Déjà vu en ALSA: un año, dos huelgas, mismas reivindicaciones

Casi 500 trabajadores están convocados a seis días de paros que se convertirán en huelga indefinida si la empresa no acaba con los ERTE y reabre las taquillas

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Las secciones sindicales de CSI y Comisiones Obreras en ALSA han convocado un paro para los días 30 de septiembre, y para el 1, 4, 5, 7 y 11 de octubre. Además, de no conseguir de este modo sus objetivos, avisan de que a partir del 13 de octubre la huelga será indefinida. Esta convocatoria tiene lugar justo un año después de la anterior huelga en la empresa, que ostenta el monopolio del transporte público asturiano por carretera, y las razones son las mismas. En total, cerca de 500 trabajadores están llamados a la huelga.

Juan Corte lleva 32 años trabajando como conductor en ALSA y forma parte del comité de empresa por la CSI, el sindicato mayoritario con 13 de los 27 delegados. Corte cuenta que la huelga se debe a “varios puntos”, pero que en esencia los motivos son los mismos que hace un año: “Sigue la gente en ERTE y las taquillas no se abren. De cara al viajero y al trabajador, de mal en peor en un año”. Amparándose en la pandemia, la empresa clausuró las taquillas y mandó a sus trabajadores a un ERTE: “Los de Gijón y Avilés siguen en ERTE parcial desde entonces, y en Oviedo quedan tres trabajadores en ERTE”.

Esto, explica Corte, supone además prestar un peor servicio al viajero: “El Covid les vino de perlas para algo que ya tenían pensado desde hace unos años, que es cerrar las taquillas para derivar a las máquinas. Pero eso no puede ser. Las personas, en Asturias, son mayores y cada vez más dependientes. Hay viajeros que vienen y resulta que las taquillas están cerradas, las máquinas no funcionan y tienen que quedarse en tierra”.

Pero hay más motivos para el paro. Corte cuenta que la empresa “aprovechando todo esto ha dejado de llamar a 30 o 35 trabajadores que llevaban hasta siete años encadenando contratos. Ahora ya no les llama y subcontrata servicios, y así va bajando la plantilla. Si es permisividad con la subcontratación continúa, sin tardar micho ALSA tendrá 20 o 30 trabajadores y lo demás subcontratado, que es un negocio redondo y son todo ganancias. Así la empresa se va a convertir en una agencia: ellos cogen subvenciones y luego subcontratan”.

A ello se suma la falta de negociación por parte de la empresa. “Desde hace un año que no se reúne con nosotros”, asegura Corte, “les citamos y no se presentan. Hacen el famoso avestruz, y lo que quieren es alargar y alargar a ver dónde rompe”. Concluye con un aviso: “Si no hay diálogo y todo es monólogo, el monólogo se acaba estrellando”.

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