El regreso de Rodolfo Sánchez, un concejal en la sombra para revivir a Canteli

El antiguo jefe de prensa de Gabino de Lorenzo y de Agustín Iglesias Caunedo, buen conocedor de los entresijos del ayuntamiento y de las debilidades del alma humana, ha sido recuperado por el actual alcalde para levantar su imagen

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Como buen profesional del ramo, Rodolfo Sánchez sabe hacer valer sus diferentes aptitudes según las necesidades del patrón. Cuando Gabino de Lorenzo ganó sus primeras elecciones a la alcaldía de Oviedo, allá por 1991, fichó como jefe de prensa a este periodista allerano, por entonces con los treinta recién cumplidos, deslumbrado por su valía literaria: “Escribe como Cervantes”, cuentan que dijo el siempre hiperbólico alcalde. Después de muchos años en primera línea y un breve repliegue táctico para curar las heridas ocasionadas por sus múltiples comparecencias judiciales (caso Marea, caso Pokemon, caso ASAC: de todas salió indemne), el pasado mes de marzo Canteli repescaba al que fuera el cerebro comunicativo de Gabino, el urdidor del relato de aquellos años en los que todo era posible en Oviedo. Pero esta vez la coyuntura es muy distinta. Ahora el alcalde no acude a Sánchez por su maestría en las letras, sino por su experiencia con las armas.

Al llegar a la alcaldía, tal vez con la ingenuidad del novato, Canteli quiso prescindir de este curtido fontanero de las relaciones públicas, que siempre tienen algo de cloaca y algo de circo de serpientes. Pero el pasar de los meses, y la constatación de que la política es oficio de carniceros antes que de finos estilistas, el regidor hubo de tragarse sus escrúpulos para solicitar los servicios de Sánchez. “Canteli no lo recuperó de mano porque no confiaba en él”, observa un experimentado periodista local que tuvo que lidiar con Rodolfo durante sus años de ejercicio, “pero acabaron llamándolo, porque al fin y al cabo es el que conoce quién es quién dentro del ayuntamiento, que es algo fundamental, y cuáles son las fuerzas vivas de la ciudad”.

Otro cronista, y compañero de redacción de Sánchez en La Voz de Asturias a finales de los 80, apunta en la misma dirección: “Canteli pasó de él cuando llegó, pero vio que tenía una debilidad en comunicación y en estrategia política, y acabó llamándolo”. La semana pasada informamos por aquí de que el departamento de comunicación del ayuntamiento había tomado el control de las cuentas en redes sociales de las bibliotecas municipales, además de prohibir a las bibliotecarias hacer declaraciones a la prensa. Los viejos del oficio reconocen en esta jugada, y en otras como la supresión de los chiringuitos sociales en las últimas fiestas de San Mateo, la impronta del “estilo Rodolfo Sánchez”.

Ilustración: Mybro

Sobre su persona hay opiniones dispares, pero también impresiones compartidas. “Aunque lo pinten como un ogro, Rodolfo es muy agradable. Es un tipo muy simpático y te ríes con él”, dice uno de los periodistas ya citados. Un exfuncionario municipal lo tacha de “absolutamente siniestro”, y otro veterano periodista habla de él como un “hombre astuto e inmoral, un mercenario, y eso lo dice él mismo”.

Todos le reconocen sin embargo una aguda inteligencia, así como su tendencia a hacer un uso maquiavélico de ella. “Puede ser seductor con cualquiera. Sabe negociar y sabe adular, y está formado en una época en la que o eras amigo o eras enemigo”, recuerda uno de los plumillas.  El expolítico no es tan comprensivo con él: “Es un obseso capaz de trabajar 24 horas seguidas, y es muy listo. Pero de estos listos que conocen las debilidades humanas y las explotan sin ningún escrúpulo. Hay mucha gente que confunde eso con tener un buen cerebro”. 

Los dos lados de la trinchera

Tal vez el conocimiento de las debilidades y los vicios humanos le venga a Sánchez de sus años al otro lado de la trinchera. Su carrera periodística empezó en el diario Región, vinculado a la UCD, y de ahí pasó a La Voz de Asturias. De ese diario le despidió Faustino Álvarez cuando fungía como director, pero Sánchez ganó un juicio y tuvo que ser readmitido. En La Voz de Asturias fue redactor jefe de Cultura y Sociedad y posteriormente, a sus 29 años, subdirector del periódico.

Allí vivió una larga huelga de periodistas, entre diciembre del 85 y mayo del 86, para pedir la readmisión de un compañero y una serie de mejoras económicas y organizacionales. Otro huelguista de aquella, redactor en la sección de Política del periódico, recuerda que “Rodolfo fue a la huelga, aunque siempre tuvo una postura muy conciliadora. Pero estuvo a las duras y a las maduras, las cosas como son”.

