Politizar el malestar masculino

El papel de los hombres en el feminismo, el neoliberalismo y la crítica del punitivismo, marcan la segunda jornada de la Escuela de AMA.

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

A las 12 del mediodía abrían las puertas de la pista polideportiva de Cimavilla de Xixón para recibir a Clara Serra y a Josetxu Riviere, que expusieron sus ideas en la mesa titulada “Los hombres en el feminismo”. La moderación corrió a cargo de Germán Fernández, quien consideró que “la cuestión de los hombres en el feminismo es una apuesta política, aunque pueda generar suspicacias y a pesar de los riesgos que conlleva” en el movimiento. “En el camino cometeremos errores, pero no es excusa para obviar esta cuestión”, apunta. Por ello, “debemos contribuir todo lo posible para un feminismo de transformación social profunda”, concluyó Germán.

La cuestión de los hombres en el feminismo es una apuesta política

Clara Serra comenzó su intervención dando la enhorabuena a AMA por esta escuela, dado que “hacía falta y se consolida en un momento en que los feminismos necesitan un pensamiento que esté orientado a la acción y una acción sometida a la crítica”. Posteriormente, llevó a cabo un análisis de la realidad actual como “un momento de deriva conservadora y reaccionaria, con agresiones machistas, homófobas y racistas”, por lo que los feminismos tienen el reto de “cómo enfrentar estos movimientos sin repetir sus lógicas”. Clara Serra incidió su crítica a “cierta izquierda conservadora, con lógicas punitivas y excluyentes”, refiriéndose más tarde expresamente a Daniel Bernabé: “es muy funcional su discurso al sistema, y especialmente al discurso del Partido Feminista, pues acaba encasillando a las mujeres en las cuestiones particularistas de las que, según él, nunca debieron salir”. En cuanto a las masculinidades, Clara Serra fue clarividente: “debemos politizar los malestares masculinos en un sentido emancipador, no reaccionario”, y esto solo puede hacerse “con un feminismo del 99%, que no sea solo por y para las mujeres y que no tenga miedo a abordar las problemáticas de los hombres”. En la misma línea, poniendo el foco en la Escuela feminista Rosario Acuña, recalca que “la lógica del agravio lleva a la cuestión de quien sufre más; y la cuestión de la libertad es la que nos debe interpelar a todas y a todos”. Concluyó con algunas preguntas sobre las que reflexionar: “¿Por qué no hablamos de los problemas de los hombres también como problemas relativas al feminismo?”

De igual modo, Josetxu Riviere vino a plasmar el trabajo que lleva realizándose en Euskadi en pos de la implicación de los hombres en la igualdad, como el programa Gizonduz de Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer. Josetxu Riviere considera que “hablar de las masculinidades afecta no solo a los hombres, sino a toda la sociedad, ya que es un constructo social principalmente relacional”. Una de las vías sería, entonces, “analizar el conjunto de valores que nos hacen ser hombres y las discriminaciones que genera”, siempre y cuando los discursos “se adapten a cada realidad concreta, es decir, qué hombres y qué posición económica, qué religión, qué color de piel, etc.”. Josetxu Riviere ha concluido con una llamada a la implicación de los hombres en el feminismo “para una sociedad más igualitaria, más allá de los problemas que originen las construcciones de género, que afectan fundamentalmente a las mujeres, pero también a los hombres”.

La segunda mesa de la jornada, que llevó el nombre de “Neoliberalismo y crisis de la reproducción social: más allá de las huelgas feministas”, fue abordada por Julia Cámara y Verónica Gago. La moderación corrió a cargo de Paula Duerto y Sara Combarros, quien trajo a colación la idea de Nancy Fraser según la cual el movimiento feminista tiene el potencial para una transformación radical por incidir en la crisis de la reproducción social. Ambas ponentes trataron extensamente esta cuestión en relación con el legado de las huelgas feministas del 8M desde su participación misma en dicho movimiento.

Julia Cámara respondió al planteamiento realizado por Paula Duerto: la alianza del neoliberalismo y el conservadurismo ha llevado a una privatización de la responsabilidad en cuanto a la reproducción social y cómo la encierra en los lugares en que reinan las lógicas cisheteropatriarcales. A esto, Julia Cámara llevó a cabo un análisis desde el materialismo histórico: “en un momento de la mayor crisis de acumulación capitalista”, de pérdida de la fuerza de las herramientas con las que han contado históricamente las clases trabajadoras, como los sindicatos, junto con la “zona valle del movimiento feminista” y “el empeoramiento de las condiciones materiales de las mujeres”, se hace necesario comprender que es precisamente el feminismo el movimiento que “tiene un punto de vista privilegiado” para el análisis de esta crisis. “El aborto ha sido un ejemplo claro, ya que ha significado una lucha por los servicios públicos dignos y una experiencia concreta de organización de contrapoder que señala las contradicciones del paradigma neoliberal”, señala. También ha querido dar cuenta de que “es necesario tener “autonomía respecto de la institucionalidad” e “ir más allá de la estética, hacia la construcción de poder político”.

Por su lado, Verónica Gago, quien realizó su ponencia desde Argentina, entiende que vivimos en un momento “post-neoliberal”, en el que el feminismo “tiene la capacidad de dar una alternativa señalando la vinculación entre las violencias machistas, coloniales y económicas”. La “masificación del feminismo” ha posibilitado “construir alianzas políticas y organizaciones sociales”, donde “el trabajo, la deuda interna y externa y la vivienda” son los nuevos “campos de batalla en que el neoliberalismo se está reconfigurando en alianza con fuerzas conservadoras, e incluso fascistas”. Verónica Gago ha querido dar cuenta, en conclusión, de las huelgas como “herramientas de sensibilización”, pero incidiendo en “la necesidad de tejer internacionalismos y feminismos transfronterizos”.

“La sacralización de la víctima conlleva efectos perversos

La tercera y última mesa de la jornada ha corrido a cargo de Laura Macaya y de Pastora Filigrana, quienes han tratado la cuestión de “Un feminismo para la libertad: contra las violencias machistas y racistas”. Melissa Cicchetti ha moderado el debate, que ha girado en torno al abordaje de dichas violencias desde una perspectiva no punitivista.

Laura Macaya ha querido centrar su ponencia en la crítica del punitivismo desde su rama coactiva del Estado, pues es esta la que acaba perjudicando a aquellos grupos más transgresores, disidentes y vulnerados. Este punitivismo, según Laura Macaya, “constituye subjetividades femeninas”, lo cual se traduce en consecuencias tales como las diferencias de penas judiciales dependiendo del mayor o menor cumplimiento de los roles hegemónicos de género. “La sacralización de la víctima conlleva efectos perversos”, señala Laura Macaya; “la exclusión de reconocimientos en cuanto a derechos de protección a quienes no cumplen esos roles hegemónicos”.

Pastora Filigrana ha querido dar cuenta de cómo las violencias racistas se articulan en relación con el pueblo gitano, especialmente en el sistema judicial. “El racismo”, entiende Pastora Filigrana, “es un discurso que justifica que hay personas ocupan posiciones de superioridad, por razones de criterios geográficos, de etnia o cultura, respecto del resto”. Esto implica “una violencia estructural y universal”, y el pueblo gitano, en la medida en que no se alinea con la cultura canónica occidental, sufre la criminalización y persecución dentro del sistema capitalista “que ordena la realidad mediante la desigualdad social desde un patrón racista”. La vigilancia en el sistema judicial y punitivo “persigue claramente a las mujeres que son racializadas y precarizadas”, ha explicado.

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