Compañeras del mocho

La mayoría de las 12.000 trabajadoras asturianas de la limpieza no llegan a los 900 euros al mes, reclaman mejores salarios y menos precariedad en un sector que se moviliza por un convenio digno.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

53 céntimos más al mes. 6,40 euros más al año. Esa es la flamante propuesta de la patronal para el próximo convenio sectorial de la limpieza en Asturies. Por eso hoy en la concentración de trabajadoras convocada por CCOO, USO y UGT se cantaba eso de “Arriba, arriba, arriba, arriba, arriba todas a luchar. Que se metan por el culo, que se metan por el culo, la propuesta empresarial”. Los 53 céntimos han caído como un jarro de agua fría en un sector precario y feminizado en la que la mayoría de las trabajadoras no llegan al salario mínimo. Con la inflación por las nubes la vida se ha hace cada vez más cuesta arriba para una “compañeras del mocho” que llevan semanas movilizándose por un convenio digno que ajuste sus sueldos al coste de la vida.

Foto: Iván G. Fernández
Elena Morán. Foto: Iván G. Fernández
Maite Feitto. Foto: Iván G. Fernández

Elena Morán, empleada de Lacera y limpiadora en la Universidad de Oviedo/Uviéu, señala que solo las veteranas como ella tienen jornada completa y ganan algo más de 900 euros. “Las que entran nuevas están a tiempo parcial, con medias jornadas y a veces menos, contratos de horas y tienen que buscar otros trabajos para ganarse la vida” apunta Morán. Junto a ella está Maite Feito, trabajadora del Grupo CLN, y que limpia edificios públicos del Principado. Para Feito es funamental que el Gobierno asturiano se implique en la mejora de las condiciones laborales de las limpiadoras. “Por ahora no tienen ninguna sansibilidad. Las adjudicaciones de contratos públicos deberían hacerse con criterios sociales y no solo económicos, premiando la oferta más baja” señala esta limpiadora y sindicalista de COOO. La concentración de este viernes, no por casualidad, se hace a las puertas de Presidencia. Quieren que Adrián Barbón se moje por ellas.

Foto: Iván G. Fernández
Foto: Iván G. Fernández

Hay 12.000 trabajadoras de servicios de limpieza en Asturies. Para que nos hagamos una idea son casi el triple que los empleados de Arcelor-Mittal. Se trata de un sector difícil para hacer sindicalismo. La precariedad y la temporalidad nunca han sido buenas aliadas de la acción sindical. Pese a ello, la limpieza también ha conocida luchas obreras importantes. Rosa García lo sabe bien. Está jubilada después de décadas trabajando en la limpieza de edificios públicos. En 1973 ya estaba haciendo sindicalismo democrático a pesar de la dictadura. Implicarse suponía mucho. Arriesgar la libertad y el empleo. A pesar de todo lo lograron. Se organizaron y ganaron. En 1977 una huelga muy dura de la limpieza acababa con la victoria de las trabajadoras asturianas y la patronal doblando el brazo. Eso se reflejó en el convenio del sector: “Pasamos de cobrar 3.000 a 7.000 pesetas”. No se andaban con chiquitas. “Les rompíamos los cristales, llenábamos de aceite los suelos para que se cayeran, teñíamos con colorante los baños, pero nunca tocábamos los comedores infantiles. Eso era sagrado” recuerda esta veterana de 67 años que ha venido desde Lugones para apoyar a sus compañeras. Rosa aporrea un cazo con una cuchara. Considera que las nuevas tienen que recurrir a los viejos métodos de lucha. Está convencida de que para ganar hay que subir los decibelios de la protesta, buscar la solidaridad de otros colectivos, como los estudiantes, y “dar leña al que se ponga por medio”.

Rosa García. Foto: Iván G. Fernández

Los sindicatos siguen con una estrategia gradual. De momento movilizaciones por toda Asturies, tratando de implicar a los ayuntamientos y al gobierno regional. Después negociación. El lunes 29 trabajadoras y patronal se verán las caras en el SASEC, el Servicio Asturiano de Solución Estrajudicial de Cinflictos. Entonces se verá si hay acuerdo y conciliación, o el conflicto persiste y va a mayores. Los sindicatos no descartan que el sector pueda ir incluso a la huelga. Elena apunta que la limpieza ya fue declarada esencial en la pandemia, y si es necesario, volverá a demostrar que aunque suelan ser invisibles para la sociedad, sin limpiadoras el sistema no funciona.

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