Trubia y la defensa del Patrimonio Industrial Histórico

El movimiento asociativo trubieco propone la conservación de sus puentes como respuesta al plan de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

En Trubia no se rinde nadie. Recientemente, a propósito del Plan de Gestión del Riesgo de Inundación —PGRI—, en su 2º ciclo 2022-2027, la Asociación por el Patrimonio Histórico Industrial de Trubia —APHIT— ha presentado un documento formal con una serie de observaciones y alegaciones a dicho plan. El PGRI, que propone la eliminación de elementos clave de la localidad, ha sido motivo de alarma para los vecinos y vecinas de Trubia.

El pasado junio, habiéndose anunciado en 2019, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico —CHC— presentó el Plan de Gestión del Riesgo de Inundación para el ciclo 2022-2027, disponible desde entonces para consulta pública y que deberá ser aprobada, alegaciones y revisiones mediante, antes del próximo 22 de diciembre. La CHC, entidad pública dependiente del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, se ocupa de la planificación hidrológica, el mantenimiento de infraestructuras hidráulicas y otras cuestiones relacionadas con el aprovechamiento y la gestión de los recursos en situaciones de riesgo. En su faceta planificadora, suya es la competencia para la revisión y actualización de los mapas de peligrosidad y riesgo de inundación; y, en lo que aquí concierne, de la Demarcación Hidrográfica del Cantábrico Occidental.

El PGRI congrega varias Áreas con Riesgo Potencial Significativo de Inundación, entre las cuales se encuentra la localidad ovetense de Trubia. Sin embargo, como ya hicieran en otras ocasiones pasadas, el movimiento asociativo no ha tardado en mostrar su disconformidad con el plan. La APHIT ha puesto el foco en dos actuaciones previstas por el PGRI: la eliminación del Puente de Quintana y la modificación de la tipología del Puente de “La Fábrica”, dada la peligrosidad que suponen ambas infraestructuras en caso de condiciones climatológicas adversas. Estas actuaciones serían incongruentes, a juicio de la APHIT, con el proyecto de protección y conservación del patrimonio cultural que el mismo PGRI promulga.

El Puente de Quintana, cuya construcción se remonta aproximadamente al año 1884, constituye uno de los grandes elementos culturales del lugar, ya que fue elaborado por la propia Fábrica de Armas de Trubia. Su finalidad era, en un principio, la de comunicar las instalaciones fabriles con el Ferrocarril del Norte, y actualmente sirve a los vecinos y vecinas trubiecas como infraestructura de comunicación peatonal.

De igual modo, el Puente de “La Fábrica” es otro de los emblemas de Trubia, cuya fecha de construcción llega hasta el siglo XVIII, en la época de la fundación de la Fábrica de Armas. Ambos elementos, el puente y la fábrica, constituyen un mismo conjunto cultural de importancia arquitectónica e industrial histórica. Es por estos motivos patrimoniales e históricos por los que el movimiento vecinal de Trubia ha tomado medidas respecto del plan de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico; pero también por la importancia sentimental que el vecindario trubieco le da a estos elementos y el sentido biográfico de los mismos.

La APHIT ha constatado estas cuestiones en sus alegaciones formales al plan, solicitando, además, tomar las medidas necesarias para la conservación de ambos puentes, evitando tanto la eliminación como la modificación estructural. Algunas de estas medidas han sido proporcionadas por la misma APHIT, como la elevación del Puente de Quintana. De este modo, se estarían aprovechando otras mejoras propuestas para el río Trubia, como la mejora de la capacidad de desagüe o la ordenación hidráulica en el punto de confluencia de los ríos Trubia y Nalón. Para el Puente de “La Fábrica”, la solución sería similar, elevando también su estructura y evitando su cambio de ubicación o su cambio arquitectónico. O, incluso, su peatonalización, mejorando la seguridad vial y recuperando finalmente el adoquinado original que se encuentra bajo el asfalto del puente.

Esta conservación estaría amparada no solo en los principios del PGRI, sino en la propia legislación vigente: la Ley de Patrimonio Cultural del Principado de Asturias, en cuyo artículo 76 se establece expresamente que, dentro del Patrimonio Histórico-Industrial de Asturias, se encuentran aquellos bienes muebles e inmuebles tales como “las muestras singulares de la arquitectura de hierro, incluyendo mercados, puentes y viaductos”, dada su relevancia fundamental en la realidad territorial asturiana, y concretamente en Trubia.

En opinión de Toño Huerta, geógrafo y presidente de la APHIT, el plan de prevención es necesario. “El cambio climático se va notando, y cada 2 o 3 años hay pequeñas inundaciones”, lamenta Huerta. Sin embargo, advierte: “los elementos patrimoniales no son el problema, no tiene sentido eliminarlos”. También existen problemas de limpieza de los cauces, y prueba de ello ha sido el tronco de árbol que estuvo durante dos años varado en el río Trubia y que venía favoreciendo desbordamientos e inundaciones. La asociación vecinal Trubia se Mueve logró que actuaran los servicios de limpieza, tras reiterados intentos.

El asociacionismo de Trubia también ha intervenido en otros espacios, y ha venido reclamando la restauración de lugares como el antiguo sanatorio obrero de Trubia, construido en 1906 y que lleva ya tres décadas abandonado. Los vecinos y vecinas han planteado la reestructuración de este edificio municipal, y así orientarlo hacia otros proyectos, como un centro de educación medioambiental o para su uso de albergue, aprovechando su situación en una zona aislada y boscosa.

A través de este patrimonio histórico de Trubia se puede conocer su pasado. “Cuando hablamos de todos estos elementos patrimoniales, se está contando una historia: la evolución de Trubia, la historia del ferrocarril…” Constituye, de este modo, la vida cotidiana de los vecinos y vecinas trubiecas: “¡pero eso es una locura! ¿Cómo van a quitarlo?”, le dicen a Huerta, alarmados, los habitantes de Trubia, que esperan sin respuesta la actuación de las Administraciones Públicas para la mejora de la parroquia. La Pasarela de Soto es un claro ejemplo, arreglada gracias al movimiento vecinal hace 5 años tras más de una década de reclamaciones a ADIF y al Ayuntamiento. La pasarela, ahora peatonal, presenta actualmente problemas en la madera del suelo, a esperas, de nuevo, de arreglo.

Queda en evidencia que el servicio de las Administraciones Públicas hacia Trubia “es muy mejorable”, en contraste con las conquistas del movimiento vecinal: la pasarela de Soto a Trubia, el Centro de Salud o la carretera hacia el Colegio Público El Villar son algunas de las reivindicaciones centrales del asociacionismo de Trubia. Desde la antigua asociación de vecinos, se apoyó el traslado del alumnado de las Escuelas de Soto, colegio de Educación Primaria cerrado desde 2017, al C. P El Villar, con la condición expresa de que estas escuelas se convirtieran en escuela de 0 a 3 años. Sin embargo, lamentablemente una riada en 2018 se llevó parte del muro de contención y, por el momento, siguen abandonadas.

El movimiento asociativo ha venido reclamando en las últimas décadas, según Toño Huerta, múltiples reivindicaciones para la mejora en las condiciones de vida de sus convecinos. Esta lucha popular continúa, todavía hoy, “recordando lo que se supone que son derechos de todos y de todas”.

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