Podemos, ocho años después

El partido ha sobrevivido a la guerra sucia del Estado profundo, pero sus conflictos internos le han dejado heridas severas.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Podemos celebró en Asturies su primera asamblea en el desaparecido Centro Social Ocupado y Autogestionado La Madreña de Oviedo/Uviéu. Fue en 2014. El local estaba decorado con grafitis, la luz la ponía un generador alimentado con gasolina y los asistentes se calentaban con varias estufas catalíticas. Hoy, ocho años más tarde, el partido morado se sienta en el consejo de ministros y tiene cientos de cargos públicos en toda España. No existe en toda Europa un caso similar de una fuerza que surgiendo de los movimientos sociales haya experimentado un ascenso político tan rápido. Las medidas más progresistas del gobierno de Pedro Sánchez, subida del salario mínimo, ERTE y prohibición de despidos, reforma laboral, ingreso mínimo vital o ley de vivienda, llevan el sello de Unidas Podemos. Por limitadas que puedan parecer a ojos de la izquierda más exigente, son las únicas reformas que han ido en un sentido igualador y redistribuidor desde la crisis de 2008. No es la revolución, pero es más de lo que puede presumir la vecina izquierda portuguesa. En Francia o Italia, países en los que las izquierdas va camino de la irrelevancia en la política nacional, o en Alemania, donde Die Linke (La Izquierda) logró en las últimas elecciones federales entrar por los pelos en el Bundestag, muchos darían algo por tener algo parecido a Podemos, incluso ahora, estando muy lejos de lo que el partido llegó a ser en 2015.

Mitin de Podemos en el Palacio de los Deportes de Uviéu. Foto: Iván G. Fernández.

Todo lo que sube baja, y hoy Podemos vive tiempos inciertos a pesar de los ministerios y la visibilidad que le da su presencia en el Gobierno de España. El partido ha sobrevivido a la guerra sucia del Estado profundo, pero sus conflictos internos le han dejado heridas severas. La buena imagen de Yolanda Díaz contrasta con la debilidad de su implantación territorial y con el vaciamiento de una organización en la que demasiadas personas se han ido marchando, enfadadas y desencantadas con el proyecto. En Asturies, uno de los lugares en los que el partido morado llegó a tener más militancia y donde mejor resistió el bajón de 2019, la organización se enfrenta ahora a una profunda fractura que ha dejado a la formación partida en dos mitades.

“El partido ha sobrevivido a la guerra sucia del Estado profundo, pero sus conflictos internos le han dejado heridas más profundas”


Las últimas y tormentosas primarias de Podemos Asturies han certificado la ruptura de los virtuosos, pero siempre delicados equilibrios que contribuyeron a que el partido entrara como un huracán en 2015 en la política asturiana, derribando por ejemplo un poder que parecía eterno, como el del PP en Oviedo/Uviéu. Fue la armoniosa combinación de activistas del 15M, los movimientos sociales y el sindicalismo con otros militantes procedentes del comunismo y del asturianismo, sectores profesionales y sobre todo muchos ciudadanos comunes sin experiencia, venidos de sus casas, lo que permitió construir una organización imperfecta, pero viva, dinámica y arraigada en su territorio. Podemos Asturies pisó callos, rompió tabúes y proclamó a los cuatro vientos verdades incómodas que nunca se habían escuchado en voz alta. En su momento de esplendor, con Daniel Ripa en la secretaría y Emilio León en la portavocía, metió en agenda las listas de espera de la sanidad pública asturiana, la corrupción de El Musel, la necesidad del 0 a 3 gratuito o el escandaloso peaje del Huerna. Quizá también le costó adaptarse a un nuevo tiempo en el que la impugnación y la incorrección política han cambiado de bando y están en manos de unas derechas hiperventiladas. Las difíciles relaciones con IU Asturies, una de las organizaciones más fuertes y singulares de IU, merecerían un capítulo aparte. O varios. Simplemente decir que la Federación Socialista Asturiana ha sido y sigue siendo la gran beneficiada de esa falta de química entre rojos y morados.

Primer grupo parlamentario de Podemos Asturies. Foto: Iván G. Fernández.

Ocho años después de aquella asamblea en un centro social ocupado, el partido afronta un cambio de rumbo con Sofía Castañón como nueva líder regional, y en mitad de una crisis sin precedentes. Un Podemos Asturies más monolítico podrá sobrevivir como marca electoral, pero se puede terminar pareciendo demasiado a la izquierda que teníamos antes de 2014. También en sus resultados electorales. Para que en 2023 la confluencia de Podemos e IU sume y pueda resistir el ascenso de un Adrián Barbón en plena forma, las izquierdas asturianas necesitarán aprender a convivir y gestionar su diversidad, e incluso ampliarla. Convertir la pluralidad en un activo podría dar buenos resultados. No será fácil. La amabilidad y la empatía son bienes escasos en la vida en general, y en la vida política en particular. Más amor, por favor.

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1 COMENTARIO

  1. Será harto difícil conjugar una “ampliación” en lo retórico y en lo discursivo, o a las claras en lo propagandístico, con una “cerrazón” en las listas. Unas listas pactadas entre las direcciones de ambos partidos y probablemente sin tener en cuenta al 40% de IU y al 50% de Podemos Asturias para el reparto. La apertura a la sociedad será una inclusión quirúrgica de ciertos “independientes”. Tanto el sector de Ponte con el de Tomé tienen mucho que decir en este proceso.

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