Aprendiendo a mirar en Colombia (II)

Segunda entrega de las galerías del fotoperiodista gijonés Álex Zapico, esta vez desde la selva colombiana

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Tras unos años relativamente tranquilos, con las esperanzas que trajo el proceso de paz, ahora volvemos a oír a hablar de Colombia por la violencia y la represión policial y militar contra las protestas. ¿Qué pasa en Colombia para que la violencia haya estado, y siga estando, tan presente en la vida de ese país?

Pues son casi cincuenta años de violencia. Hay que entender que Colombia vivió durante muchísimo tiempo, y en la actualidad también, muchísimas desapariciones forzosas, sobre todo de muchas lideresas y líderes campesinos o sindicales. Durante mucho tiempo lo que se hizo, muy dirigido desde el Estado y con el apoyo de los diferentes actores armados, principalmente de los paramilitares, fue eliminar al enemigo político. Hay que hablar de la Unión Patriótica que, en el momento en que las FARC dejan de ser un grupo armado para convertirse en un partido político, eliminan en un año a más de 5.000 dirigentes.

Se han dado pocos pasos para que un proceso de paz funcione en Colombia. Se ha intentado siempre eliminar al otro bando y buscar la fórmula para que no tengan representación política. La violencia en Colombia es casi el día a día. Los desaparecidos en Colombia, las fosas comunes y los crímenes de lesa humanidad baten todos los récords.

FOTO: Álex Zapico


En estas imágenes muestras la vida cotidiana de los guerrilleros colombianos. Por tu experiencia, ¿qué buscan estas personas, qué les mueve a dejarlo todo y unirse a la guerrilla?

Siempre he tenido interés en contar esas historias que están criminalizadas desde el principio. Cuando los medios de comunicación hablan de estos temas hablan de narcoguerrillas y ponen esas etiquetas. Pero yo creo que es importante saber por qué un joven o una joven, en un momento dado, decide coger un fusil e irse a la montaña o a la selva. Y podemos hablar de miles de casos, de miles de personas que después de crímenes contra ellas acaban cogiendo un fusil para defenderse. O de líderes campesinos que acaban con un fusil en la montaña como única manera de supervivencia.

El hecho de que las guerrillas hayan existido en Colombia desde hace décadas, y que aún a día de hoy sigan existiendo varias guerrillas, se debe a que la militancia política no está protegida en Colombia. Todavía a día de hoy siguen desapareciendo defensores de derechos humanos en Colombia. Mientras eso exista, es muy muy difícil acabar con la guerrilla.

FOTO: Álex Zapico

¿Cómo es la vida de cotidiana de un guerrillero que vive durante meses, quizás años, en la selva?, ¿qué es lo que más te impactó o sorprendió al tratar con ellos y ellas?

Yo viví durante un tiempo con ellos, y la vida cotidiana es terrible. Es muy difícil. Vives en unas condiciones de humedad, falta de agua potable y de recursos. En la época más dura uno tenía que moverse todos los días para evitar los bombardeos. La vida en la jungla es muy complicada.

Todo eso a mí me hacía pensar en qué lleva a un joven ir allí arriba y acabar viviendo entre barro. Porque solo ves barro: barro y barro y barro y barro. Tiene que haber una ideología muy fuerte o tiene que estar huyendo de algo que te lleva la vida. Lo que me encontré fueron historias durísimas. Historias de mujeres que te hablaban de violaciones, de crímenes de lesa humanidad imposibles de relatar por su brutalidad. Te hablaban de historias que te desarman el corazón. Al final, uno se pregunta quién es la víctima y quién es el verdugo. Son historias desgarradoras que, en aquellos momentos de selva, me llegaban muy adentro.

La vida de muchos de estos jóvenes, aunque nos parezca muy raro, es de bailar, escuchar mucha radio, de jugar al ajedrez y a las damas y de hablar de lo que puede hablar un chaval de 19 o 20 años. Y es muy duro verles en una situación así. Uno piensa que tal vez no sea justo y que la historia les ha llevado a lugares que no merecían y que nadie merece.

FOTO: Álex Zapico

En las imágenes de Palestina hablábamos sobre el dolor y la fotografía, y hasta qué punto fotografiar el dolor del prójimo podría deslizarnos peligrosamente hacia el morbo. Hablemos ahora de la violencia: ¿qué responsabilidad tiene la fotografía ante la violencia?, ¿puede contribuir a una estetización de la misma, obviando u ocultando el drama y la tragedia real que siempre subyace a la violencia?

La tragedia está ahí, y da igual que la foto sea de una manera o de otra. He tomado muchas fotos a guerrilleras y guerrilleros, y he disparado mi cámara desde distintos puntos. Y la tragedia es real. Creo que deberíamos preguntarnos por qué un chaval tan joven quiere coger un fusil e irse a la montaña, cuando podría estar en Bogotá bailando y tomándose unas birras con sus compañeros y compañeras.

Si alguien a día de hoy coge un fusil es porque la paz no está para nada asegurada en Colombia. Ni está asegurada la libertad política ni se defienden los derechos humanos. Hay que hablar de esos crímenes de lesa humanidad y de los falsos positivos. Hay que hablar de todo lo que hay detrás de la guerra.

Cuando alguien tan joven elige una vida tan dura tenemos que ponernos en su piel y pensar el por qué. Sin justificar nada; simplemente pensando qué le ha llevado a tener que huir. Con el paro en Colombia ya hay un montón de desaparecidos. Uno no puede militar políticamente, porque eso afecta directamente a su vida y a la de su familia. E implica unos riesgos muy altos. Unos riesgos en los que probablemente acabes en una fosa.

Es importante que se refleje por qué ha habido una guerrilla en Colombia. Si olvidamos eso, olvidamos una parte importante de la historia de Colombia. Me parecía muy injusto olvidar qué fue lo que hizo que una parte de Colombia tuviese que armarse.

FOTO: Álex Zapico
FOTO: Álex Zapico
FOTO: Álex Zapico
FOTO: Álex Zapico

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