“Con esta precariedad, el tipo de vida que se vende es insostenible y, además, mentira”

Delaporte regresa a Oviedo este sábado al Teatro Pumarín, dentro de la programación del Festival Internacional de Videoclips de Oviedo

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Delaporte regresa a Oviedo este sábado al Teatro Pumarín, dentro de la programación del Festival Internacional de Videoclips de Oviedo. Lo hacen para presentar Las montañas y también ‘Abril’, su último EP, un relato sobre las relaciones tóxicas, los perversos narcisistas y el refugio de la amistad con fondo electropop, celebración, evasión y una riqueza de sensaciones que sólo un estilo así puede dar materialidad. Quizá el electropop es la mejor forma de desmantelar una relación basada en la fascinación y el hedonismo primero, la destrucción y la frustración después. Las relaciones tóxicas son pendulares, necesitan algo que las cortocircuite. Sandra Delaporte no tiene reparos en hablar de relaciones tóxicas que hablan de ella y de toda una generación que se relaciona a golpe de WhatsApp y otras redes sociales. ‘Abril’ es un disco modernísimo, dulce y desesperado y un ejercicio de empoderamiento tejido junto a su compañero de guerra, el productor musical napolitano Sergio Salvi. A lo largo de la entrevista hablamos de narcisos, vampiros emocionales, una idea falsa del éxito, de la industria y más.

Sandra Delaporte y Sergio Salvi

Abril es un EP que se presenta como un buen retrato de las relaciones tóxicas. ‘En Droga dura’ Entráis de lleno en ese tema de un modo muy honesto, muy visceral.

Sandra: En verdad, aunque el disco no solo habla de eso, también se refiere a la amistad. Pero es cierto que trata de temas urgentes que, desde un punto de vista muy personal, necesitaba contar. En el fondo, ‘Abril’ habla de relaciones tóxicas, pero también de gente con la que me apetece disfrutar, gente que me cura, en definitiva, de la amistad.

Sergio: Las canciones también cuentan que hay herramientas para salir de la toxicidad.

‘Kriptonita’ o ‘Desnudarnos’ otra vez hay un enardecimiento de la autoestima y de la amistad. Siempre tengo la impresión de que la amistad es el refugio de quienes hemos sufrido una relación tóxica.

Sandra: Sí. Es completamente cierto. Estás ahí, en una relación sentimental mal, en una relación tóxica, y de pronto piensas que se cierra el universo, piensas que es lo que toca, hasta que descubres a otra persona mucho más sana y distinta y todo cambia. Cuando compruebas que es mucho más sana, abres el corazón. Las relaciones tóxicas empiezan con un narciso. Sin controlarlo, accedes a una persona narcisista que no te considera admirable, a la que no es fácil despachar, esa es la droga dura, esa dependencia que crea y que no merece la pena, y que después se saca adelante con los amigos. Te abres a una persona que sí te cuida o te trata mejor.

Sergio: Yo tengo otro punto de vista, un punto de vista más mayor, el del hombre. Yo he sufrido menos la toxicidad de las relaciones. Estamos en una sociedad donde la toxicidad la suelen sufrir las mujeres. Me he podido identificar desde el punto de vista de la persona que tiene el poder desgraciadamente. Y tardé en comprender que yo estaba en una relación favoreciendo ese tipo de desequilibrio. Estaba inconscientemente aprovechándome de ese desequilibrio. Porque la dinámica es tan sutil… El hombre, por regla general, no la sufre, es más bien el que lo alimenta. Yo me lo he tenido que trabajar y darme cuenta de que estaba favoreciendo ese desequilibrio y he tenido la posibilidad de poder hacer sesiones y terapia y entender muchas cosas de mi para poder tener relaciones mucho más sanas.

No sucede, no es habitual que la música se convierta en el medio para retratar al perverso narcisista que abunda en estos tiempos en la cultura pop. Creo que es una figura muy contemporánea y que en la tradición musical no existía, porque se sublimaba.

Sergio: Es cierto. Muchas veces se habla del amor desde un punto vista bonito o desde la superación. No se habla de estar enganchado a algo o a alguien. Solemos caer en los mismos errores. Es bastante irreal.

¿Os han hecho ghosting en alguna ocasión? Lo digo porque esta dependencia, esta toxicidad creo que está muy relacionada con los canales de comunicación. Con WhatsApp, particularmente, e Instagram.

