“Hace 20 años no podría haber rodado ‘Maixabel’. No había suficiente distancia”

Icíar Bollaín ha recibido el premio Mujer de Cine 2021 que otorga el FICX para reivindicar el trabajo de las mujeres en la industria cinematográfica

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Reconoce saberse muy honrada y contenta, de formar parte de un grupo de mujeres a las que admira mucho, tras recibir el premio Mujer de Cine 2021 que otorga el Festival Internacional de Cine de Gijón para reivindicar y visibilizar el trabajo de las mujeres en la industria cinematográfica. Icíar Bollaín llega con una historia de dolor y arrepentimiento, de duelo, reparación y espanto, Maixabel, su última película, abunda en un concepto fundamental para poder construir una convivencia democrática que permita mirar hacia el futuro sin rencor, pero tampoco sin memoria. La directora de Flores de otro mundo o Te doy mis ojos comienza siendo una mujer áspera que las palabras o la conversación van lenificando hasta que alcanza cierta comodidad, como un pasajero al subirse al tren que busca las coordenadas de una conversación.

El duelo tiene por objeto un papel reparador. ¿Se ha reparado el dolor de las víctimas del terrorismo en este país o no se ha hecho un completo ejercicio del duelo donde participen víctimas y victimarios?

Pues no lo sé. Me parece una pregunta que debes hacer a las víctimas. Conozco la historia de Maixabel. Si las víctimas se sienten reparadas o no es algo que hay que preguntarles a ellas.

¿Cómo ha sido tu acercamiento a Maixabel?

Era la historia de una mujer muy abierta, que nos permitió conocerla con toda su confianza.

¿Qué planteamientos, que objetivos tenías?

Contar esta historia que me parece enorme.

¿El dolor que impregna la película llegó a cautivarte?

Claro que sí. Lo que sabes es que el terrorismo ha dejado un dolor espantoso. La violencia afecta a las víctimas, a la sociedad y a la gente que también la ejerce.

No tanto como directora sino como ciudadana, ¿se ha hecho un duelo colectivo político y reparador que permita progresar sin que el dolor se convierta en un arma política?

Yo creo que cuando nos acercamos al tema y hablamos con los mediadores, que estaban en los encuentros reparativos, estos nos decían que, tras los encuentros, las víctimas salían con una sensación muy positiva. Una de las razones se debía a que participaban, eran activas, en la construcción de ese duelo. El dolor que tienen es irreparable, no se puede reparar, pero sí que puedes elaborar ese duelo y sí pueden ayudar a ese duelo y pueden hablar, la que quiera, por supuesto, no es obligatorio para nadie. Pero puedes hablar con el victimario y participas. Es lo que propone la justicia reparativa, que la víctima sea activa en el duelo, que no se quede encerrada y aislada con su dolor.

Poder volcarlo.

Sí, poder volcarlo, poder exigir respuestas, y eso implica que tenga una participación. En Maixabel se dio el caso. Hay víctimas que no desean esto y es perfectamente comprensible y respetable. Después de los primeros encuentros, con la llegada del gobierno del PP de Mariano Rajoy se abandonaron y ahora se está retomando. En otros países se lleva a cabo también la justicia restaurativa y se hace porque ayuda en parte a que la víctima pueda hacer algo con ese dolor.

“La realidad es que ETA no ha servido absolutamente para nada”

El acercamiento a este cine político tan emocional ¿te permitió hacer una visión más racional de lo que es el dolor y el duelo en este país y superar tanta emocionalidad?

Cuando cuentas una historia, haces eso, contar una historia, sin más pretensión. Lo que de ahí se deprenda, lo que cada uno quiera entender o no entender ese es otro tema. Hay una historia real, quisimos contarla lo más cercana posible. De ahí puedes sacar todas las conclusiones que quieras, pero yo no cuento las conclusiones, yo cuento la historia. A mí me parece que Maixabel es una mujer con unos valores increíbles. Es muy fácil decir “yo voy a darle una segunda oportunidad” y otra muy diferente darla. Maixabel piensa una cosa y la hace.

Es una mujer consecuente.

Muy consecuente. Contar esa historia me pareció muy interesante. Si de ahí se sacan conclusiones, muy bien. Pero yo no lo valoro.

Maixabel entronca con Patria de Fernando Aramburu. ¿Hubo un rastreo de esta genealogía de los últimos años?

El libro de Aramburu me encantó. Yo no sé si la serie había salido o se estaba grabando mientras rodábamos Maixabel, pero lo que ves es que Patria trata el mismo tema desde otro lugar, con otros protagonistas y otras experiencias. Y encuentro que hay dos diferencias importantes. Para empezar, Aramburu está haciendo ficción y Maixabel es una historia real basada en hechos reales. La otra diferencia es que los personajes de Patria están solos y muy aislados y Maixabel no está sola, está muy rodeada, muy acompañada. No se ha sentido nunca aislada como sí se sienten los personajes de Patria y como tanta gente del País Vasco. Patria refleja una realidad, pero han sido 40 años de horror y eso significa que hay muchas historias y muchos lugares desde los que poder contar.

Poder construir una narrativa cinematográfica del horror o del dolor del terrorismo, poder contarla, en definitiva, es una buena prueba de que se está tejiendo sólidamente un duelo reparador.

Sí.

No te imaginabas hace 20 años haciendo esta película.

Me parece que no había suficiente distancia. Me parece que estos hombres tienen una reacción dentro de su gente muy negativa cuando ellos se desmarcan públicamente de ETA. Me parece muy difícil poder contarlo sin tomar perspectiva del tiempo.

Analizándolo desde el punto de vista de los victimarios, cuando Otegi reconoció el error que habían cometido, se produce un vaciamiento del sentido de la acción política que los había empujado a matar. Eso también habría que contarlo cinematográficamente. Es que me resulta muy kafkiano dedicar 40 años de tu vida a un proyecto político, convertirte en un terrorista, mancharte las manos de sangre, pasarte años en la cárcel, sólo, y de pronto, el líder de tu proyecto confirma que todo aquello fue un error.

No lo ha dicho así de claro. Ojalá lo hubiera dicho así. Al final, la realidad es que ETA no ha servido absolutamente para nada. Ha sembrado de dolor y de muertos todo el País Vasco y esa es la espantosa realidad. Ojalá que alguien lo diga más claro. Si de verdad se piensa que no sirvió para nada, había que intentar que nunca se idealice. Todavía hay cierta…

Cierto romanticismo.

Sí, cierto romanticismo que me parece nefasto.

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