneo Obrero. Y siempre con la preocupación asturianista en primer plano. En 1988 fue elegido miembro de número de la Academia de la Llingua Asturiana.

Me hablaba ayer un amigo de su imagen inolvidable todos los meses de septiembre en San Mateo, por las noches, en medio del barullo, imperturbable como siempre, sentado en la Caja del Pinón Folixa.

Ya no está con nosotros. Nos queda su obra literaria. Y sobre todo, el recuerdo de un luchador y de un amigo entrañable.

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