“Sabe negociar y sabe adular, y está formado en una época en la que o eras amigo o eras enemigo”

De La Voz de Asturias, y en virtud de su prosa cervantina, pasó a ser una pieza clave en el establishment gabinista: la bisagra que conciliaba intereses, premiaba a los leales y castigaba al discordante. El propio Faustino Álvarez, muy crítico con la política gabinista, vio cómo su periódico era vetado en los centros sociales de la ciudad, mientras que los periodistas de los medios menos complacientes fueron apartados de las ruedas de prensa del alcalde.

“Es un tipo que alcanzó muchísimo poder”, nos cuenta un veterano de aquella época, “porque en el gabinismo el jefe de prensa no solo tenía el poder de establecer el relato, sino que manejaba muchísimo dinero en publicidad, porque eran los años ricos. Y no solamente publicidad para los medios, sino para mogollón de premios y publicaciones pequeñitas. Todas esas subvenciones pasaban por Rodolfo”.

En una de sus purgas periódicas, Gabino se deshizo de Sánchez al sorprenderle “haciendo manitas”, cuenta una de nuestras fuentes, con José Manuel Vaquero, por entonces consejero delegado de La Nueva España. Entre el 94 y el 99 Sánchez, a modo de penitencia, tuvo que buscarse la vida lejos del gran hogar gabinista que fue el ayuntamiento de Oviedo. En esos años fue brevemente director de Radio Nacional de España en Asturias; trabajó para Ediciones Nobel, la editorial fundada por Graciano García, allerano como él; y dirigió una tertulia en Cadena Ser.

Tras un lustro de destierro Gabino lo acogió de nuevo después de los comicios del 99, pero esta vez el hijo pródigo puso sus condiciones. Sánchez quiso una plaza fija como funcionario del Ayuntamiento, y Gabino se la concedió mediante un concurso público diseñado ad hoc que suscitó polémica por su tufo a dedocracia. Una vez satisfechas sus exigencias, Sánchez se mantuvo leal a Gabino hasta el final de su gobierno, y se enganchó luego a la legislatura de Caunedo.

“No solo tenía el poder de establecer el relato, sino que manejaba muchísimo dinero en publicidad”

En esta nueva etapa consiguió que su mujer, Belén Fernández Acevedo, accediese a la presidencia de la Sociedad Ovetense de Festejos, además de convertirse en concejala del ayuntamiento, y continuó con su política de blindaje mediático de la gestión popular. Prueba de ello fue la denuncia que el matrimonio interpuso contra Juan Vega, a la sazón técnico responsable de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento. La pareja demandó a Vega por las supuestas “calumnias” vertidas en una serie de artículos publicados en su blog personal.

La Audiencia Provincial desestimó la denuncia y le impuso a los Sánchez Fernández el pago de las costas en una sentencia que es un duro rapapolvo contra los dos cargos públicos. El juez les recuerda que se trata de “meras opiniones” en relación a sus “relevantes posiciones en el Ayuntamiento de Oviedo” y concluye que la “crítica, cuando entra dentro de los límites de lo razonable como aquí sucede, todo cargo público ha de soportarla por el mero hecho de ejercer la función pública”.

Con el triunfo electoral en 2015 del tripartito de izquierdas Sánchez fue relevado de su cargo como jefe de prensa del Ayuntamiento, aunque no hubiese tenido problemas en trabajar para el otro bando. “Me dijo que si le hubiera llamado Wenceslao López, él hubiese aceptado”, nos cuenta una persona cercana a Sánchez. Pasó entonces a ejercer de jefe de prensa de la Policía Local de Oviedo y, con el regreso del PP a las instituciones, ha vuelto a ocupar su trono.

“No ha sido un jefe de prensa únicamente, sino un concejal en la sombra, por la cantidad de dinero que manejaba y porque tiene un perfil político”, cuenta uno de los periodistas, “él se maneja con criterios antiguos en los que solo hay blancos y negros: estás con él o contra él”. En esto coincide otra de las fuentes consultadas: “Tiene una tarea política de generar ideología y estrategia, cosa que no habla muy bien ni del PP de Oviedo ni de la derecha asturiana. Es un hombre de estilo Ayuso: gobernar sin complejos y poniendo al enemigo en su sitio”.

Ahora, aventura uno de los periodistas, “Canteli quiere recuperar la estructura del gabinismo, con sus contratistas y sus personas influyentes. Y quién mejor que Rodolfo para eso”. Su misión sigue estando en la retaguardia, reorganizando con discreción la cadena de mando y atrincherando el fuerte, pero también haciendo acopio de munición para cuando llegue el momento de la ofensiva. Canteli ha comprendido aquello de que, a última hora, siempre es un pelotón de soldados el que salva la civilización.

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