Sandra: Claro que me lo han hecho. Cuando esa persona está cara a cara contigo y deja de hablarte automáticamente, porque le agobias, o porque no quiere, no deja de provocar una falta de respeto. Pero a través de las redes sociales, esa conducta parece que sí está permitida, parece que sí es tolerable y no se entiende como una falta de respeto hasta que dices que está feo, porque en el fondo te está haciendo sentir mal, te está afectando, me hace sentir que no valgo para ti o marca el poder para decidir cuándo empieza una comunicación y cuando termina. Las redes sociales favorecen eso. Cuando escribes a esa persona entras otra vez en la dinámica de la relación, independientemente de lo que necesite esa persona. Se requiere una responsabilidad emocional para manejar las redes sociales y hacer una vida sana.

El tipo de ritmo, la música que aportáis para tratar las relaciones tóxicas pretende ser liberadora. ¿Poder bailar, seducir por las palabras, es un lenitivo, una cura a esas situaciones?

Sandra: Bailar siempre ayuda. La música ha despertado algo dentro de mí, me ha hecho desarrollarme un montón para purgar ciertas cosas, bailando, cerrando los ojos, objetivo conseguido.

Sergio: La música es una herramienta que ayuda a alcanzar esa catarsis. Funciona a la hora de superar y entender mejor estas emociones duras y negativas. Te lleva a echarlas, a vomitarlas.

Os a afectado alguna vez cuando habéis vivido esta situación el trabajo. NO deja de ser un vampiro que emocionalmente os succiona toda la energía.

Sandra: Bueno, Muchísimo. Si no fuera por las canciones, estaría peor de la cabeza. Todas esas sensaciones superpochas que tengo dentro se purgan escribiendo canciones. Tardo cinco minutos en componerlas porque surgen muy de dentro. Cuando estamos de gira, no dejan de provocarte un cabreo por dentro. Te sientes tonta, sientes que tu vida no va bien, te dejan hechos una mierda. Claro que afecta mucho.

Sergio: “no escribo mucho, pero hablar con gente sana, con tus amigos, no deja de ser tan terapéutico como escribir un diario”

Lo que nos salva de esa situación o al menos logra que me escape de ella es la escritura. Mientras estoy escribiendo no ocupo mi cabeza en esa persona.

Sandra: El único espacio privado que hay es la escritura. Tengo diarios desde los 8 años, Escribo, leo. Si no lo hiciera, todo, mi realidad, se volvería confusa, no la entendería.

Escribir es una manera de ordenar tu vida.

Sandra: De ordenarla y darle un sentido.

Sergio: Yo no escribo mucho, pero hablar con gente sana, con tus amigos, con la que poder hablar no deja de ser tan terapéutico como escribir un diario. Y la mejor manera que tienen para ayudarme es simplemente escuchar. Hacerte sentir que te apoyan, que te quieren y que no estás solo.

Al EP ‘Abril’ le sigue un corto, Hasta quedarnos rotos donde los ambientes, los climas, los espacios y los contextos resumen bien vuestra trayectoria. ¿Cómo surge esa idea?

Pues hace tiempo quisimos currar con Martina Hache y con queríamos hablar de los vampiros emocionales. En el corto vemos como de pronto uno de los chics, me pasa ese veneno, consumida, y estuvimos dándole vueltas, queríamos hacer una banda sonora de una idea completa, en el fondo queríamos hacer un corto. Y nos acompaña Silma López, actriz, interpreta a Lola en la serie Valeria producida por Netflix. Quedó esta historia de consumir personas.

Después de tanta toxicidad, y si tenemos en cuenta ‘Titanas’, vuestro anterior trabajo, queda el regusto de construir mujeres heroínas, empoderadas, pero también vulnerables.

Sandra: Si, de nada sirve decirme que estoy empoderada, que puedo con todo o que todo me resbala si es mentira. Al final continúas siguiendo los patrones tóxicos, porque el sistema que existe, con los juegos de rol patriarcales, no se cambian de un día para otro. Cuando salgo de ahí tengo que reconocer que soy vulnerable, y reconocer que lo estoy pasando mal. Tampoco creo que ayude mucho fingir que no ha pasado nada. No creo que haya un ser humano que esté siempre así.

Sergio: Me parece importante exhibir las debilidades. Las redes sociales solo comunican la parte positiva, empoderada de nuestra vida. Parece que los únicos dramas del mundo son los tuyos.

Sandra: “de nada sirve decirme que estoy empoderada, que puedo con todo o que todo me resbala si es mentira”

‘Happycracia’, el ensayo de Edgar Cabanas, precisamente reflexiona sobre cómo se nos impone la obligación de ser felices, y una manera consumista, además, que muchos confunden con ese empoderamiento o la resiliencia.

Sandra: El éxito que nos venden es mentira. El éxito consiste en tener una vida tranquila, sano, mental y físicamente, con los recursos suficientes para tener una vida digna, el trabajo que te gusta y no te explota. El éxito es saber vivir las emociones sin negarlas, asumirlas, vivirlas, con naturalidad, no huir de ellos. Con serenidad.

Los millennials, incluso los boomers, viven en la frustración. Una manera de estar en la vida, extremadamente hedonista y potenciada por las redes sociales: vacaciones, festivales, comidas, cenas, farras, una vida pletórica en el turbocapitalismo. No sé hasta qué punto somos cómplices.

Sandra: Como músicos y comunicadores es importante ser espejo de todo lo que está ocurriendo, estamos en un ritmo de consumo que ha perdido el sentido y que debe evolucionar, cambiar porque no es sostenible. El propio concepto de meritocracia es bastante fake, mientras los influencers confirman lo que es cool y marcan un ritmo de vida que se presenta como único, valido y verdadero. A mi cualquier estructura que me obliga a pensar qué vida debo tener ya me huele mal, me quema. No me gusta. Me parece peligrosa y más cuando más comunicación global hay. En un mundo que no era tan globalizado no era tan peligroso. Cada uno iba a lo suyo. Ahora es un quiero y no puedo. La mayoría de gente de 30 o 35 años le resulta imposible tener hijos y lo máximo a lo que ha llegado es a tener una cuenta de Netflix, compartiendo piso y sin poder llegar a final de mes. Con el nivel de precariedad existente, el nivel de consumo que se exige y el tipo de vida que se vende, esa vida es insostenible y además es mentira.

Sergio: Yo lo comparto en pleno y desde el punto de vista de la industria musical lo estamos viviendo con un incremento exponencial de la demanda, esa demanda que nos obliga a estar ahí, siempre. Un ejemplo es Taylor Swift que saca dos discos en un año. Es un nivel de exigencia imposible. Antes sacabas un disco y estabas tres años girando y tomándote tu tiempo para pensar y para cuidar otro trabajo. Ahora no hay tiempo para cuidar nada, la música es fast food. Se entra en una espiral que no está para el consumo ni la producción de la cultura. El modelo acaba convirtiéndolo en un consumo y una producción muy superficiales. No tienes tiempo para profundizar en lo que quieres decir.

A veces pienso que los sonidos del indie se han convertido en una industria, una maquinaria. ¿Lo vivís así o lográis abstraeros de eso? Pienso en los festivales, sobre todo.

Sandra: La realidad es que antes había fiestas de pueblo. Todos los grupos famosos iban a esas fiestas. Ahora es todo tiene una escala más macro. Con una estructura increíble, en la que trabaja mucha gente y es un escaparate para bandas nuevas increíble. Visto que de los discos no se vive, que haya circuitos de festivales todo el verano acaba siendo el único salario del que podemos contar. Es verdad que repiten cartel, pero no lo veo mal. Antes de la pandemia hubo un boo, en la pandemia hubo un boom y ahora vuelven a disfrutar.

Sergio: Con la pandemia los conciertos online, fueron un tímido ensayo para disfrutar la música fuera de ahí, pero por suerte, no ha sido así. Este verano hemos comprobado la realidad: que la gente quiere estar de pie, bailando, disfrutando. Es muy necesario.

Acabáis de sacar una versión de ‘Toro’, un tema emblemático de Columpio Asesino que, de alguna manera, casi expresa una época, nuestros primeros veintiún años de siglo XXI.

Sandra: La había escuchado alguna vez en algún festival. Nos la propusieron desde el sello por el aniversario. Y entonces la escuchamos de verdad. Es una canción compleja, a nivel de estructura muy compleja, con distintos niveles. Fue un marrón porque había que coger el tema y hacerlo nuestro y lo convertimos en un reto. Decidimos dividirla en dos secciones. La primera parte más íntima, la segunda muy guitarrera, con más zapatilla. Estamos muy contentos de cómo ha quedado.

Sergio: Es un tema que tiene un estribillo brutal que puede funcionar a cualquier nivel: rock, houst, electrónica, pop, la conoce mucha gente. Solo por eso ya merece la pena.

Y ya para terminar. Serrat ha anunciado que se retira de los escenarios. ¿Qué podéis decir de Serrat?

Sandra: Primera noticia. Yo espero retirarme antes (risas). Me parece que es un artista que ha hecho muchísimo por la música española, que tiene unas letras que son brutales, de esas que, como decíamos al comienzo, te ayudan a ordenar el cerebro.

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